Déficits en la psicobiología de un psicópata

INTRODUCCIÓN

 

Las personas con rasgos de personalidad insensibles. Aquellas que muestran comportamientos problemáticos representan, a nivel social, un gran problema. De todos los perfiles de personalidad en los que se encuentran esos rasgos, los individuos que poseen un perfil psicopático, son los más tóxicos porque, aunque pertenecen al 1% de la población, sólo un 20% de ellos está en la cárcel.

La investigación sobre esta clase de sujetos es bastante escasa. A grandes rasgos, un psicópata es, según el investigador pionero de este ámbito Hervey Cekcley (1941), una persona que no siente culpabilidad ni vergüenza, y se caracteriza por el reducido repertorio de sentimientos que es capaz de experimentar, (Reidy, Shelley-Tremblay y Lilienfeld, 2011). Dicho de otra forma, son plenamente racionales y conscientes de lo que hacen y de los motivos que tienen para hacerlo, convirtiéndose así en el más perfecto depredador, perfectamente adaptado para sobrevivir en circunstancias extremas y recursos escasos. Sin embargo, los rasgos y tendencias que califican a estos individuos los hace muy competentes para ejercer como médicos, abogados y hombres de negocios, (Alcázar, Verdejo y Bouso, 2008).

Psicopatía. Déficits en la psicobiología de un psicópata

Por estas razones, resulta extraño que hayan tan pocos estudios sobre este tipo de personalidad. ¿Cuáles son las razones por las que alguien llega a ser un psicópata? Hasta la fecha se cree que es un trastorno congénito, pero no se ha encontrado información precisa de cuáles son las circunstancias por las que dichos genes pueden ser activados. También sería interesante preguntarse, ¿qué mecanismos fisiológicos conducen a este comportamiento determinado?, ¿un psicópata, lo es para siempre? y, si es así. considerándolos un problema para la sociedad ¿no deberían los miembros de ésta adquirir conocimientos sobre la clase de personas que se pueden encontrar? A continuación puedes leer cuatro teorías de distintos investigadores.

En primer lugar, el genetista del comportamiento Lykken (1995) propuso el modelo de temeridad. En él, define a los psicópatas como personas con un umbral del miedo anormalmente alto; como consecuencia, los niños que no sienten el suficiente miedo, no reaccionarán intensamente frente a figuras significativas para ellos. Esto impedirá la formación de una conciencia fuerte y de límites sociales.

Por otra parte, el profesor Quay propuso, en 1965, el modelo de excitación baja. Quay afirmó que los psicópatas padecen “hambre de estímulo” crónica. Como consecuencia buscan actividades de riesgo para compensar el aburrimiento experimentado. Esta perspectiva se completó con el modelo de modulación de la respuesta, defendido por Patterson y Newman (1993), en el que se afirma que una vez que ellos se acostumbran a dar respuestas dominantes, desarrollan “cegadores”, que serían los causantes de una mala memoria, por tanto también de la ausencia de remordimiento y de una dificultad para aprender de la experiencia.

Por último, el experto en neurociencia afectiva Blair (2004), contribuye a la concepción de la psicopatía con su modelo del sistema de emoción integrado. En él, une los modelos anteriores y propone que una disfunción en la amígdala podría ser la autora de la falta de empatía. Si fuera así, este hecho incapacitaría a los psicópatas para socializarse moralmente. Este déficit de socialización se manifiesta a través de comportamientos socialmente desviados, (Reidy et al., 2011).

En resumen, en base a los datos anteriores los psicópatas se podrían clasificar en función de sus características como primarios y secundarios. La afectividad superficial, el egocentrismo, la falta de remordimiento, la falta de vergüenza, el encanto superficial, el estilo manipulador, la grandiosidad y la mentira son características predominantes en los psicópatas primarios. En cambio, la impulsividad, la agresión, el abuso de sustancias, la búsqueda de sensaciones elevadas, la baja socialización, la propensión al aburrimiento, la irresponsabilidad, la falta de preocupación o la ausencia de planes para el futuro, la baja motivación y los problemas de conducta temprana y la delincuencia son características más destacadas en los psicópatas secundarios.

