El poder del pensamiento

Desde que tenemos razón de ser no hemos dejado de pensar, pues es imposible hacerlo, incluso si has probado en dejar “la mente en blanco” seguramente hayas estado repitiéndote: “no pienses en nada, deja la mente en blanco”, pero eso mismo sigue siendo un pensamiento. La manifestación de los pensamientos se hace mediante nuestro propio discurso, es decir, todo aquello que verbalizamos ya que es la manera en la que éstos toman forma. Al igual que en muchos otros aspectos cognitivos, se pueden presentar ciertos trastornos en el pensamiento, pero hoy nos centraremos en aquellos aspectos no patológicos.

¿Cómo funciona la mente?

Por lo general, terminamos actuando de la misma manera que pensamos y este aspecto es explicado mediante la teoría ABC, la cual considera que A(una situación/estímulo) + B(la interpretación que hacemos, es decir, lo que pensamos) = C(conducta, emociones, consecuencias). Por lo que cuando una situación nos perturba, no es realmente la situación la que genera el malestar, sino lo que pensamos e interpretamos sobre la misma. Es por ello mismo que no siempre reaccionaremos igual ante un mismo estímulo. En este aspecto, las investigaciones han demostrado que existen patrones de pensamiento característicos en los diversos trastornos psicológico, por ejemplo en la ansiedad los pensamientos son anticipatorios y catastrofistas, con ideas e imágenes de que algo malo va a ocurrir y no se puede hacer nada para evitarlo.

No obstante, como ya he mencionado, también hay diversas distorsiones cognitivas presentes en la población en general, referidas como pensamientos irracionales con carácter no patológico. Éstos influyen de manera directa en nuestras conductas y se vuelven problemáticas cuando no somos capaces de identificarlos y creemos que se ajustan a la realidad. Algunas de las distorsiones cognitivas más comunes son las siguientes:

  • El pensamiento polarizado: clasificar en términos extremos y opuestos, como “bueno frente a malo”, “correcto frente a incorrecto”, etc.

  • Focalizar en lo negativo: Valorar las situaciones globales de forma negativa por determinados hechos particulares, como si toda la situación fuera solo ese hecho. Ejemplo: “ mi vida es un desastre” o “las vacaciones han sido lo peor”.

  • Sobregeneralización: Sacar conclusiones generales de hechos particulares, uso del “siempre”, “nunca”, “todos”. Ejemplo: Es posible que te ocurra cierta cosa con asiduidad, pero estás seguro que pasa ¿absolutamente siempre?, una mala experiencia no hace que las siguientes veces tenga que ser igual.

  • Interpretación del pensamiento: Suponer las razones o intenciones de las otras personas sin prueba alguna. Ejemplo: “Eso lo dice porque está pensando…” o “ eso se debe a que él/ella…”.

  • Visión catastrófica: Ponerse en la posibilidad de que ocurrirá lo peor. Ejemplo: “¿y si ahora cojo el coche y tengo un accidente y no vuelvo nunca a casa?” o ¿y si sucede tal cosa?”

  • Personalización: Tendencia a relacionar lo que sucede a nuestro alrededor como relacionado con nosotros. Ejemplo: “eso lo dice por mi”

  • Falacia de control: Creer de una manera extrema que uno tiene todo el control o responsabilidad de las cosas, o lo contrario, que uno está controlado por las circunstancias y no puede hacer nada. Ejemplo: “ no puedo hacer nada por…” o “yo soy responsable de todo…”

  • Etiquetas globales: Ver a los demás o a uno mismo con ciertos criterios generales, ignorando otros aspectos. Ejemplo: “soy un…”, “es un…”, o “son unos…”.

  • Culpabilidad: echarnos toda la responsabilidad de las acciones viéndonos como personas viles e indignas, o bien haciendo lo mismo con los otros. Ejemplo: “ por mi culpa…”

  • Tener razón: No considerar que cada persona tiene puntos de vistas distintos y tratar de luchar por imponer el propio criterio. Ejemplo: “ me da igual lo que digas, llevo la razón” o “no voy a escucharte, sé que estoy en lo cierto”.

Como habrás podido comprobar, seguramente tengas o hayas tenido pensamientos de los mencionados, los cuales han condicionado tus conductas. Y no es que simplemente pensemos así porque sí, sino que también se ha producido un aprendizaje a lo largo del tiempo que hace que finalmente el proceso de interpretación de las situaciones surja de manera inconsciente y automática. En estos casos es interesante aprender a ser consciente de esos pensamientos y de las sensaciones que te provocan, enfrentarte a ellos y cuestionarlos, para desautomatizar su validez y generar otros pensamientos mucho más funcionales. Por lo que si te enfrentas a un pensamiento catastrófico, por ejemplo, en vez de anclarte en “algo terrible va a suceder”, el generar alternativas más realistas como “no hay peligro, lo peor que me puede suceder es tener ansiedad”, haría que la interpretación primaria (negativa) se fuera desvaneciendo y por ende tus conductas también. Aprender a cambiar los pensamientos irracionales te va ayudar a controlar el malestar provocado por los mismos, además de poder afrontar las situaciones temidas.

Rut Mares Arnal

Psicóloga General Sanitaria y Psicogerontóloga

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, en Valencia.

Contacto: rmpsicologavlc@gmail.com

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