Mi decisión, mis consecuencias

Asumir las consecuencias de nuestras decisiones siempre ha representado un signo de madurez, de convertirse en una persona adulta. Día a día tenemos que elegir una opción y desechar otra. En multitud de ocasiones, lo hacemos automáticamente pero ¿qué pasa cuando no sabes qué decidir, qué opción es la que mejor se ajusta?, ¿qué ocurre cuando no conoces las consecuencias de tu decisión?, ¿y si existe la posibilidad de que el desenlace de tu determinación sea negativo?

Tenemos diversos métodos para ayudarnos, entre los cuales está el pedir consejo u opinión a la gente de tu confianza. Resulta realmente útil tener en cuenta su opinión, pero es posible que, en ocasiones, lo que esas personas te dicen no acaba de ser congruente con lo que tú quieres. ¿Qué sucede entonces?, ¿quién lleva la voz cantante: tu opinión o la de otra persona?
En esta disyuntiva, hay muchos factores que influyen: el tema objeto de análisis, quién es la persona que da su opinión, tu autoestima, tu experiencia en la vida, el resultado de otras decisiones… Lo que te proponemos aquí son una serie de pasos que puedes emplear para tomar decisiones por tu propia cuenta, teniendo en cuenta la valoración de terceras personas en la medida en que lo consideres necesario y adecuado.

PASO 0: ¿Tienes un problema o una decisión que tomar?
A veces evitamos tomar decisiones porque no nos planteamos que debemos tomarlas, simplemente “dejamos que el tiempo pase” porque “ya se resolverá solo”. Debes ser consciente de cuando algo requiere de tu atención, valorando si el “dejarlo estar” puede perjudicarte a un corto, medio o largo plazo. Pregúntate: ¿es una decisión urgente?, ¿tiene consecuencias el que tú no decidas?, ¿pasa algo si dejas que pase el tiempo? Si la respuesta es sí, pasa al siguiente paso.

 

PASO 1: ¿Cuál es el problema que debes resolver?
Define, lo más exhaustivamente que puedas, el problema que tienes entre manos. A veces, dudamos o nos equivocamos porque no centramos nuestra atención en el foco del conflicto.
Ejemplo:
-Problema sin definir: tuvo una discusión con mi madre, estamos enfadadas y no quiero que estemos así.
– Problema definido: hace dos días discutí con mi madre porque no me gusta que critique mi forma de vestir. Las dos dijimos cosas que no debíamos, y tenemos que aclarar los posibles malos entendidos que se generaron.

 

Paso 2: Busca y analiza todas las alternativas posibles
Plantea cuáles son las opciones de respuesta que tienes: desde la que tenga mayor probabilidad de elección hasta la mínima. Hazte una lista. Puede que escribirlas te ayude a pensar más claramente sobre ellas:
Ejemplo:
– Dejar que pase el tiempo, ya se nos pasará el enfado.
– Seguir enfadada con ella, porque sus palabras me hicieron mucho daño.
– Exigirle que me pida perdón, entonces podemos intentar olvidarlo.
– Pedirle perdón, aunque no lo sienta realmente.
– Preguntarle por qué dijo lo que dijo, y explicarle mi punto de vista manteniendo las formas.
– …
Puede haber tantas posibilidades como se te ocurran. Hasta la más irreal puede ser tomada en cuenta. Aquí puedes introducir la opinión de personas que sean importantes para ti.

 

PASO 3: A favor o en contra
Con tu lista ya finalizada, valora puntos positivos y negativos de cada alternativa como se muestra a continuación:

De este modo, puedes comparar los beneficios y perjuicios de cada alternativa, y elegir aquella cuyas consecuencias sean mas positivas para ti, o menos negativas. Lo ideal es que realices esta valoración con cada una de tus posibles soluciones. Pide ayuda si lo consideras necesario, siempre en cuando la última palabra sea la tuya, y las opiniones ajenas no ejerzan una influencia determinante sobre tu decisión final.
Una vez finalizada la evaluación, puntúa cada una y escoge aquella mejor para ti. Imagina que es una balanza, y elegirás aquella opción cuyo peso a favor sea mayor. ¡Ya tienes la decisión tomada!

 

 

 

PASO 4: Y tras la toma de tu decisión… verifica el resultado
Por ultimo, constata si tu decisión ha sido, realmente, la adecuada para poner fin a tu problema. Asimismo, puedes valorar si debes introducir algún cambio a posteriori.

Pensaras que, leído así, es sencillo tomar decisiones. Con este articulo no queremos desproveer la toma de decisiones de las emociones y sentimientos que se asocian a cada momento de la vida. Solo te ofrecemos una guía, un esquema orientativo para que tu ansiedad asociada a esta responsabilidad sea menor, que sientas que estas tomando una decisión valorando toda cuanta opción tengas.

El seguir este esquema implica que serás quien asuma las responsabilidades de la decisión tomada. Pero, recuerda, también serás dueña/o de los beneficios que impliquen. Las responsabilidades pueden implicar cosas negativas para ti, pero también muchas ganancias.
Como señala la escritora Elisa Benavent en su libro Alguien como túes mucho más cómodo preguntar a los demás su opinión que confiar en la de uno mismo y hacerse cargo de las consecuencias. (…) Puedes acertar o equivocarte, pero hay cosas en la vida en las que incluso es mejor no atinar a la primera. No busques en los demás reafirmarte y compartir la responsabilidad de un posible fallo. Sé dueña de ti misma y de tus decisiones”.

 

Vanesa Pernas Martínez

Psicóloga sanitaria

Psicóloga de los Servicios Municipales de Igualdad del Ayuntamiento de Mieres (Asturias)

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar (Valencia)

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