Cómo sobrevivir al sídrome post-erasmus

Te despides de todos tus amigos entre lágrimas, entre «te prometo que nos volveremos a ver, organizaremos algo», coges tus maletas para irte y vuelves a casa. Tus amigos de siempre resulta que ahora son unos aburridos, tus padres están más pesados que nunca y en tu ciudad no hay planes divertidos que hacer. ¿Estás seguro?

Abandonar el hogar para ir a un país extranjero es difícil, pero la mayoría de las veces es todavía más difícil volver. La depresión al volver a casa tiene nombre y es el síndrome post-Erasmus.

Si los días van pasando pero la melancolía y apatía continúa, seguramente estés pasando por lo que han pasado miles de personas de tu edad. El erasmus es una de las etapas más transformadoras que puede tener un estudiante y volver a la rutina en la que antes te veías inmerso puede provocar en algunos casos una inmensa tristeza.

Te ves en la misma ciudad, con la misma gente que antes, tus amigos siguen con las mismas bromas que a ti ya no te hacen gracia, de hecho es posible que no te haga gracia nada de lo que hacen. Nada ha cambiado, excepto tú.  Echas de menos a tus amigos del sur de Italia, del centro de Alemania, polacos u holandeses… Está claro que las amistades del extranjero son muy fuertes, pero sabes que hay una parte de ti que pertenece a tu pandilla de toda la vida. Es un amor más viejo, mientras que el Erasmus es un enamoramiento.

En tu entorno, te sientes desconectado, en tu ciudad no hay planes que hacer, nadie quiere apuntarse a planes absurdos y espontáneos porque tienen cosas mejores que hacer y entras en un bucle de rutina. Todo esto se agrava si a donde vuelves es a casa de tus padres: la libertad de poder levantarte a las 5 de la tarde por haber pasado una noche demasiado épica, salir de casa a la 1 de la mañana sin tener que dar explicaciones y poder pasarte un día entero en el sofá sin ser juzgado. Parece que tu entorno no te pertenece, que ésto no es para ti.

Pero te prometo, que saldrás de esto, y para ello te dejo aquí un par de claves y consejos para que tu vuelta sea más amena:

  1. Trata de llevar una vida activa cuando vuelvas. Apúntate a nuevas actividades, involúcrate y prueba tareas que antes de irte no pensabas que fueras a probar, propón nuevos planes, redescubre tu ciudad.
  2. Valora tu evolución personal. Estoy segura que has aprendido muchísimo de ti misma/o, te has ido conociendo y sabiendo que es lo que quieres, lo que te gusta y lo que no. ¡Ésto es muy importante para tu desarrollo como persona, disfrútalo!
  3. Sigue viajando, trata de aprovechar todas las oportunidades que tengas para conocer nuevas personas y nuevas culturas.
  4. Trata de pensar y disfrutar de tus amigos y familiares, es posible que estés en una etapa muy irascible en la que todo lo que hagan tus personas cercanas te moleste o te parezca mal, pero estoy segura de que ellos te han echado mucho de menos y que todo lo que hacen no lo hacen por hacerte pasar un mal trago.
  5. Y por supuesto, como consejo válido a todos los malos momentos de tu vida, ¡gestión emocional! Intenta reconocer tus sentimientos y darte cuenta de que todo esto es simplemente algo por lo que se tiene que pasar y que, por supuesto, no será eterno. (Si necesitas ayuda en este ámbito, no dudes en contactar con nosotros)

Piensa que sobre 4.5 millones de personas han pasado por lo mismo y han salido del paso. Como decíamos antes, si algo has aprendido estos meses, estoy segura de que ha sido tu buena capacidad para adaptarte a nuevas situaciones. ¡La vida son etapas!. La que has cerrado ha sido brutal, pero aún te queda mucho bueno por vivir si te atreves a ser valiente ¡Sal de tu zona de confort!

Sara Arjones González

Psicóloga en formación y colaboradora de Calma al Mar

Comparte en: Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.