Cuando señalas a otra persona con tu dedo, tres de tus dedos te señalan a ti.

A lo largo de mis días, por mi trabajo como psicólogo en Valencia, veo con frecuencia discusiones de pareja. En ellas, es habitual que uno le eche en cara al otro circunstancias que han pasado hace ya unos cuantos días (a veces años). Estas pestes del pasado sirven como contestación a un tema que se está tratando en este preciso momento, que nada tiene que ver con aquel evento pasado. Uno aprovecha justo ahora para rescatar del pasado todo el rencor y el malestar que no han sido tratados cuando sucedió aquella situación.

La capacidad para guardar rencor es algo característico del ser humano. Y tú eres un ser humano. Gástale una broma pesada a un perro encerrándolo en el maletero de tu coche 4 horas. Luego ábrele la puerta. Tardará dos segundos en lamerte la cara cuando le liberes. Gástale la misma broma pesada a tu pareja. Espera 4 horas. Evalúa luego su respuesta. Un rencor que jamás olvidará.

El odio que proviene de conflictos del pasado tiene en ti la capacidad de guardarse en memorias emocionales entre los pliegues de tu cerebro. Hasta el punto de devolverte exactamente la misma emoción tan desagradable que sentiste en aquel momento pasado. Si ese tufo de emociones negativas no se airea o se disuelve, tu comportamiento hacia esa persona cambiará. Inicialmente de forma sutil. Lo justo como para que esa persona perciba que te separas de ella. Ella tomará esta conducta para pensar que no la aprecias. Y esto servirá de justificante para que esa persona se aleje. Dándote a ti motivos para más reproches. Lo he visto decenas de veces.

Para ayudar a resolver esto, hace falta que pongas un esfuerzo en tres temas.

  1. El primero es que trates las cosas cuando suceden. No acumules en los pliegues de tu cerebro ese tufo, porque servirá de caldo de cultivo a las bacterias emocionales tóxicas.
  2. Si has decidido no tratar un tema en un pasado, no lo rescates en conversaciones presentes para echar leña a un fuego que todavía no está encendido.
  3. Y, sobre todo, adquiere habilidades sociales para comunicarte mejor.

 

Muchas veces eres tú, y solo tú, el que te anclas a cosas que han sucedido en el pasado para no poder avanzar. Tienes la tendencia de echarle la culpa a otros, sobre todo personas cercanas. Porque tu cerebro tiene un sistema de autoprotección que dificulta responsabilizarte de las cosas malas que te pasan. Es listísimo el cabrón. Tu autoestima se protege diariamente gracias a este sistema, pero también logra que no puedas hacerte responsable del cambio en tu vida. Dejas que tu mal comportamiento presente esté justificado por algo ajeno a ti: las circunstancias del pasado, o el comportamiento de otra persona. Y eso no te sirve de nada ni a ti, ni a la otra persona, ni a la relación entre ambos. Ni a las víctimas que lo sufren (tus hijos, tus amigos, tus padres…) Cuando señalas a otra persona con tu dedo, tres de tus dedos te señalan a ti.

Eres como el mono al que le da caza esa tribu de Papúa Nueva Guinea. Le atrapa simplemente haciendo cajas de madera y metiendo en ellas un plátano por un pequeño agujero, y repartiendo las cajas por la selva. El mono salvaje, cuando las ve, coge el plátano que está dentro de la caja de madera. Pero con el puño cerrado alrededor del plátano, la mano no sale por el pequeño agujero. El mono sufre por no poder quitar su mano de la caja. Y fácilmente es atrapado durante este sufrimiento, cuando lo único que tiene que hacer para liberarse es soltar el plátano. Tu plátano son pequeñas o grandes riñas del pasado. Que en su día te molestaron y hoy no dejan que puedas disfrutar de la vida tanto como puedes, ni de esa relación.

El ser humano, una vez más, viene de serie con una exigencia de perfeccionismo hacia los demás de cara al comportamiento que tienen hacia ti. En alguna ocasión una persona no te ha saludado, o no se ha preocupado por ti todo lo que a ti te gustaría, o no ha tenido en cuenta tus sentimientos, o se ha opuesto a una decisión tuya con un comportamiento suyo que consideraste inadecuado. Ese pequeño gesto suyo es el iniciador de un gran malestar hacia esa persona.