 

Psicobiología.

Como se remarcó unas líneas más arriba, los psicópatas sufren un profundo déficit emocional. Blair et al. (2004), explicaron los procesos neurocognitivos que pueden producir la violencia instrumental. Propusieron la amígdala como la responsable del desarrollo y el mantenimiento de dicho tipo de agresión; ésta está muy implicada en la formación de asociaciones entre estímulos y respuestas -condicionamiento clásico- y entre las respuestas condicionadas y su mantenimiento mediante refuerzos -condicionamiento operante-.  Las cortezas ventromedial frontal, rostral insular y rostral temporal establecen conexiones mutuas con la amígdala, especialmente con su núcleo basolateral. Dichas conexiones componen el núcleo de la agresión instrumental.

La amígdala de los psicópatas es más reducida. Como consecuencia, pierde habilidad para destacar los estímulos aversivos, pero tiene el suficiente tamaño como para no perder ninguna función más. De este modo, los niños con las características prescritas, no aprenden las relaciones adecuadas entre los estados de ánimo ajenos y su comportamiento, lo que impide una socialización lógica.

El mecanismo encargado de la violencia reactiva se inicia en el núcleo central de la amígdala y sigue, a través de la estría terminal, hacia el hipotálamo medial y la sustancia gris periacueductal dorsal. Este circuito está modulado por las corteza cingulada anterior, orbitofrontal, ventrolateral, prefrontal y frontal medial -estas dos últimas áreas son responsables de la experiencia de arrepentimiento-. Estas regiones son sobre-estimuladas durante tareas afectivas en los psicópatas. Además, muchas investigaciones señalan que ellos poseen una hipo-sensibilidad ante las amenazas. Por tanto los individuos con altos niveles de psicopatía experimentan menor frustración, que es la principal causa de agresión reactiva.

Por último, cabe mencionar que la corteza cingulada anterior dorsal es la principal responsable de experimentar ira y cólera. Este área también debe estar, en cierto grado, dañada en psicópatas, ya que difícilmente experimentan dichos sentimientos, aunque sólo los diagnosticados con alto nivel de psicopatía serían inmunes a ellos  (Reidy et al., 2011).

 

Neuroendocrinología y neuroquímica.

Cuando un estímulo amenazante activa las neuronas del núcleo central de la amígdala, las neuronas que se proyectan al locus coeruleus estimulan la secreción de noradrenalina (NA). En el único estudio que se dedicó al análisis de la cantidad de NA en psicópatas, se obtuvo que en los hombres con un alto nivel de psicopatía no se producía un aumento de NA a la hora de estar frente a un estímulo emocionalmente reactivo.

Existe un modelo sobre el triple equilibrio de la emoción en el que se sugiere que una alta secreción de testosterona, comparada con la de cortisol, refleja un desequilibrio emocional que vuelve al individuo hipo-sensible a estímulos punitivos e hipersensible ante estímulos de recompensa. La testosterona impide la función del eje HHA y de los sistemas conectados a él, provocando una disminución de la sensibilidad al castigo. Además, el cortisol bloquea el eje HHG, aumentando la susceptibilidad al temor.

Este desequilibrio se relaciona con ambos tipos de agresión, ya que como consecuencia se produce la disminución de los niveles de serotonina (5-HT). El bajo nivel de 5-HT, se vincula a la impulsividad y la agresión. Cuando se combina con una elevada proporción de testosterona se produce agresión reactiva en psicópatas secundarios. Sin embargo, con los niveles serotoninérgicos elevados, la impulsividad se reduce. Estos niveles elevados, combinados con un alto grado de testosterona, aumentan el riesgo de agresión instrumental en psicópatas primarios (Reidy et al., 2011).

