Desmontando mitos de la psicología

Quizás te preguntes por qué existen tantas creencias erróneas respecto a la psicología, pues son bastantes los mitos que circulan por la sociedad. Pues bien, esto ha sido fruto de la necesidad de buscar una explicación a esta ciencia, que en ocasiones puede resultar un tanto compleja.

 

Estos son algunos de los mitos de la psicología que seguramente hayan podido llegar a tus oídos:

 

“El tiempo lo cura todo”

Es probable que en numerosas ocasiones te hayan dicho, e incluso tú mismo hayas dicho, que el tiempo lo cura todo con el propósito de aliviar el dolor pero, ¿realmente es así?

Es cierto que el tiempo puede actuar como un analgésico, pero realmente no soluciona el problema. Pensar que el tiempo lo cura todo te puede llevar a adoptar una actitud pasiva frente a una situación dolorosa, y no por ello este dolor se verá disminuido. Al contrario, lo único que hará será prolongar el sufrimiento con la mera esperanza de que algún día desaparezca.

Del mismo modo que a las heridas físicas le dedicas la atención y el cuidado necesario, con las heridas emocionales ocurre exactamente lo mismo. Es importante que seas capaz de aprender de dichas experiencias y transformar ese sufrimiento en aprendizaje con el fin de alcanzar tu propio crecimiento personal.

Ante una dificultad en la vida, la persona debe atravesar un proceso en el que se le presentan distintas etapas y, cuando la persona se ve incapaz de superarlo, es cuando se requiere ayuda psicológica, pues el tiempo, en vez de curar, lo único que hará será agravar aún más las heridas.

 

“Ya sigo un tratamiento farmacológico, ¿para qué voy a ir al psicólogo?”

En ocasiones el papel que ejerce el psiquiatra y el psicólogo en las enfermedades mentales puede haberte llevado a la confusión. El psiquiatra es un médico que, desde una perspectiva biológica, se encarga de tratar las enfermedades mentales o emocionales a través de una intervención centrada exclusivamente en la fisiología y en la química cerebral, es decir, mediante la prescripción de fármacos. En cambio, el psicólogo, es aquel que trata dicha enfermedad mental por medio de herramientas y estrategias con el fin de trabajar los pensamientos, las emociones y las conductas que estén generando algún determinado problema.

Una vez explicado esto, seguramente te habrás planteado si en algún momento de tu vida, al estar en tratamiento farmacológico, era necesario acudir también a un psicólogo. Pues bien, la respuesta es sí.  No existe ningún trastorno mental que no posea una base tanto biológica como psicológica.

A día de hoy, habrás podido notar que existen multitud de personas que padecen una sintomatología ansiogena o depresiva que reciben tratamiento farmacológico, pero rechazan, o quizás no se han planteado, recibir tratamiento psicológico. En tales situaciones, el tratamiento farmacológico actuaría sobre los síntomas de la patología, pero, claramente, esto no actuaria sobre el desencadenante del problema, como sí lo haría la psicología.

A pesar de que se produzcan estas situaciones debido a los prejuicios por esta disciplina, ambas especialidades trabajan en múltiples ocasiones de forma conjunta para alcanzar una mayor efectividad en el tratamiento y aliviar el malestar del paciente.

 

«El psicólogo me dará algunos consejos para solucionar mi situación”

Creer que el psicólogo se dedica a dar consejos es uno de los mitos más extendidos hoy en día, y es probable que hayas oído a amigos o familiares insatisfechos con su psicólogo porque no les decía lo que tenían que hacer en cada momento.

No obstante, el papel del psicólogo es totalmente otro. Se trata de un profesional con formación acerca del comportamiento y los procesos mentales con el fin de ayudar al paciente ofreciéndole herramientas y estrategias necesarias, así como acompañamiento emocional durante el proceso de su recuperación.

Los problemas psicológicos que pueden surgir se deben a patrones de comportamiento poco adaptativos, y no por una falta de información ante una situación en la que se desconoce cómo actuar. Por ejemplo, el caso de una persona que tenga agorafobia no necesitará que le aconsejen sobre el hecho de salir de casa, sino que, por medio de ayuda psicológica, entienda lo que le está ocurriendo, se le dote de estrategias para hacer frente a dicha situación, así como a la ansiedad que ésta le genera, y poco a poco pueda ser capaz, por sí mismo, de volver a tener una vida normal.

