Enfoque clínico de un Trastorno de Pánico

El término pánico es de origen griego y deriva del dios del bosque y de los pastores (Pan o Panikos). Solía disfrazarse para ocultar su identidad y asustar a las personas que se cruzaban en su camino con bromas terroríficas. Causaba “pánico” y cuentan que también lo causó entre los persas en el Maratón.

El Trastorno de Pánico pertenece al grupo de los Trastornos de Ansiedad. Esta denominación suele utilizarse para nombrar la experiencia, de forma brusca, de un intenso miedo acompañado de sintomatología física. Suele ser dos veces más común en mujeres que en hombres, y aparecer los síntomas antes de los 25 años. Aunque pueden aparecer hacia los 35 años. En niños también puede aparecer, no siendo diagnosticados hasta su edad adulta.

Según el DSM, un ataque de pánico es la aparición de súbito de miedo intenso o de malestar agudo que llega a la máxima expresión en minutos. Durante este tiempo se producen cuatro (o más) de los síntomas siguientes:

  • Palpitaciones.
  • Sudoración.
  • Temblor o sacudidas.
  • Sensación de dificultad por respirar y asfixia.
  • Sensación de ahogo.
  • Dolor o molestias en el pecho.
  • Nauseas o malestar abdominal.
  • Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
  • Escalofríos o sensación de calor.
  • Parestesia (sensación de entumecimiento o de hormigueo)
  • Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de sí mismo).
  • Miedo a perder el control o volverse loco.
  • Miedo a morir.

Estos efectos fisiológicos no tienen nada que ver con el consumo de medicamentos o de otros tipos de sustancias. También se deben descartar causas biológicas. El ataque de pánico se puede confundir con un ataque cardíaco, e incluso algunos síntomas pueden perdurar más de una hora. La persona que vive estos episodios vive con el miedo constante de que vuelva a pasar, causando un miedo irracional cuando se encuentra sola o lejos de casa.

Es un trastorno común en todos los trastornos de ansiedad, puesto que todo aquel que ha sufrido alguno de éstos trastornos ha padecido algún episodio de ataque de pánico. Pero también se han dado episodios en la población no clínica.

Existen varios tipos de ataques de pánico:

  • Ataque de pánico inesperado (imprescindible para su diagnóstico que esto suceda). Ocurre de forma espontánea sin que haya un disparador situacional o señal que lo active.
  • Ataque de pánico limitado situacionalmente. Es característico de las fobias especificas y sociales, y aparece inmediatamente después del estimulo o la señal disparadora. Suele ocurrir casi siempre que después de la señal o incluso antes de ésta.
  • Ataque de pánico predispuesto situacionalmente. A veces ocurre asociado a alguna señal y a veces no. Incluso puede no ocurrir inmediatamente tras la exposición a la señal. Se suele dar en el trastorno de pánico con agorafobia, pero a veces en las fobias específicas y sociales.

 

A la hora de hacer un diagnostico se llevará a cabo un examen médico y una evaluación psiquiátrica. Descartando posibles patologías fisiológicas, abuso de drogas y alcohol o consumo de medicamentos.

¿Qué tratamiento podemos llevar a cabo para paliar los síntomas?

Suelen ser tratamientos combinados de medicación (para controlarlo a nivel fisiológico) y terapia (para controlarlo a nivel emocional y cognitivo). Es importante entender la situación para poder llegar a controlarla. Reconocer los pensamientos que causan el pánico y conseguir reemplazarlos para disminuir la sensación de indefensión. Aprender a relajarse y manejar el estrés. E incluso imaginar las cosas que causan la ansiedad y practicar en situaciones reales comenzando con la que menos miedo nos ocasione.

También sería importante cambiar los hábitos diarios para reducir la gravedad de estos ataques, como: No tomar alcohol, comer a horas regulares, dormir lo suficiente, hacer ejercicio y evitar la cafeína, los estimulantes y ciertas medicinas. Y sobre todo, es muy importante aprender a aceptar nuestras emociones para poder trabajar con nosotros mismos.

 

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