Alcoholismo.¿vicio o trastorno/enfermedad?

 

Esta fue una de las cuestiones que más me llamó la atención haciendo las prácticas de la carrera en el AVEX (Asoc.Valenciana de ex-alcohólicos); cuestión que aún, pareciéndome tener una respuesta muy clara, resultaba en algunos de los pacientes un tema a tratar con hincapié debido a los comentarios y creencias que tenían muchas de las personas que los rodeaban.
El alcoholismo o como se ha denominado actualmente por la CIE-10: “sistema de dependencia alcohólica” es un trastorno, no una enfermedad, se trata de la dependencia a sustancias psicoactivas, extensivo al alcohol, siendo un patrón desadaptativo de consumo que conlleva a un deterioro o malestar clínicamente significativo.
En la terapia se busca dar un tratamiento y reinserción social del paciente, realizando tanto charlas con grupos de autoayuda y terapias a nivel tanto familiar y de pareja (donde éstos reciben un tratamiento e información acerca de cómo lidiar con el paciente) así como una terapia individualizada. Aspecto de gran ayuda desde el punto de vista clínico ya que te muestra el mismo caso desde puntos de vista totalmente diferentes, momento en el cual se percibe, de manera más clara si cabe, la disonancia cognitiva que se les plantea a los pacientes en el momento que buscan la alternativa a sus problemas en la bebida y finalmente descubren que el hecho de beber no les genera más que un “bienestar” momentáneo que acaba convirtiéndose en motivo de nuevos y mayores problemas.
En este tipo de terapias se les inculcan una serie de habilidades sociales entre la que se podría destacar la asertividad. De este modo, el paciente aprende a defender sus derechos sin agredir ni ser agredido. Lo cual será parte fundamental a tratar tanto en las terapias familiares como en las de pareja. Consiguiendo así que a su círculo social más cercano le resulte más fácil ayudar al paciente y suponga para este un apoyo y no una vía de presión de la cual escapar en momentos de flaqueza, que les puedan llevar a futuras recaídas.
Por estos motivos tanto la asertividad como el cambio de hábitos juega un papel muy determinante en la terapia, ya que en el momento en el que empiecen a controlar este tipo de hábitos, les será mucho más fácil afrontar su dependencia.

Es cierto que en la actualidad la tasa de incidencia en este trastorno está aumentando ya que se produce un consumo mucho más precoz. Esto se ve combatido con campañas de publicidad mucho más agresivas que intentan incidir en la conciencia de los más jóvenes, así como en programas de concienciación sobre el consumo de alcohol en institutos. Por una parte es importante esta influencia social, pero también lo será la educación familiar que reciba cada uno de los jóvenes en su hogar, instaurar hábitos y pautas de consumo responsable, puede ayudar a evitar que este trastorno siga siendo una de las principales causas de problemas en la adolescencia.

“Hacia cero emisiones, ¡tu ayuda cuenta!”
Rosana Viñes Ojeda.

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