¿Debo preocuparme de los síntomas del duelo? Cuándo sí y cuándo no

No existe una única definición de la palabra duelo. En términos generales, se entiende como el proceso de adaptación que conlleva

la pérdida de una persona querida.  Este proceso tiene dos características principales:

  • Requiere de un período de tiempo para la correcta adecuación a la nueva situación.
  • Puede someterse a oscilaciones emocionales, conductuales y de pensamiento dentro del propio doliente y a través del tiempo.

Asimismo, demanda un trabajo personal muy importante, que incluye:

  • Aceptar el fallecimiento del ser querido.
  • Asimilar y gestionar las emociones asociadas a la pérdida.
  • Reorganizar la rutina diaria con la ausencia de esa persona.

Como ves, el duelo envuelve componentes realmente complicados, y es necesaria una gran variedad de habilidades de afrontamiento para hacerle frente y llegar a superarlo. Ante tal complejidad, la edad de la persona en duelo condicionará las reacciones que aparezcan tras la pérdida y, por lo tanto, su capacidad para una gestión saludable.

En este artículo pretendemos aclararte cuáles son las respuestas emocionales, cognitivas y conductuales normales en función de la etapa evolutiva del doliente, empezando en las edades más tempranas (información completa en “Hablemos del duelo. Manual práctico para abordar la muerte con niños y adolescentes” de la fundación Mario Losantos del Campo) hasta la vejez.

 

DE O A 3 AÑOS

Síntomas normales: no existe concepto de muerte, pero son capaces de notar la ausencia si quien fallece es una persona significativa en su vida diaria (cuidadores principales), especialmente cuando la otra figura cuidadora descontrola las rutinas de sueño-vigilia y alimentación. Pueden aparecer alteraciones en estos patrones, irritabilidad y retrocesos en sus aprendizajes (chuparse el dedo, pedir biberón, dormir acompañado…).

Debes pedir ayuda en caso de: bajada significativa de peso, dificultad para dormir, estado apático (se muestra indiferente), pérdida de autonomía, llantos incontrolables.

 

DE 3 A 6 AÑOS

Síntomas normales: la muerte se entiende como algo reversible, creyendo que la persona que no está sigue manteniendo sus funciones vitales activas (come, se viste, duerme, juega…). Pueden retroceder en algunos de sus aprendizajes como comer o dormir solos, tener pesadillas y miedo durante el día o realizar comportamientos para comprobar que realmente la persona ausente no irá (portarse mal, negarse a comer).

Debes pedir ayuda en caso de: miedos incapacitantes, ansiedad por separación muy elevada de la persona cuidadora, tristeza profunda, pérdida importante de peso.

 

DE 6 A 10 AÑOS

Síntomas normales: comprenden la universalidad e irreversibilidad de la muerte, por ello pueden tener miedo su propia muerte o a la de otro ser querido. Pueden hacer muchas preguntas sobre los detalles del fallecimiento, mostrar enfado, confusión, negación, tristeza, agresividad, dificultades de concentración, provocaciones a la figura cuidadora para intentar hace aparecer a la persona ausente.

Debes pedir ayuda en caso de: dolores físicos continuos sin causa médica, dificultades para dormir y comer, agresividad crónica, tristeza profunda, reducción de la actividad lúdica, dificultad de concentración continuada, miedos prolongados, bajada drástica del rendimiento académico, necesidad continua de estar con la persona cuidadora.

 

DE 10 A 12 AÑOS: preadolescentes

Síntomas normales: Comprenden plenamente el concepto de muerte. Pueden exhibir conductas de comprobación de la pérdida (hablar con la persona fallecida, comprobar mensajes y redes sociales…),  evitar hablar sobre el tema por miedo a dañar a las personas de su entorno que también sufren la pérdida o preguntar por todos los detalles de la muerte (motivo, circunstancias…). Se esperan síntomas similares a los de los adultos: tristeza, bajo rendimiento académico, desinterés por actividades de ocio… En esta etapa puede aparecer la asunción de responsabilidades impropias de su edad (cuidado de hermanos, tareas del hogar…) y hermetismo a la hora de comunicarse con los demás.

Debes pedir ayuda en caso de: dificultad en la reintegración en su clase, bajada significativa en su rendimiento académico, aislamiento social extremo, dolores físicos recurrentes sin causa médica, tristeza extrema que influye en todas las áreas de su vida, incapacidad para expresar emociones, asunción excesiva de las funciones de la persona fallecida.

 

ADOLESCENTES

Síntomas normales: actitud protectora hacia los miembros de su familia; desinterés por actividades que antes disfrutaban; necesidad de aislamiento o de compañía continua; pérdida o aumento de apetito; dificultad para dormir y concentrarse; asumir roles de la persona fallecida o mostrar una irresponsabilidad superior a la previa al fallecimiento; interés por el consumo de alcohol, tabaco o drogas;  sentimientos de culpa y miedo a olvidar a la persona fallecida.

Debes pedir ayuda en caso de: ideación suicida, irritabilidad, bajada continua del rendimiento escolar, aislamiento y/o agresividad extrema, consumo de drogas, asunción de responsabilidades que restringe su tiempo de ocio, ansiedad, tristeza profunda, sentimientos de culpa continuos, conductas de riesgo para su vida.

 

PERSONAS ADULTAS

Síntomas normales: ansiedad, problemas de sueño, pérdida o aumento de apetito, tristeza, sentimientos de culpa, dolores físicos sin causa médica, reducción de interés por actividades gratificantes, aislamiento o necesidad de compañía continua.

Debes pedir ayuda en caso de: sentimientos de culpa que no desaparecen, ideación suicida, tristeza profunda, agresividad, enfado incontrolado, consumo de drogas, dificultades para reintegrarse en diferentes áreas de la vida, aislamiento social extremo.

 

PERSONAS MAYORES

Síntomas normales: tristeza, enfado, culpa y autorreproche, sentimientos de inseguridad, crisis de ansiedad, cansancio acusado, sentimiento de soledad, conmoción si la muerte es repentina, alivio en caso de muerte tras una larga enfermedad, insensibilidad.

Debes pedir ayuda en caso de: dificultad para tomar decisiones, falta de habilidades para resolver problemas, cronificación de los síntomas (se mantiene triste, inseguro, ansioso, cansado… durante mucho tiempo), sentimientos continuos de culpa, tristeza cronificada, ansiedad aguda.

 

El duelo es un proceso complejo que integra componentes emocionales, cognitivos, sociales, familiares y comportamentales. Muchos de los síntomas que se experimentan en los primeros meses son normales (incluso las alucinaciones). Busca ayuda si crees que no puedes controlarlo y manejarlo, si la presencia de los síntomas es continuada, o si no sabes si lo estás haciendo bien o mal, porque “al tragarnos nuestra pena y no poder expresarla, privamos a nuestro cuerpo de la posibilidad de auto-regularse y auto-sanarse tanto física como emocionalmente”.

 

Vanesa Pernas Martínez

Psicóloga sanitaria

Psicóloga de los Servicios Municipales de Igualdad del Ayuntamiento de Mieres (Asturias)

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar (Valencia)

 

Comparte en: Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.