El bienestar de las rutinas

 

El cerebro humano ha sido diseñado para buscar estabilidad en la conducta. El cerebro entiende que: si algo es predecible, es seguro. De hecho, el mayor generador de ansiedad en las personas es precisamente lo contrario: la incertidumbre.

 

Por ejemplo, en los hospitales generalmente la gente tiene más ansiedad en las salas de espera, que junto a la cama del enfermo, independientemente de la enfermedad que sufra éste. Cuando se conoce la noticia, aún siendo mala, el cuerpo se prepara para buscar paulatinamente la calma.

 

Así pues, las cosas predecibles nos generan tranquilidad, la incertidumbre: malestar.

 

Desde hace unas semanas me estoy levantando temprano. Caliento un vaso de leche en el microondas. Le echo un par de cucharadas de Nescafé y las mismas de azúcar. Me la tomo sin sentarme, pero despacio. Luego me pongo ropa deportiva y salgo a correr hasta el puerto. Cuando llego a casa hago algunas flexiones y abdominales mientras escucho Vaughan Radio. Me ducho, me visto, y como una manzana en el trayecto que discurre entre el piso, el ascensor y la calle.

 

Observándome, me di cuenta de la sensación de bienestar que me había generado esa manzana, junto al resto de la rutina. Cada día me metía en una dinámica que hacía bastante predecible todo lo que iba a pasar desde que me levantaba hasta que llegaba al trabajo. Sin ser realmente divertido, sí era muy placentero.

 

Teniendo en cuenta esto, es fácil pensar por qué en nuestras consultas los psicólogos de Valencia buscamos generar rutinas de comportamientos y horarios en los pacientes que sufren una profunda depresión.

 

La sensación de desestructuración, la falta de horarios, las agendas impredecibles o vacías y la falta de periodicidad en las rutinas, están detrás del estancamiento y deben ser uno de los focos de intervención en cualquier terapia que pretenda elevar y mejorar el estado de ánimo.

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