 

METODOLOGÍA DEL ESTUDIO

 

Para realizar una investigación lo más profunda posible sobre la psicopatía en la sociedad, y ampliar conocimientos sobre los temas o aspectos que se relacionan con este trastorno del afecto y del impulso, hemos utilizado dos experimentos diferentes con psicópatas. En un experimento se aborda el análisis fisiológico de sus rasgos característicos, y el otro muestra un leve intento de arreglar, por medio de medidas cognitivas, algunas de las deficiencias mostradas por ellos.

 

Primer experimento.

Uno de los experimentos que hemos usado para investigar la psicopatía fue realizado por Casey, Rogers, Burns y Yied (2013), en un artículo con el nombre de “Emotion regulation in psychopathy”. La muestra llevada a cabo por estos científicos fue de 95 sujetos en total, siendo los 95 sujetos varones y, además, presos de la Unidad Dangerous and Severe Personality Disorder (DSPD), ubicada en Whitemoor. Estos presos fueron reclutados para el experimento en un total de catorce meses, empezando el junio del 2009 y acabando a finales de julio un año después.

Para llevar a cabo el experimento se midieron las emociones a nivel fisiológico, se eligió medir sólo el ritmo cardíaco por diversas razones. Es importante cumplir con las restricciones de seguridad y, a parte, se debe tener el consentimiento por parte de los presos. Por eso mismo, de los posibles 95 hombres que podían someterse al experimento, 70 fueron los que consintieron su participación. No obstante, fueron 61 al final los que se sometieron a los diferentes instrumentos, 62 los que hicieron un autoinforme, y 7 que se negaron a participar finalmente por miedo a las pruebas sobre frecuencia cardíaca.

En primer lugar, para medir el nivel de psicopatía de cada preso por separado se utilizó el PCL-R, un test creado por Robert Hare siendo el instrumento referente mundial para la evaluación de la psicopatía. Este test consta de 20 ítems, cada uno destinado a medir un rasgo diferente aunque, de manera general, se miden los 2 factores relacionados con los psicópatas: el componente afectivo y una vida antisocial, desadaptativa. El punto de corte que indica una alta psicopatía en el PCL-R es a partir de 30. También usaron un test de personalidad, el EPQ de Eysenck, para examinar rasgos como la extroversión o el neuroticismo, y el HCR-20 para medir el riesgo de reincidencia.

Una vez hecha la evaluación cognitiva de los sujetos, se procedió a tomar medidas fisiológicas. Uno de los experimentos realizados es el de utilizar estímulos visuales, imágenes; se muestran imágenes positivas (como personas sonriendo, parejas…) e imágenes negativas (armas, ataques….) pertenecientes al Sistema Internacional de Imágenes Afectivas (IAPS), en base a la valencia y la valoración de la excitación. Por otra parte, el aparato que se utilizó para medir la frecuencia cardíaca fue el FPA, midiendo la amplitud del pulso de los dedos y registrándose la información en un oxímetro de pulso.

Casey et al. (2013) evaluaron a los sujetos en una habitación tranquila ubicada en la misma prisión. La medición de la frecuencia cardíaca empezó antes de iniciar el experimento con cada preso, y duró hasta acabar la tarea. El procedimiento a seguir era ver en una pantalla imágenes, positivas o negativas, que iban acompañadas de una palabra en concreto: mirar, experiencia o suprimir. Dependiendo de la palabra que acompaña la imagen, los sujetos tenían que limitarse a observar el cuadro, meterse dentro de la escena e imaginarse presentes en la imágen, o suprimir todo tipo de sentimiento hacia la imagen. Para evaluar esta tarea, que duró unos 30 minutos, los propios sujetos tenían que calificar en una escala de tipo Likert la imagen dependiendo de la sensación o el grado de emoción que se produce al ver la imagen, siendo 1 muy débil y 7 muy fuerte.

Por último, además de esta tarea que implica conocer aspectos sobre la regulación de la emoción en estos sujetos, también se realizaron puntuaciones del contenido con las mismas imágenes que se presentaron en el experimento anterior para evaluar la excitación que se produce en ellos y la valencia emocional, que se refiere al sentimiento, agradable o aversivo, que producen las imágenes positivas o negativas. Se evaluó de la misma manera que en el primer experimento, usando la escala Likert del 1 al 7 – siendo 7 muy agradable, o sensación de energía-.   