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Si ya has pasado de los 30 años de edad, y eres un individuo de la media, ya hay al menos 4 personas en tu vida a las que les has retirado rotundamente la palabra. Y unas 7 a las que les hablas a regañadientes porque no te queda otro remedio. De esas, solo 1 te ha dado motivos objetivamente más que suficientes y reiterados como para evitarla. El resto, han sido faltas de tacto o de atención hacia ti. Exigimos a todo el mundo que tenga habilidades sociales en su comportamiento. Que se comporten como nosotros nos comportaríamos en su situación, o mejor. Y la realidad es que las habilidades sociales son más bien escasas en aquellas personas que no se han preocupado por formarse en ellas acudiendo a cursos específicos, psicólogos, talleres, o leyendo sobre el tema. La mayor parte de la población que vive en sociedad es ignorante en habilidades sociales.

¿Cómo sobrevivir? ¿Cómo gestionar mejor estas situaciones? Una frase que digo mucho es que “la mayor habilidad social es entender y respetar a quien no tiene habilidades sociales”. Solo dando derecho a los demás a no tener con uno mismo un tacto exquisito, a cometer errores, a no tener en cuenta nuestros sentimientos, seremos capaces de aceptar su comportamiento.

Pero este es solo el primer paso. Tu formación en habilidades sociales debería ser una prioridad, tengas la edad que tengas, si quieres dejar de notar guerras y luchar batallas con tanta frecuencia. El mundo no es como es, sino como tú lo percibes sumado a como tú decides que sea.

La formación en habilidades sociales e inteligencia emocional debería estar inmersa en la escuela. Más allá que las Matemáticas o la Historia. Nunca conocer quién fue el presidente de la Segunda República generará tanta felicidad en ti como aprender cómo se desarrolla la empatía. Y al final ¿qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que quiere todo el mundo? ¿Acaso no es ser feliz?

En una sociedad en la que nos toca relacionarnos con los demás, ya sea por trabajo, por ocio, o simplemente por satisfacer nuestras necesidades básicas, un desarrollo de tus habilidades sociales debería estar presente desde la cuna hasta la tumba.

Fuentes de aprendizajes de habilidades sociales hay muchas. Las más importantes las comentaba más arriba. Seguramente ya dedicas algo de tiempo a alguna de ellas. Ahora estás leyendo estas líneas. Estoy segurísimo de ello. Y esto ya es una muestra de tu interés por tu propio desarrollo. Pero, dime, ¿este interés es continuo? ¿Esta motivación se refleja también en otras vías de aprendizaje? Y, sobre todo ¿es sostenido en el tiempo? ¿Tienes un rato cada mes para aprender habilidades sociales, y no cesas en el empeño desde hace tiempo?

Las ganancias de hacerlo son muchas. La que más te sorprenderá si lo haces será fijarte en las conversaciones con la gente que te rodea, y que no se preocupa por su propia felicidad. Esos que permanecen anclados en viejos hábitos y costumbres de pensamiento negativo. Llegará un día en el que identificarás claramente cómo piensa una persona y por qué su pensamiento le conduce a su infelicidad. Verás también cómo esa persona piensa que son las otras personas, o bien sus circunstancias, o la situación del país, los que están detrás de su infortunio. Tú lo mirarás desde un plano diferente. Por una parte triste porque verás cómo es su suciedad cerebral. Triste también porque serás capaz de recordar que tú también tenías esa forma de pensar. Pero feliz a la vez por haber sido capaz de evolucionar desde ese punto que ves en él.

Quizá una buena forma de terminar este artículo sea invitándote a pensar el tiempo que pasas al mes en tu desarrollo personal. Hazlo ahora. Y deja por escrito unos compromisos de mejora para llevarlos a cabo a lo largo de todo el año. Te aseguro que será el tiempo y el dinero mejor invertido. Porque ¿qué es lo que quieres tú? ¿Ser feliz, no?

Psicólogo Fernando PenaFernando Pena

Psicólogo con consulta clínica privada y profesor de Psicología Clínica en el Instituto Europeo de Formación de Formadores. Director del Máster de Psicología Clínica de la AEPCCC en Valencia. Responsable del consultorio psicológico del periódico Las Provincias. Asesor de psicólogos sanitarios para la Agencia de Publicidad AMA.

E-mail: Fernando@cop.es
Twitter: @Psicoteca

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