Infierno blanco

Vivimos en una sociedad moderna que cuenta con numerosos avances tecnológicos y sociales, sin embargo hay problemas cuya solución no es tan sencilla. Me estoy refiriendo al infierno en el que viven día a día los adictos a la cocaína. Dentro de esta sociedad tan avanzada, las drogas siguen siendo un tema tabú, y no deberíamos dejar de lado un tema que afecta a un número tan elevado de habitantes.

Existe un gran desconocimiento en torno a este asunto, mucha gente relaciona el consumo de sustancias ilícitas con zonas marginales o de pocos recursos económicos. Esto puede aplicarse al consumo de ciertas sustancias como la heroína, el crack o los inhalantes (pegamento, laca, aerosoles, etc.), sin embargo el consumo de cocaína en polvo es más habitual en zonas adineradas y en familias con recursos. Su elevado precio hace que no sea accesible para todo el mundo, y la gente adicta acaba gastando cantidades ingentes de dinero.

España está a la cabeza en consumo de drogas a nivel europeo, junto con Reino Unido, Países Bajos e Italia, y la cocaína es una de las drogas más empleadas. Quizás la pregunta más interesante, y a la vez más difícil de responder sea ¿Por qué la gente comienza a consumir? No hay una explicación clara que pueda dar respuesta a esta complicada cuestión. En cada persona hay unos factores distintos que disparan el consumo. En nuestro país, el consumo de cocaína es muy frecuente en ambientes festivos y en combinación con otras drogas como el alcohol y el cannabis. Sin embargo, no suele haber una puerta directa hacia esta droga, por lo general la gente accede a la cocaína siendo consumidor habitual de alcohol u otras sustancias.

Cada persona cuenta con un perfil psicológico diferente, nadie sabe cómo va a reaccionar ante una primera dosis. Quizás no le dé excesiva importancia, o por lo contrario, la sensación experimentada empape su memoria de tal forma que la próxima vez que tenga esta sustancia a su alcance no dude en consumirla. La adicción se desarrolla de manera extremadamente rápida y la tolerancia avanza a la par que la adicción. Cuando el consumo se vuelve diario comienza el verdadero problema. El comportamiento de los adictos se vuelve inusual, el dinero desaparece, y las sospechosas historias que tratan de explicar su llamativo modo de actuar se multiplican. Si no hay dinero para conseguir droga, el adicto se las apañará de cualquier manera, ya sea robando o mintiendo a amigos y seres queridos.

Una vez llegados a este punto tenemos que confiar en que el incondicional amante del polvo blanco acepte su problema y acepte recibir ayuda profesional, ya que sin la aceptación del consumidor no hay terapia que puede resultar satisfactoria. El proceso de desintoxicación no es nada fácil, el camino es duro y el riesgo de recaída es alto, pero es la única vía mediante la cual el paciente puede recuperar las ganas de vivir y la sensación de placer sin necesitar consumir,

Durante el síndrome de abstinencia hay momentos en que los síntomas físicos son muy fuertes, existiendo temblores, sudoración, ansiedad, depresión, taquicardias, insomnio, etc. Pero estos síntomas desaparecen a los pocos días de evitar el consumo, y los ritmos circadianos comienzan a ser estables de nuevo. No obstante, el excocainómano rehabilitado tendrá que lidiar con la dependencia psicológica durante toda su vida. El recuerdo de cuan  placentero era el consumo nunca desaparece, por lo que las recaídas suelen ser frecuentes y los profesionales en este ámbito tienen que estar preparados para tratar al paciente que ha recaído de un modo distinto a cómo trata a quién está desintoxicándose por primera vez.

Principalmente distinguimos dos tipos de terapias, en primer lugar, los tratamientos residenciales, en los cuales el paciente suele permanecer lejos de su viejo círculo de amistades consumidoras y cerca de un nuevo grupo o comunidad en la que se incluyen otras personas que también tratan de abandonar el consumo y  terapeutas profesionales. En segundo lugar, existen tratamientos intensivos o ambulatorios, los cuales a su vez se diferencian en que en los primeros es necesaria una intervención frecuente y continuada y en los segundos estaríamos hablando de intervenciones específicas y puntuales.

Alexandre González Valdés

alex.gonzalez.valdes1@gmail.com

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