 

Segundo experimento.

El siguiente experimento fue realizado por Salekin, Tippey y Allen (2014), tres psicólogos de Alabama que intentaron ofrecer una solución a los trastornos de la personalidad antisocial en la juventud; dicha solución consistía en una intervención de psicología positiva. Para su experimento contAron con la colaboración de 24 varones, con alrededor de 15 años, pertenecientes a un centro residencial seguro en los EEUU; un 79.2% eran afroamericanos, un 16.7% caucásicos americanos y un 0.04% birracial. Los adolescentes ya habían probado varios programas de justicia juvenil antes de ser recluidos en el sitio mencionado y los delitos de los que se les acusaban incluían asalto, robos y violación de la libertad condicional.

Los instrumentos utilizados para la correspondiente intervención eran todos de medidas cognitivas. Se usó para medir las emociones positivas, un cuestionario de doce ítems, el CDS, referido a la frecuencia con la que habían experimentado un estado anímico determinado en el último mes. Para indicar el grado de psicopatía que mostraba cada sujeto se usó el dispositivo de cribado del proceso antisocial (APSD), en el cual cada uno de sus elementos evalúa uno de los elementos del PCL-R y cada ítems tenía tres opciones de respuesta. Además, estos dos cuestionarios se complementaron con el RST-I, un inventario de autoinforme que analiza el riesgo, la madurez y el nivel de adaptabilidad frente al tratamiento. Este último punto, el RST-I lo evalúa analizando la consciencia sobre los problemas, lo predispuestos que se muestren al cambio y la tolerancia que tengan hacia los demás.

El tratamiento consistía en aumentar la frecuencia en la que se sentían y se expresaban emociones positivas, lo que llevaría a una toma de decisiones más adecuada y a la consecuente reducción de los rasgos psicopáticos. Para ello se les evaluó antes de comenzar la intervención, durante y después de finalizarla. De este modo, los cuestionarios se combinaron con doce sesiones compuestas por con técnicas de motivación, terapia cognitivo-conductual y educación sobre emociones positivas.

Muchos de los ejercicios se apoyaban en tareas de escritura, mediante las cuales los adolescentes expresaban cómo percibían sus puntos fuertes, el modo de resolver los problemas cotidianos o cómo identificaban sus propias emociones. Otros, consistieron en la fijación de metas a corto, medio y largo plazo; en este tipo de ejercicios se les facilitaron diferentes puntos de vista para pensar en sus objetivos y se les pidió que crearan ideas propias sobre cómo llevarlos a cabo. Así se les inducía a centrarse en objetivos productivos y a relacionarse de modo más sano al que estaban acostumbrados con los de su entorno.

 

RESULTADOS

 

Primer experimento.

Para investigar la relación entre psicopatía y la regulación de la emoción, Casey et al. (2013) utilizaron dos tipos de análisis estadísticos. El primer análisis que se realiza es el de la comparación entre dos grupos distintos y la comparación de estos dos grupos de la muestra con otros resultados que se han obtenido mediante el ANOVA de un factor, que es una técnica estadística en la que se calcula la variancia para poder hacer comparaciones entre grupos. Por otra parte, el segundo examen consiste en usar análisis de regresiones para conocer la relación entre la psicopatía y factores culturales, normativos, como los años en educación.

En referencia al primer análisis de este experimento, los grupos para hacer la comparación se establecieron en función de la puntuación obtenida en el PCL-R. El punto de corte es 30 y, por tanto, se relaciona a los sujetos con puntuación menor de 30 con bajo nivel de psicopatía, y a los sujetos con puntuación mayor de 30, además de una media del PCL-R con toda la muestra. La puntuación de ambos grupos difieren en 9, remarcando que los sujetos con nivel de psicopatía baja se quedan por debajo de 25 (23,5), puntuación a partir de la cual se considera un nivel de psicopatía alto.   

