¿Conoces el efecto Charcot?

Son muchos los efectos estudiados en psicología, hoy nos centramos en uno de los más famosos: el efecto Charcot.

Debe su nombre a Jean-Martin Charcot uno de los neuropatólogos más famosos del siglo XX que dio clases en la Salpêtrière (institución médica pionera en el estudio de enfermedades mentales).  Charcot estudió especialmente la histeria, conocida en la época como síndrome del útero migratorio, pues se creía que el útero de la mujer migraba por su cuerpo produciendo diferentes síntomas. Esta creencia se fundamenta en que la histeria se daba principalmente en mujeres. Charcot estudió un tipo de histeria muy peculiar cuyos síntomas externos eran muy espectaculares. Tanto era así que Charcot comenzó a realizar sesiones abiertas de su terapia con aquellas mujeres histéricas a las que acudían todo tipo de personalidades, desde turistas curiosos hasta neuropátologos y médicos reconocidos del momento. El propio Freud llegó a asistir a algunas de estas sesiones, ya que Freud trabajó mucho con pacientes con histeria y estaba intrigado con los extraños síntomas que estas pacientes presentaban, pues sus pacientes no manifestaban esta sintomatología tan llamativa. Eran también habituales los literatos de la época que acudían con el objetivo de encontrar inspiración para sus novelas.

El efecto Charcot consiste en describir los síntomas de forma que es la propia descripción la que los está produciendo. Es decir, se prescibe lo que va a ocurrir. Así Charcot podía ir explicando cómo la paciente comenzaba a convulsionar o se desmayaba y unos segundos más tarde era exactamente lo que ocurría. Todo un fenómeno de sugestión del que, en un principio, no era consciente ni la paciente, ni las personas allí presentes, ni tan siquiera el propio Charcot.

El hecho de que estas sesiones se expusiesen de forma pública y abierta para el público en general, hizo que los casos de histeria aumentasen entre la población femenina, debida a la sugestión anteriormente citada. Los escritores de la época también contribuyeron a que este fenómeno ocurriese y a extender entre las masas este trastorno y los síntomas que producía. Con el tiempo, Charcot empezó a sospechar que quizá esas manifestaciones físicas eran fruto de su propia descripción, sin ser esta la intención, y que las mujeres tenían las reacciones que él iba describiendo.

Así ocurre con muchos acontecimientos en la vida. Es cierto que, en muchas, o todas las situaciones, el aprendizaje marca nuestra manera de comportarnos y ante ciertos eventos lo hacemos como se supone que debe ser, acorde a toda una serie de roles, pautas sociales, educativas, éticas, morales, culturales… Estas formas de actuar van variando según las distintas culturas y los diferentes momentos históricos. Pero también es frecuente que, ante una situación nueva que nunca has experimentado como, por ejemplo, hacer parapente, puedas tener sensaciones que se te vayan describiendo como lógicas y normales en una circunstancia así. Si estás en el parapente con el monitor de acompañante narrando que es posible que notes cierto mareo, ganas de vomitar y un sinfín más de síntomas, es probable que experimentes algunos de ellos. Esto es el efecto Charcot, prescribir lo que va a ocurrir de forma que la persona acabe sintiendo lo que nosotros hemos dicho que iba a sentir.

Este efecto va más allá. Así diferentes estudios han estudiado la relación que el mismo puede tener en diferentes psicopatologías. Patologías como la depresión (http://www.miconsulta.es/autoestima/), diferentes fobias (http://www.miconsulta.es/ansiedad/), procesos de duelo (http://www.miconsulta.es/estado-de-animo/), entre otros, podrían ver intensificados sus síntomas por lo que se supone que una persona con este padecimiento debe sentir, pensar o por cómo debe actuar y la manifestación descubierta de lo que las personas que componen la sociedad dicen acerca de todo esto.

Como he comentado, Charcot al principio no era consciente de este fenómeno y no fue hasta años más tarde cuando comenzó a sospechar que algo de eso podría estar ocurriendo. Esto nos hace ver la importancia que tienen las palabras, convirtiéndose estas en una herramienta muy potente que puede ayudarte a sanar, pero que también pueden suponer una gran sugestión y crear o acrecentar diversos problemas.

Marisa Maza Fernández

Psicóloga

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar en Valencia

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