DESMONTANDO MITOS: TRASTORNOS MENTALES ≠ PELIGRO

En el mundo somos, aproximadamente, 7500 millones de personas. Parece obvio decir que, entre tanta gente, la variedad está a la orden del día en cuanto a múltiples factores: país, género, raza, religión, edad, orientación sexual… Parece que estamos dispuestos a aceptar algunas diferencias- aunque solo se apoye en lo “políticamente correcto”- como la raza, la nacionalidad, nivel socioeconómico, orientación sexual, incluso la religión. Pero, ¿qué pasa con los trastornos o enfermedades mentales? ¿Aceptamos a las personas que tienen algún diagnóstico de esta índole? ¿Tenemos algún prejuicio respecto a ellas? La respuesta, como sospecharás, es sí, un SÍ en mayúsculas.

El 25% de la población mundial tendrá un diagnóstico de trastorno mental a lo largo de su vida es decir, 1875 millones de personas, 1 de cada 4 personas. Aun siendo un grupo tan numeroso (en España hay alrededor de un millón de personas en edad adulta con diagnóstico de trastorno mental grave), las ideas preconcebidas y prejuicios que tenemos sobre este perfil parece que no dejan de crecer y afianzarse en nuestro proceso de socialización. En este artículo, nos centraremos en los conocidos como trastornos mentales graves (TMG), que incluyen diagnósticos como esquizofrenia y trastorno bipolar.

Vídeo sobre el estigma social en los trastornos mentales: Seamos más perros

El estigma social sobre las personas con TMG se sujeta en tres pilares:

  • Nuestro desconocimiento: hablamos de “locura”, “idas de olla”, “pasadas de rosca”… porque no sabemos en qué consiste la enfermedad, qué la causa y cuál es su tratamiento, y tampoco tenemos interés en informarnos.
  • Nuestra actitud negativa hacia la enfermedad: ponemos mala cara ante estas personas, por miedo o rechazo debido a las ideas injustificadas que sobre ellas sostenemos.
  • Nuestra conducta discriminatoria hacia ellas: preferimos no compartir trabajo, tiempo de ocio o vida familiar, les quitamos la capacidad para tomar sus propias decisiones y realizarse en su vida diaria, les restamos capacidad intelectual y vetamos su presencia en diferentes escenarios sociales.

Y este estigma se ve reforzado y ampliado por los medios de comunicación. Estos son nuestra fuente diaria de información y, si no seleccionamos y analizamos detalladamente aquello de los nos informan, nos brindarán datos estigmatizados sobre los TMG:

Estos titulares incitan a la creencia de que tener un diagnóstico de TMG es equivalente a ser una persona violenta, y eso “justifica” nuestro distanciamiento de personas con este diagnóstico. Y lo que estamos haciendo es perpetuar prejuicios sin fundamento. Debes saber que las investigaciones científicas indican que solo un 3% de la población con enfermedad mental ejecuta comportamientos violentos causados exclusivamente por el trastorno, debiéndose estos a la falta de tratamiento adecuado.

Y en eso, también tenemos nuestra parte de culpa, porque nuestro comportamiento es un arma de doble filo: primero, porque marginamos a esta población tachándolas/os de diferentes y peligrosas/os; segundo, porque agravamos su sintomatología psicológica (ansiedad, depresión, aislamiento, baja autoestima, nula confianza en las competencias propias…) dado que no cuentan con el apoyo psicosocial necesario para desarrollar una vida normalizada, y no buscan ayuda especializada por miedo a esa etiqueta de “locura”.

Entonces, ¿qué puedes hacer para evitar estos prejuicios?

  • Infórmate sobre qué es son los TMG, qué tipos hay y qué tratamientos reciben para mejorar su calidad de vida. Pueden tener una buena calidad de vida, siempre y cuando el entorno psicosocial favorezca su adaptación con sus características específicas.
  • Evita utilizar términos como esquizofrénico, depresivo, loco, retrasado… o frases tipo “está para encerrarse”, “se le va la cabeza”… en tus conversaciones diarias, porque añade connotaciones negativas y peyorativas a los trastornos mentales (que, recuerda, tú o alguien de tu entorno cercano puede padecer).
  • No ignores o infravalores la opinión y deseos de las personas con trastorno mental. Su capacidad intelectual no está afectada por este diagnóstico y, sin justificante jurídico que lo avale, tienen la potestad de tomar sus propias decisiones y desarrollar una vida normalizada. Pueden ser autosuficientes, no les restes competencia en su autocuidado.
  • No busques rasgos físicos, ni culpas o traumas en la familia de origen. Las causas responden a un modelo biopsicosocial, del que todavía tenemos mucho por descubrir. No es culpa de la persona, ni de su familia. Acepta, ayuda y no discrimines.
  • Intenta normalizar el diagnóstico, como si se tratase de cualquier otra enfermedad (cardiovascular, ósea, respiratoria…). Trata de minimizar el contenido negativo que tiene asociado.
  • Las personas no son esquizofrénicas, bipolares, depresivas… son personas CON esquizofrenia, CON trastorno bipolar, CON depresión. El diagnóstico no las define, sino que forma parte de su identidad, suponiendo solo una faceta de las múltiples que conforman su vida y personalidad (al igual que en ti).

Infórmate, acepta y no discrimines porque ¿quién de nosotros es lo suficientemente” normal” como para decidir lo que se considera “normal” o no?

 

Vanesa Pernas Martínez

Psicóloga sanitaria

Psicóloga de los Servicios Municipales de Igualdad del Ayuntamiento de Mieres (Asturias)

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar (Valencia)

 

 

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