En este estudio también se ha realizado una comparación de los dos factores de la psicopatía con los dos grupos de psicópatas que se establecieron; el factor 1 se refiere a los componentes afectivos de los psicópatas y el factor 2 al comportamiento o conducta antisocial que se refleja en los psicópatas. Difirieron significativamente en los dos factores, aunque especialmente en la puntuación del factor 1, habiendo una diferencia de 4,8 puntos, obteniendo una puntuación más elevada los sujetos con un nivel alto de psicopatía en los dos casos.

Para seguir con la comparación entre los dos grupos, se siguió con el análisis de varianza entre los dos grupos, de alto y leve nivel de psicopatía, y entre las imágenes, que podían ser positivas y negativas, y entre la instrucción, refiriéndose a mirada, experiencia y supresión. Además, se utilizó los resultados obtenidos en el EPQ para realizar otra comparación entre los dos grupos. Al compararlo, se vio como los sujetos con baja psicopatía se consideraban más neuróticos, psicóticos (aunque con poca diferencia significativa)  y, en cambio, menos extravertidos que los sujetos con alta puntuación en psicopatía y coincidieron en la puntuación de la variable ‘mentira/sinceridad’. La interacción de cada grupo con la imagen que se mostraba fue diferente en respuesta a la frecuencia cardíaca; los sujetos con alta psicopatía mostraron un mayor aumento de la frecuencia cardíaca al ver una imagen negativa en comparación con las positivas.

Para el análisis de regresión, se usaron correlaciones bivariadas entre los índices de experiencia (sensación de experimentar lo que sale en la escena) y supresión (observar la imaginando apartando las emociones), y puntuaciones relacionadas con psicopatía. Los resultados sugieren una correlación positiva entre las puntuaciones del HCR-20, y la psicopatía. En cambio, ésta se relaciona negativamente con el número de años en educación o con la escala de neuroticismo del EPQ.

Por último, se obtienen resultados sobre el contenido afectivo de los estímulos usados en el experimento; por una parte para medir la valencia y, por otra, para valorar la excitación. Mientras que los sujetos no difieren en los resultados de la excitación, independientemente de si son imágenes positivas o negativas, sí que lo hacen en la valencia, obteniendo más puntuación como imágenes agradables en los estímulos positivos que en los negativos.

 

Segundo experimento.

Una vez se llevaron a cabo las doce sesiones didácticas con los psicólogos y se pasó por tercera vez la batería de pruebas anteriormente mencionada, T. Salekin et al. (2014) procedieron a recopilar los datos en tablas, sacar medias y desviaciones típicas y a comparar los resultados obtenidos en las tres ocasiones que se pasaron los cuestionarios.

Con respecto a la psicopatía, los resultados del APSD indicaron una reducción moderada de las puntuaciones en el transcurso entre la primera y la segunda vez que fue contestado, dichos resultados se mantuvieron hasta el final de la intervención. En el factor interpersonal analizado es donde se observó la mayor reducción, es decir que, las costumbres de manipular y mentir a los demás para conseguir algún objetivo y el egocentrismo disminuyeron significativamente, aunque no desaparecieron.

Por otro lado, se pensaba que la terapia aumentaría el número de emociones positivas experimentadas por los jóvenes, porque a medida que éstos acumularan éxitos en la terapia su actitud sería más positiva y, contra más positiva fuera su actitud más logros obtendrían. Los resultados obtenidos refuerzan la coherencia de la reflexión hecha por los experimentadores, ya que eso fue efectivamente lo que pasó. Además, también se observó que a medida que la intervención avanzaba, más conscientes era los sujetos de sus problemas y, a su vez, más motivados se sentían a cambiar, lo que se expresaba en una mayor tolerancia y consideración hacia los demás.

Por último, complementaron los estadísticos extraídos de las puntuaciones de los cuestionarios, con entrevistas hechas después del tratamiento tanto a los estudiantes como a los profesionales que les habían acompañado. Dichas entrevistas reforzaron más si cabe, el progreso que los adolescentes habían tenido y la utilidad de la intervención.

