Bulimia: lo que los blogs no dicen

No quieren llamar la atención ni dar pena, no es falta de personalidad, no es una moda: es un problema. Un gran problema de hecho, y parece que ni siquiera a estas alturas estamos lo suficientemente concienciados de ello. Los prejuicios y malas caras hacia quienes sufren un trastorno alimenticio siguen a la orden del día avivados por una gran falta de conocimiento.

Sin ir más lejos, esta semana encontré un blog que rezaba “vomitar: la forma rápida de adelgazar”. Y es que desde pequeños nos han dicho que para triunfar debíamos ser delgados. Es más, hay estudios que confirman que la gente asume el peso como característica inversamente proporcional a la eficiencia a la hora de contratar a alguien para un puesto de trabajo. Esto, y muchos otros hechos que ni falta hace comentar, han contribuido a incitar la necesidad de moldear nuestro cuerpo a favor de unos cánones estéticos que, en ocasiones, llegan a hacernos renunciar a nuestra salud física por una prometida paz mental que nunca llega. El gran milagro, dicen.

Pero lo que nadie dice es que, aunque aparentemente en un principio la báscula pueda sugerir que has bajado de peso, lo que en realidad estarás eliminando serán únicamente líquidos y, por tanto, deshidratándote. Nadie explica que la piel se te secará, que el pelo se te romperá y los dientes se te caerán. Nadie habla de los dolores de cabeza, la incapacidad para concentrarse y pensar en algo más allá de tu único propósito, del desgaste físico y emocional que te supondrá. Tampoco se suele comentar nada sobre cuánto te dolerá el río de ácido subiendo por tu garganta, de cómo te destrozará las cuerdas vocales incluso cambiándote la voz, de lo desagradable y molesto que será cuando salga por tu nariz, de la cantidad de infecciones pulmonares que podrás tener a raíz de purgargarte… de eso tampoco se habla.

Nadie habla sobre la soledad. No se suele contar que dejarás de relacionarte con tus amigos, porque te dará vergüenza que te vean comer o que, simplemente, te vean. Seguramente tampoco habrás oído sobre cómo acabarás enfadándote con ellos, porque sentirás que se ríen de ti cuando te preguntan cómo es posible que comas tan poco. Tampoco sobre lo duro que será encerrarte en el baño y esperar que tu familia no descubra el gran secreto del que todo el mundo se avergonzaría. Nadie cuenta cómo dejarás de intentar buscar el amor: para qué, si total nadie se interesará nunca por ti. Nadie dice cómo de difícil será buscar ayuda cuando no puedas más, porque te ruborizarás solo con pensar en cómo se reirían de ti al decir que tienes un trastorno alimenticio con ese físico.

La bulimia y la anorexia no son milagros, no son soluciones. Las páginas pro-ana y pro-mía están fomentando y romantizando algo que en ocasiones cuesta la vida de alguien, y la reacción de la gente es apoyarlas indirectamente humillando a personas solo por su físico: “primero te critican llamándote gorda, y cuando adelgazas, te critican llamándote anoréxica”.

Cambiar es bueno, siempre que sea únicamente decisión tuya y de una forma responsable, y si no quieres cambiar también está bien. Es hora de empezar a aceptar a la gente independientemente de su apariencia, si no es tu cuerpo tampoco es tu decisión, porque si no eres parte de la solución, eres parte del problema.

 

Paloma G. Pérez-Gorostiaga

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