La dictadura de la felicidad

Actualmente vivimos rodeados de frases positivas, gente con interminables discursos motivadores repitiendo a los cuatro vientos que somos únicos, especiales y podemos lograr el éxito. Y esto puede sonar maravilloso pero ¿Hasta qué punto es positivo?

 

Decía Maslow, que incluso abogaba por la autorrealización de la persona hasta el máximo, que “el falso optimismo tarde o temprano significa desilusión, odio y desesperanza”. Quizá él también era capaz de ver que llenarse de un pensamiento excesivamente positivo, casi mágico, podría ser contraproducente. 

 

María Prieto-Ursúa (2006) ya hablaba de una tiranía para ser feliz (que actualmente parece una tendencia más clara con la aparición de Mr. Wonderful). Parece que si no eres feliz, eres una especie de bicho raro. En su trabajo, afirma que esta tiranía puede hacer más mal que bien, pues si en algún momento no somos capaces de cumplir con la premisa de ser felices y mantener una actitud positiva porque algún evento muy negativo ha sucedido en nuestras vidas, puede generarnos un sentimiento de malestar y culpa que repercute negativamente en nuestra salud mental. “El peligro de sobresimplificación de la experiencia humana, de llevar al extremo la actitud positiva y perder de vista una parte de la realidad, personalmente me preocupa” relata la autora en las conclusiones de su trabajo.

 

Las emociones son todas adaptativas y útiles y por ende deben existir en su justa medida, ni más ni menos. Si estoy triste y no soy capaz de expresarlo, perdería una de las funciones más importantes de la tristeza: la función social, que permite a los otros significativos ver que estoy afligida por algo y poder consolarme y confortarme. 

 

 

Barbara Ehrenreich en su libro “Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo” relata su experiencia como paciente con cáncer de mama. A lo largo de algunas de sus páginas se puede ver como muchas mujeres con cáncer relatan la enfermedad y la experiencia como un gran regalo, obviando la gran mayoría de síntomas y pasos verdaderamente terribles, dolorosos y molestos, ocultando la cara oscura de una enfermedad. Es evidente que la resiliencia ante una situación adversa es maravillosa, pero no puede ser una excusa para dejar de ver aquello que es negativo y que merece ser llorado.   

 

Parece que el pensamiento positivo viene acompañado de una invalidación de las propias emociones, intentando de alguna forma que nos sintamos bien a toda costa, renegando y ahogando nuestras propias emociones en frases como “no sabía qué ponerme y me puse contento” o “hoy me he puesto una sonrisa, que combina con todo”. 

 

Estamos en un mundo que navega entre la actitud positiva de Victor Küppers y “el sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda” de Mark Manson; entre el pensamiento y la actitud más positiva ante la adversidad y la cara más cruda de la vida. Y puede ser que ambos sean buenos en su justa medida. 

 

Para finalizar, deseo dejar un vídeo donde Odin Dupeyron profundiza un poco en esta idea que él prefiere denominar pensamiento mágico pendejo

 

 

Elena Amiano Pardo

Psicóloga 

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, Valencia

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