 

LIMITACIONES

 

En este trabajo se muestran una serie de aspectos positivos de los estudios planteados, pero también hay que tener en cuenta las limitaciones que se reflejan. Seguidamente proyectamos las limitaciones más relevantes que aparecen.

La manera de distinguir los tipos de agresión instrumental o reactiva es muy confusa, ya que un mismo acto violento es clasificado de manera diferente según el método de evaluación y de la subjetividad del investigador. Hay otros investigadores que prefieren basarse en los informes detallados o en las historias acumulativas de otros expedientes, aunque se muestra una varianza significativa del método en la medida de las variables predictoras y criterio. Estos métodos de evaluación se ven influidos por las características del estudio que se realice, la población y el contexto. Estas limitaciones pertenecen a la revisión producida por Reidy et al., (2011).

A pesar de la riqueza de la información localizada en el artículo llevado a cabo por Salekin et al. (2014), cabe destacar dos limitaciones principales de éste: la muestra escogida era demasiado pequeña y homogénea, por una parte, lo que impidió realizar generalizaciones de los resultados obtenidos. Y por otra, no se definió previamente un grupo control, por lo que puede ser cualquier factor el que los propicie, como puede ser el contexto, el paso del tiempo, etc.

Para concluir, en los estudios de la regulación de la emoción en la psicopatía de Casey et al. (2013), se ve reflejado que sus factores generan ambigüedad tomándose una única medida fisiológica como es la  frecuencia cardíaca. Esto provoca la escasez del estudio, ya que se necesitaría considerar el uso de otras medidas de respuesta automática además de esta. Por último, observamos al igual que en estudios anteriores, vuelve a producirse la selección de una muestra no representativa, por lo que los datos no son concluyentes.

 

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

 

Gracias a los experimentos que hemos usado para realizar esta investigación sobre los/as psicópatas, hemos descubierto muchos conceptos que antes no conocíamos y, sobre todo, hemos ampliado nuestro conocimiento sobre la regulación de las emociones en este tipo de personas, relacionándolo con sistemas que influyen en la psicobiología de la emoción.

Como ya hemos remarcado en la introducción, hay una área cerebral estrechamente relacionada con la psicopatía: la amígdala. Esta región cerebral se encuentra en el Sistema Límbico de nuestro organismo y es una de las regiones más importantes en las respuestas emocionales que se producen frente a un estímulo desagradable. Las lesiones en ésta no sólo provocan que se disminuyan las respuestas emocionales en humanos, sino que también se pueden producir efectos de las emociones sobre la memoria, viéndose deteriorada en algunos casos. Un estudio más o menos reciente es el realizado por Oschner en el año 2004, en el que demuestra que algunas partes de la amígdala se sobre-estimulan mientras que otras disminuyen su activación; por lo tanto, se pueden producir déficits o deterioros a la hora de procesar las emociones.

A medida que hemos estado avanzado en el desarrollo del trabajo, nos hemos percatado de que se puede hacer una analogía entre las características de los psicópatas y los casos relacionados con lesiones en el lóbulo prefrontal, una región cerebral importante en la psicobiología de las emociones. Dos de los casos más importantes a remarcar serían el de Phineas Gage y también el trabajo de Egas Moniz. Phineas Gage, era un obrero que sufrió una fuerte lesión cerebral. Una barra larga y ancha le atravesó el lóbulo frontal, produciendo en él indiferencia respecto a las consecuencias de sus acciones y suprimiendo las inhibiciones y la preocupación; características propias de los psicópatas. Con respecto a la lobotomía prefrontal, fue un escándalo popularizado por Egas Moniz, que llegó a ser Premio Nobel en el año 1949. Dicha intervención tenía la finalidad de reducir malestares emocionales pero habían efectos colaterales como amoralidad y una reducción de respuestas emocionales.

Psicopatía.

