¿Qué harías si no tuvieras miedo?


 

“El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que lo conquista”

    Nelson Mandela

 

 

 

Si hiciésemos esta pregunta y pudiésemos apuntar todas y cada una de las respuestas que nos dan, probablemente serían tan dispares como las personas que la contestan.

Un día se la hice a una amiga, y su respuesta fue: VIVIR. Una respuesta curiosa sin duda, a pesar de que quizá alguna persona más hubiese contestado lo mismo. ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer cosas por miedo? Alguna persona diría “muchas” otras “pocas” pero todas coincidirían en que algo, pequeño o grande, han dejado de hacer. Es indudable que todos hemos sentido y sentimos miedo. Pero si analizamos fríamente esto ¿Sentir miedo nos impide realizar nuestros sueños? ¿Nos impide vivir?

El miedo es una emoción básica y a pesar de que existe una generalización de rechazo al miedo lo cierto es que, si no tuviéramos miedo, al contrario de vivir, nuestra vida correría peligro. El miedo es una emoción adaptativa, nos avisa de los riesgos del entorno, nos activa para combatirlos o escapar y nos motiva para luchar hasta el final. Imagínate que estás delante de un león que te quiere atacar. Lo primero que harías posiblemente sería correr sin parar y seguramente correrías tanto que en otras circunstancias te sería imposible, pero en esta sí. ¿Podríamos hacer esto sin sentir miedo? ¿Y qué pasaría si no corriésemos?

Pero a pesar de ser una emoción adaptativa y útil muchas veces se convierte en lo contrario. ¿Qué pasa cuando en lugar de ser adaptativo se vuelve disfuncional?

El miedo comienza a ser disfuncional cuando lo que ocurre a consecuencia de sentir ese miedo es mucho peor que lo que ocurriría si no lo sintiéramos. Cuando no nos ayuda, sino que nos daña. La relación entre activación y rendimiento mantiene la forma de «U» invertida (Yerkes y Dodson, 1908), si nuestra reacción se convierte en excesiva, disminuye su eficacia, ya que se sobrepasa el nivel óptimo de activación. Esto es, el excesivo nivel de activación puede bloquear al individuo porque éste no goza de una buena capacidad para canalizar ese excesivo grado de activación. Y es en estas circunstancias cuando el miedo empieza a ser un problema.

¿Cómo conseguir combatir el miedo y no dejar que entorpezca nuestra vida?

Lo veremos con un ejemplo práctico; imagínate una situación de miedo, por ejemplo que tienes dar una charla muy importante delante de mucha gente:

  1. Identifica la sensación de miedo y sus formas de expresión en ti. Probablemente notes tu corazón acelerado, que te sudan las manos y sientas mucha inquietud.
  2. Identifica la situación y analízala. Muchas veces sentimos miedo y no sabemos exactamente por qué, y otras nos excusamos o postergamos sin saber que la base de todo es el miedo. ¡Analiza la situación! En este caso: “Es un miedo normal, es una charla importante y cualquiera sentiría esto”
  3. Identifica tus pensamientos, creencias y sentimientos ante dicha situación. Muchas veces éstos están basados en sesgos, creencias irracionales o cogniciones distorsionadas. El miedo a veces no tiene fundamento y para eso tenemos que reflexionar profundamente acerca de todo esto. “No voy a ser capaz” “Me voy a quedar en blanco” “Se van a reír de mi”
  4. Acepta todo lo que está ocurriendo. Tanto la emoción de miedo y sus manifestaciones como la situación que nos desagrada o los pensamientos que tienes. Aceptar lo que está ocurriendo y analizarlo es el primer paso para cambiarlo. No podemos cambiar algo de lo que no somos totalmente conscientes. “Siento miedo y es algo normal ante esta situación”
  5. Controla tú la situación. ¿Realmente el miedo tiene ese poder sobre ti? ¿O eres tu quien le está dando poder al miedo? Tener en mente que el miedo es algo que se puede vencer es algo importante. “Voy a hacerlo igual, sé que el miedo es algo que pronto se pasará cuando esté haciéndolo”
  6. Busca formas de afrontarlo:
  • Exponte gradualmente a lo que te da miedo.
  • Practica la relajación para controlar los síntomas asociados.
  • Haz una reestructuración cognitiva.
  • Usa tu mente para buscar soluciones y calma, no para bloquearte.
  • Utiliza la parada del pensamiento cuando te bloquees.
  • NUNCA reafirmes tu temor: “no lo puedes vencer” “no lo vas a lograr” “va a pasar lo peor”.
  • Recompénsate. Cuando hagas cosas que te ayuden a afrontar lo que temes, aunque sea un pasito muy pequeño, prémiate.
  • Y si no eres capaz solo no dudes en pedir ayuda, recuerda que la mente, al igual que el cuerpo muchas veces necesita cuidados especiales. ¡Y no pasa nada!

El miedo es una emoción básica, y como tal, todos lo sentimos, pero no debes dejar de preguntarte ¿Si todos lo sentimos por qué yo no puedo combatirlo cuando otros sí que pueden?

¡Tú también puedes, no lo olvides!

 

www.miconsulta.es

Eva María Rodríguez Vicente, psicóloga jurídico-forense, colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, Valencia

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2 Comments to ¿Qué harías si no tuvieras miedo?

  1. Francisco José Teijido López dice:

    El ejemplo utilizado supone la situación típica del miedo anticipatorio, el peor miedo que existe porque nuestro subsconsciente, si es que eso existe, procesa mal lo que debería ser la precaución, el razonamiento anticipatorio, con la percepción de peligro.
    Dar una charla, hacer un examen, hacer un viaje… no son situaciones que deban provocar miedo porque no son situaciones reales de peligro; aparece el miedo anticipatorio cuando las percibimos como un peligro que está por venir y, en ese caso, ¿qué medidas vamos a tomar?. Si se activan los mecanismos de alerta liberamos adrenérgicos (simpático) y hormonas de alerta (cortisol) que provocan las reacciones fisiológicas asociadas: se acelera el corazón, la respiración, los músculos aumentan el tono, las pupilas se abren, los sentidos se ponen alertas… nos preparamos para el peligro pero ese peligro no existe; nuestro cuerpo se prepara para nada. Como hecho aislado no tiene más recorrido pero la repetición permanente nos lleva a la ansiedad. Más aún, nuestro cuerpo se acostumbra a este tipo de reacciones y pone en marcha los mecanismos ante peligros imaginarios, y ahí ya entramos en un disfunción patológica.
    El miedo es necesario; el miedo anticipatorio hay que eliminarlo.

  2. Fran Hernández dice:

    Muy interesante este artículo.

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