La evolución del ente humano

Recuerdo una conversación que tuve con un amigo en la cafetería de la facultad cuando estaba estudiando la carrera de Biología. En aquella conversación surgió una pregunta que aún hoy en día le sigo dando vueltas, de vez en cuando…la pregunta era: ¿el hombre sigue evolucionando? ¿o sigue siendo el mismo homo sapiens que surgió de aquel salto evolutivo que la ciencia llama mutación y Kubrick simbolizó mediante un ente sobrenatural llamado monolito, y que dio lugar a la inteligencia?. Pues bien, un biólogo diría que el hombre, en el más puro sentido biológico, dejó de evolucionar en aquel momento en que una mutación le dio este arma tan potente llamada inteligencia dado que no se han vuelto a producir mutaciones que den lugar a otro proceso de especiación que dé paso a un ser diferente de lo que somos. Podríamos pensar que la selección sexual, mecanismo mediante el cual en el ser humano la mujer elige a los hombres líderes con las características más alfa de la sociedad, podría estar produciendo una lenta evolución hacia un ser humano todavía más inteligente. Pero esto no es cierto, dado que la diversidad humana es tal que dependiendo del contexto en el que estemos unas características serán consideradas alfa y en otro contexto diferente todo lo contrario.
También es cierto que más de uno sabemos que cuanta más capacidad de pensar tiene una persona más se lo piensa a la hora de tener hijos y viceversa… (me viene a la mente una película muy significativa llamada Idiocracia), con lo cual se inhabilitaría este mecanismo evolutivo . Otra cosa a tener en cuenta es que la característica deseable por la mujer, que es la que lleva la batuta en esta selección sexual, no tiene por qué ser la inteligencia. Todos hemos conocido al chulito de nuestra pandilla de cuando éramos jóvenes que era el que más ligaba y no era precisamente el más inteligente…
En fin, todo esto nos pone en una posición en la que podemos llegar a pensar: no, la especie humana ni evoluciona ni va a evolucionar, lo único que evoluciona son sus productos como la tecnología y la cultura, y como nos descuidemos como mucho, si sigue perdurando este sistema capitalista injusto, se acabará produciendo una segregación entre dos especies diferentes, la de líderes económicos cuyas características genéticas serán las de tener pocos escrúpulos al más puro estilo hombre de las cavernas, y la del resto de humanos divididos entre los que intentan luchar por cambiar las cosas y los que aceptan de forma pasiva que el mundo debe ser así.
Dicho esto y años más tarde, siendo ahora psicólogo, volví a retomar esta reflexión recientemente pero esta vez con una visión más global del asunto. Cómo decía Descartes el hombre es un ser dual, animal y espiritual o racional, la psicología se ha encargado de ambas, el psicoanálisis y el conductismo se han ocupado del animal mientras que la psicología humanista ha tratado con el espiritual. Pienso que el ser humano es un ser que se encuentra en un momento evolutivo de transición entre el mundo animal y un mundo, sigamos llamándole, espiritual. El hombre sí que está evolucionando y veo a mi alrededor varias pruebas de ello:
– A nivel de individuo: algunas de los mecanismos que hemos heredado de lo animal, como la ansiedad, en la sociedad actual no sólo no nos sirve sino que nos crea problemas por lo que creamos fármacos y técnicas psicológicas para eliminarlos o controlarlos.
– A nivel político: revisando la historia de la humanidad y analizando la situación actual vemos como su sistema más antiguo y cercano a lo animal, el capitalismo, está llegando finalmente a su fecha de caducidad. Mientras otras ideologías más jóvenes y basadas en la razón, la parte espiritual del hombre, van ganado fuerza.
– A nivel social: asumiendo que queda mucho por hacer y que estamos hablando en todo momento de un proceso lento y de cambios graduales, a lo largo de la historia de la humanidad se han producido cambios importantes propios del ser racional: igualdad de géneros y razas, sufragio universal, accesibilidad universal, etc..
– El transhumanismo ya amenaza con convertirnos en breve en seres inmortales que no necesiten un cuerpo físico animal para sobrevivir.

Mi error fue pensar que para que se diese un cambio evolutivo era necesario el cambio o mutación aleatoria típica de la selección natural. Es posible que el ser espiritual del hombre, a modo de estrecha vinculación con el concepto de Dios, haya cobrado tanta fuerza que ya no necesite el mecanismo aleatorio de la selección natural y sea él mismo el que esté provocando dichos cambios que le convertirían en un ser plenamente espiritual, una especie de ente humano, despojándose definitivamente del sustrato al que inicialmente iba unido y del que surgió: su parte animal. Hablaríamos esta vez de un proceso de selección artificial controlado por el ser humano, como hace con los animales o los vegetales eligiendo las características que más le interesan y eliminando las que no pero esta vez aplicado a él mismo y ya no tratando con simples genes aislados sino con todas las estructuras que le vinculan al mundo animal. De esta forma y volviendo a Kubrick, daríamos un segundo salto en la escala evolutiva que nos llevaría a ser seres puramente racionales sin un atisbo de parte animal, pero esta vez no por decisión de un Dios, monolito, o cambio aleatorio, sino por decisión propia habiéndonos convertido en este sentido en un ser muy parecido a Dios: el Ente Humano.

Y esto me lleva al principio, a aquella frase que me enseñaron cuando era pequeño en el colegio, de un libro con tapa verde que se llamaba La Biblia y que decía: “… y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza… ”. ¿Y si todo este tiempo que no creí en nada de aquello estaba equivocado? Quizás aquel libro tuvo que haber dicho más bien: “… y Dios creó al hombre muy parecido a él, medio Dios medio animal, esperando que algún día se hiciese a sí mismo a su imagen y semejanza”.
Eric Bichet
Psicologo

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