Las nuevas tecnologías: úsalas, pero no las uses

¿Cuántas veces has escuchado eso del individualismo del mundo moderno? Miles de árboles se han talado para dar cabida al estudio más exhaustivo y pormenorizado de esta filosofía de vida, que es pilar de la era que nos ha tocado vivir. Y la luz del foco se dirige, con mayor ahínco, a la generación “milenial”, usuaria ferviente y apasionada de todo lo novedoso.

Partamos de la base de que somos lo que vemos (aprendizaje vicario). Y, ahora, vemos a través de las pantallas (únicamente que vivas en un remoto lugar “lejos del mundanal ruido”). Como hemos comentado en un artículo anterior, podemos tomar decisiones en función de las alternativas que nos ofrecen el entorno. No otras, por mucho que quieras o te empeñes en ello.

Y, ahora, nuestras opciones residen en la red, en los dispositivos inteligentes. Que son creados por gente de mediana edad, usados en gran proporción por personas “milenial”, y criticados por el mismo grupo de edad de los creadores. ¿Ironía?

Nos dan herramientas para vivir con más información, facilidad y comodidad… pero los reproches se derivan del uso de esos medios que nos han proporcionado. Genera disonancia cognitiva (tienes dos ideas rondando en la cabeza sobre el mismo tema, pero se contradicen entre ellas). ¿Debo usarlo? ¿En qué medida? ¿Con qué fin? Desasosiego.

Se nos coloca una losa encima, una etiqueta de ser más vagas/os, con el mundo más fácil y no saber aprovecharlo. O eres SíSí (trabajas y estudias) , o NiNi (ni lo uno ni lo otro) , o SíNo (una de las dos) . Y da igual el título que te asignen, recibirás críticas igualmente (¿conoces el cuento de la familia y el burro? Léelo aquí) . ¿Acaso hace cincuenta años trabajaba el 100% de la población? ¿Nadie, nunca hacía uso de la mal afamada pereza o vagancia?

Si dejas de estudiar tempranamente: menuda forma de echar tu vida a los tiburones (aunque estés trabajando en algo que realmente disfrutas). Si eliges estudiar… te introduces en una carrera de “títulos “. Cuántos más, mejor… ¿o no? Presión por estudiar la carrera, todos los másteres posibles (que te puedas pagar), idiomas (ya no solo vale el inglés), cursos (para mejorar tu manejo de ordenadores e Internet), jornadas… Te sacrificas, lo que puedes -o quieres -, porque la sociedad te lo exige. Presión. Presión. Presión.

Y claro, derecho al recreo y ocio. Pero cuidado, no salgas demasiado, no disfrutes de tu día a día porque “pierdes tiempo de hacer cosas productivas, de labrar tu futuro” con todas las posibilidades que te oferta el mundo moderno (en el primer mundo, claro). Producción. ¿Somos simples personas productoras de un futuro que nunca llega? ¿Quién marca el inicio y el final de esa cadena digna de la revolución industrial? ¿La sociedad? ¿La familia? ¿Cada quien respecto a sí mismo? Oyes eso de “si tuviese yo con tu edad lo que tienes tú ahora”.

Hablamos de individualización porque vivimos pegados a las pantallas (ya estés haciendo tus 8 horas de trabajo diarias-o más, en realidad suelen ser más -; o estudiando de “cañón a cañón”). Hemos reducido el contacto de tú a tú, nos refugiamos en la sociedad de la conectividad . Y es así porque a esta generación le ha tocado vivir en la revolución tecnológica. Te critican por usarla, pero quien te juzga le pone la tablet a su hija o hijo para que “no den demasiado guerra en la mesa o en el coche”. Y si tú lo usas cuando estás con más gente… ¡qué vicio tienes! No sabes disfrutar de la compañía de tus seres queridos.

Aunque nos ofrecen medios que facilitan o mejoran nuestra vida, seguimos siendo carne de crítica social, para bien o para mal. Y vivir con esa presión es, cuanto menos, estresante. Lo peor es que no nos han enseñado a manejarlo. Nunca nos dieron pautas para controlar el estrés… porque a otras generaciones no les hizo falta (o sí, pero no lo dicen). Censuran en base a unos parámetros que no sirven para valorar el ritmo actual de vida. Haciendo uso de metáforas, “te dan el martillo, no te enseñan a usarlo, y te critican por hacer lo que buenamente puedes con él. A tu edad sabía yo usar el martillo y lo que me echaran. ¡Ah!, y no te avisan de que te puedes hacer daño ”.

Entonces, ¿de quién es la culpa de los excesos o mal uso de las nuevas tecnologías?¿Hay algún culpable? ¿Qué problemas genera esta contradicción de usa la tecnología-no la uses, del sí pero no? ¿Quién establece el límite, lo que está bien y lo que está mal? La respuesta, una sola palabra: educación. Pedagogía. Aprender y enseñar.

Si quienes educan, aprenden a usar las nuevas tecnologías de un modo sano y eficaz, podrán transmitir sus conocimientos a quienes vienen detrás. Transmisión generacional, como la leyendas y las canciones populares. Pero los tiempos cambian, y la forma de educar también. ¿Estamos interesadas/os en adaptarnos a la nueva era?

Ante una ola, o aprendes a pasarla por encima o te llevará al fondo.

 

Vanesa Pernas Martínez

Psicóloga sanitaria

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al mar

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