Por tanto, la función del psicólogo es lograr que la persona vuelva a tener unos patrones de conducta y pensamiento mucho más eficaces que le permitan hacer frente a la situación que desencadene el respectivo problema.

«Las personas con depresión están siempre tristes”

Es probable que pienses que las personas que padecen depresión están siempre tristes, pues se trata de una creencia errónea muy arraigada en la actualidad, pero lo cierto es que no es del todo así.

En el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), la depresión incluye en sus criterios diagnósticos un estado de ánimo depresivo permanente en el tiempo. No obstante, es muy frecuente que en la depresión se produzca anhedonia, es decir, la incapacidad de experimentar placer ante actividades que antes sí resultaban agradables, sin llegar a un estado de depresión profundo, o bien, también puede tener lugar un aplanamiento afectivo, lo que quiere decir que la persona con depresión experimenta en un grado bajo o nulo las emociones.

Es probable que, al hablar de depresión, la primera palabra que se te venga a la cabeza sea tristeza, pero padecer un trastorno depresivo va mucho más allá de estar triste, y es que tener este trastorno también puede conllevar la pérdida o el aumento de peso, al igual que de apetito, insomnio o hipersomnio, fatiga, agitación o retraso psicomotor, dificultad para concentrarse, sentimiento de culpa, desvalorización y pensamientos recurrentes de muerte.

 

«No tiene un trastorno alimentario, está bien de peso”

Que las personas con un trastorno alimentario tienen un peso inferior al que le corresponde, es uno de los mitos más presentes en el panorama actual. Pero lo cierto es que la mayoría no presenta infrapeso, ni se encuentra extremadamente delgada.

El hecho de que los medios de comunicación afiancen esta creencia, está provocando que se valore el peso como síntoma principal para el diagnóstico, lo que está causando que se subestime la gravedad en la que se encuentran todas aquellas personas que tienen un problema alimentario.

Del mismo modo, existen otros trastornos de la conducta alimentaria que no conllevan un bajo peso, y cuyas consecuencias repercuten de forma negativa sobre la salud tanto física como psicológica de la persona que lo posee.

Es por ello que existen muchos más factores que afectan al trastorno que simplemente el propio peso. El hecho de que una persona con un trastorno alimentario recupere un poco de peso, no significa que se haya recuperado completamente. Ante cualquier trastorno de la conducta alimentaria es fundamental trabajar las distorsiones cognitivas acerca del cuerpo, la belleza, y como no, la perfección, entre otras.

Una persona que posee un trastorno de la conducta alimentaria se puede llegar a recuperar mediante un tratamiento psicológico, médico y nutricional. Sin embargo, es fundamental dotar a la persona de estrategias y recursos para evitar que, en situaciones, por ejemplo, de estrés, se produzca una recaída.

 

“Una persona con conductas autolesivas lo único que quiere es llamar la atención”

Seguramente habrás oído hablar de que las personas que llevan a cabo conductas autolesivas quieren llamar la atención, pero las razones de dichas conductas generalmente vienen siendo otra.

Una persona que se autolesiona lo hace con el fin de reducir un sentimiento desagradable (ansiedad, ira, tristeza…) que le está generando una determinada situación a través de diversas prácticas como pueden ser cortes, golpearse con objetos, quemaduras, etc. Es por ello que, a través de estas prácticas lo que se pretende conseguir es un sentimiento de alivio, ya que, por un breve período de tiempo, la persona deja de centrar su atención en todos aquellos recuerdos o ideas que le resulten dolorosos.

Para poder comprender cómo una persona puede llegar a realizar una conducta autolesiva, no hay que centrarse en el dolor que surge tras la autolesión, sino el efecto que dicha acción puede producir en una persona cuando está atravesando una situación compleja, pues ese efecto actúa como un refuerzo. La conducta autolesiva se convierte en una estrategia desadaptativa de regulación emocional.

Asimismo, a pesar de que la finalidad de dicha acción no es la muerte, las personas que se autolesiona tiene mayor probabilidad de plantearse morir ya que tienen integrado ese patrón de conducta desadaptativa, y piensan en la muerte con mayor frecuencia que personas que no cometen conductas autolesivas.

Se trata de un síntoma de algún problema subyacente, pues esta praxis se vincula con trastornos del estado de ánimo, en concreto depresión, trastorno límite de la personalidad, trastornos de ansiedad, drogodependencia, trastornos de la conducta alimentaria…

 

Paula Perales Afán, estudiante de psicología

Colaboradora del Centro de Psicología
Calma al Mar, en Valencia

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