Castigo vs. Consecuencia negativa

 

Es innegable que no nacemos sabiendo todo acerca del mundo que nos rodea, sino que debemos aprender conforme se desarrolla nuestra personalidad y conforme alcazamos las diferentes etapas de nuestro desarrollo. Es por ello, que en esta entrada del blog, vamos a aprender un poco más acerca de la educación de los/as hijos e hijas, pues es de suma importancia contar con algunas estrategias y técnicas para la educación que queremos enseñar.

Más concretamente, vamos a comentar qué diferencia existe entre el castigo y la consecuencia negativa. Esto que parece tener poca importancia, es la diferencia entre que el niño o niña entienda que toda acción negativa conlleva una respuesta también negativa, o entrar en un bucle de enfados, rabietas y lloros por no entender la situación en la que se encuentra sintiendo confusión. Concienciar acerca de esta diferencia es imprescindible, ya que solemos expresar con palabras: “Esto lo has hecho mal, te voy a castigar” o “Vete al rincón de pensar” y seguidamente, el castigo es visto con miedo y, como sabemos, aprender a base del manejo del miedo no trae consigo ningún aprendizaje significativo. Únicamente, se responde a la situación en acto de defensa.

Vamos a situarnos todavía más en qué significa cada concepto:

1- El castigo es la consecuencia que se da tras haber un conflicto negativo. Esta consecuencia busca el arrepentimiento del sujeto de una forma extrema, hablando desde una perspectiva negativa. Por ello, muchas veces las reacciones de los niños son negativas, porque justamente no guarda relación con la situación de la que ha surgido el conflicto.

2- La consecuencia negativa intenta educar a la persona desde una perspectiva más lógica y positiva. Es decir, que no es tan extrema como el castigo y guarda sentido y relación respecto de la acción que se ha determinado como errónea o negativa.

Por ejemplo, pongámonos en el caso de una familia en la que el hijo empieza a pintar las paredes y la madre lo descubre. La consecuencia negativa es lógicamente, retirarle las pinturas para que no pueda pintar ni en las paredes ni en otro lugar, entendiendo que las paredes no están construidas para pintar en ellas. El castigo sería en este caso, decidir que no va a jugar con sus juguetes favoritos durante una semana. Si planteamos esto, comenzaremos a observar como el niño empieza a llorar con rabia, pues no entiende porqué pintar en las paredes es malo ni porqué no puede jugar con sus juguetes cuando no tiene nada que ver con la actividad que ha realizado.

Analizando el escenario anterior, en el primer caso el niño puede aprender con el tiempo que las paredes no se pintan al no poder utilizar las pinturas cada vez que se las quitan, comprendiendo que si lo hace se queda sin ellas. En el segundo caso, una vez cumpla el castigo, lo volverá a repetir, puesto que la decisión tomada por los progenitores no tiene nada que ver con el problema que ha surgido ni se le ha explicado el por qué su acción no es buena.

En conclusión, es importante pensar la consecuencia negativa que vamos a imponer y qué le vamos a explicar al niño/a para que entienda qué puede hacer y qué no y, sobre todo, que dicha consecuencia guarde relación con el conflicto para que se de un aprendizaje significativo a través de la práctica de sus acciones.

Sonia Morató Piñol. Pedagoga especializada en violencia de género.

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