Con los resultados obtenidos en los experimentos citados anteriormente, habría que destacar algunos aspectos fundamentales para la posibilidad de mejorar la conducta en sujetos con un nivel relevante de psicopatía. En uno de los experimentos se realiza un tratamiento con jóvenes con conductas antisociales mediante el uso de la psicología y métodos mentales positivos. En este aspecto, hay que destacar la efectividad y la mejora del tratamiento con emociones positivas que experimentan, siendo los sujetos más conscientes del problema y, así, sintiéndose más motivados para cambiar.

Por otra parte, cabe destacar que el experimento sobre la regulación de la emoción permite que esta regulación se examine en sujetos que presentan psicopatía, midiendo tanto los cambios fisiológicos que se producen y la experiencia subjetiva. La finalidad de este experimento es aplicar los datos recogidos para abordar los deterioros en el procesamiento de la emoción de un psicópata. Y con los datos resultantes, una de las sugerencias sería relacionar en mayor grado la respuesta subjetiva de los sujetos con la respuesta fisiológica. Y otro método sería el de sensibilizar a los individuos de sus respuestas fisiológicas cuando reciben información aversiva, es decir, utilizar la técnica de biofeedback; estas técnicas pueden ser eficaces para mejorar la regulación emocional.

En resumen, queremos concluir el trabajo indicando aspectos que han ido surgiendo a lo largo del informe sobre la psicopatía. Ha sido costoso encontrar artículos e información para realizar un estudio preciso y fiable de la psicopatía, un tema que no está demasiado desarrollado o estudiado y que está rodeado de tantas incógnitas.  Por lo general, nos hemos quedado muy satisfechos con el resultado final debido a la amplia información que hemos adquirido sobre los procesos que pueden estar deteriorados en los psicópatas, sobre cuestionarios o técnicas de observación y registros para evaluar la psicopatía en los individuos. Estos conocimientos permiten identificarla de una manera más profunda… Es decir, entender el concepto de psicopatía como algo más que simples personas sin ninguna empatía o culpa.

 

REFERENCIAS

 

Alcázar, M. Á., Verdejo, A. y Bouso, J. C. (2008). La neuropsicología forense ante el reto de la relación entre cognición y emoción en la psicopatía. Revista de neurología47(11), 607-612.  http://www.neurologia.com/sec/resumen.php?id=2008561#

Blair, R. J. R. (2004). The roles of orbital frontal cortex in the modulation of antisocial behavior. Brain & Cognition, 55, 198–208.

Blair, R. J. R., Mitchell, D. G. V., Leonard, A., Budhani, S., Peschardt, K. S., & Newman, C. (2004). Passive avoidance learning in individuals with psychopathy: Modulation by reward but not by punishment. Personality & Individual Differences, 37, 1179–1192

Casey, H., Rogers, R. D., Burns, T. y Yiend, J. (2013). Emotion regulation in psychopathy. Biological psychology92(3), 541-548. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301051112002062

Lykken, D. T. (1995). The antisocial personalities. Hillsdale, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.

Patterson, C. M. y Newman, J. P. (1993). Reflectivity and Learning From Aversive Events: Toward a Psychological Mechanism for the Syndromes of Disinhibition. Psychological Review, 100(4), 716–736.

Quay, H. C. (1965). Psychopathic personality as pathological stimulation-seeking. American Journal of Psychiatry122(2), 180-183.

Reidy, D. E., Shelley-Tremblay, J. F. y Lilienfeld, S. O. (2011). Psychopathy, reactive aggression, and precarious proclamations: A review of behavioral, cognitive, and biological research. Aggression and Violent Behavior16(6), 512-524. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1359178911000796

Salekin, R. T., Tippey, J. G., & Allen, A. D. (2014). Tratamiento de problemas de conducta en jóvenes con insensibilidad emocional utilizando Modelos Mentales: medición del riesgo y cambio. RET: revista de toxicomanías, (71), 28-40. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5504723  

 

Escrito por…:

Silvia Roche García, colaboradora del Centro de Psicología Calma Al Mar, en Valencia.

soni_silvia@hotmai.com

José Julián Jaén Escura.

Verónica López López, maestra de educación primaria y psicóloga,

colaboradora del Centro de Psicología Calma Al Mar, en Valencia.

veronicall.92@gmail.com

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