El papel de víctima en la vida

 

La educación que hemos recibido, sumado a las experiencias por las que hemos pasado, y una voluntad por mantener una actitud determinada hacia la vida, nos provoca que adoptemos un rol determinado en nuestras vidas.

 

En algunas ocasiones, el rol que tomamos es el de personas fuertes y psicológicamente resistentes, como aquel Viktor Frankl que, encerrado en un campo de concentración nazi, encontraba cada día razones para darle un sentido a la vida. Razones que luego plasmó en su magnífico libro “El hombre en busca de sentido”

 

Otras personas adoptan el papel de víctimas, de seres sufrientes, y ven pasar los años sin levantar cabeza.

 

No creo que a estas últimas les pasen cosas más negativas que a las primeras, ni al contrario.

 

Simplemente es un “como te lo tomas” continuo lo que hace que acabes siendo partícipe de las primeras, o te acabes incluyendo en el grupo de las segundas.

 

A las “víctimas” la sociedad tampoco les niega la ayuda. No las aparta. Son personas que reciben buenos consejos, buenas pautas, que están rodeadas de gente que las apoya, pero que por algún motivo no marcan constancia para aceptar esta ayuda.

 

La abandonan. Se abandonan a sí mismas a un sufrimiento continuo, como si su cuerpo fabricase una droga tremendamente adictiva cada vez que sienten tristeza, y tienen necesidad de ella.

 

Cuando escuchas hablar a una víctima, parece que le van las cosas realmente mal. Siempre. Luego te das cuenta de que lo que te va contando son situaciones por las que todos pasamos a lo largo de nuestra vida. Quizá problemas con su pareja, con sus padres, con sus hijos. Quizá problemas en el trabajo, o por no tener trabajo. Son situaciones de la vida cotidiana que completan hasta el extremo todas las conversaciones que mantienes con la víctima.

 

Cuando lo sumas todo, te da una vida normal. Una vida con tropezones, con discusiones, con gente que la odia y la aparta, con rencores y malas palabras. Pero no mucho más de lo que todos nosotros hemos sufrido alguna vez.

Las conversaciones con la víctima se hacen selectas. Lo positivo se obvia, se aparta y se distancia. Quizá exista, pero se desconoce.

 

La luz y el foco de atención se dirige a lo negativo, a las desgracias, a las malas relaciones con su entorno y lo mal que la trata la vida.

 

Y ¿es posible el cambio?

 

Es una pregunta difícil de responder, porque en psicología sabemos muy bien que todo cambio psicológico es posible si es profundamente deseado, pero ¿las víctimas desean realmente cambiar?

 

Lo normal sería pensar que sí, porque al fin y al cabo hablan continuamente de lo mal que les va. Pero cuando uno se da cuenta de que han rechazado o ignorado tantas, tantas veces ayuda externa, empieza a tener dudas de esa afirmación.

 

Hay veces en las que sí, han cambiado. Se han rodeado de gente con un alto interés por el crecimiento y desarrollo personal y se les ha contagiado este ánimo. Han leído. Han ido a conferencias. Cursos. Han viajado y conocido otras culturas, otras formas de pensar. Y este interés ha logrado que, finalmente, la víctima acepte un papel de dueña de su vida, dueña de las cosas que le pasan, y tome las riendas de su futuro.

 

A partir de ahí, el ser sufriente es consciente de todo lo positivo. Lo acepta y es capaz de incluirlo en el re-cuento de experiencias que en un futuro contará a sus nietos, cuando éstos le pidan: “Abuelito/a, ¡háblanos de tu vida!”

 

 

Psicólogo Fernando PenaFernando Pena

Psicólogo con consulta clínica privada y profesor de Psicología Clínica en el Instituto Europeo de Formación de Formadores. Director del Máster de Psicología Clínica de la AEPCCC en Valencia. Responsable del consultorio psicológico del periódico Las Provincias. Asesor de psicólogos sanitarios para la Agencia de Publicidad AMA.

E-mail: Fernando@cop.es
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