Método de Exposición.

La exposición cuenta con una demostrada eficacia y reputación en el tratamiento de los trastornos que implican la evitación de estímulos, situaciones o pensamientos generadores de ansiedad. Huir del miedo hace que éste vaya ganando terreno y acorralando a la persona, produciendo unos niveles de terror que incapacitan al sujeto y no le permiten crecer, se desarrollan entonces trastornos con componentes obsesivo-compulsivos, ansiedad o pánico.

Numerosos estudios tratan de depurar el método de exposición para extraer la esencia del proceso terapéutico; refinar el método optimizando la mezcla para eliminar ingredientes redundantes y maximizar los elementos que promueven el cambio en el sentido deseado.

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La exposición real es probablemente más eficaz que la exposición en imaginación. En los casos en los que aquella no es posible porque es difícil controlar la aparición del estímulo ansiógenos (por ejemplo es el caso de la fobia a las tormentas) se aplica la exposición en imaginación. Para que este tipo de exposición sea efectivo es necesario que la persona realice las visualizaciones mientras relata de un modo activo la escena que está imaginando, además propiciar un estado de relajación anterior intensifica el proceso imaginativo.

Con respecto al diseño de las sesiones en vivo, la exposición se mantiene hasta que la ansiedad remite, las sesiones serán más efectivas si son prolongadas y continuas y el periodo entre sesiones es breve. Prolongar las sesiones más allá de la desaparición de la ansiedad no se ha mostrado como un factor relevante de peso terapéutico para el aumento de la habituación en los estudios de laboratorio. Por otro lado, la posibilidad de poder escapar de la situación no resta eficacia, siempre que el sujeto regrese al poco tiempo. Lo más importante en este sentido es evitar que la respuesta de escape se mantenga como señal de seguridad. Es imprescindible que la implicación emocional del sujeto sea máxima, evitando siempre la disociación y manteniendo una actitud de atención consciente. La exposición ha de generar ansiedad aunque no está claro que niveles más altos de ansiedad sean más efectivos, la intensidad de los estímulos ansiógenos dependerá de cuanto esté dispuesto a soportar el sujeto, lo cual está relacionado directamente con la adherencia al tratamiento y el abandono. Por ello la velocidad e intensidad de la exposición se adapta a lo que el sujeto esté dispuesto a tolerar.

El peso terapéutico de la autoexposición como estrategia muy beneficiosa se ha demostrado en numerosos estudios. En este sentido es imprescindible contar con un buen manual y diarios de autorregistro. Entender los mecanismos de la exposición es sencillo, hay personas capaces de autoaplicarse el tratamiento sin necesidad de intervención del clínico, sin embargo en la mayoría de las ocasiones el sujeto necesita ayuda. La función del terapeuta en estos casos, además de educativa, será la de adaptar el tratamiento de un modo flexible a las condiciones del sujeto, realizar supervisión, modelado cuando sea necesario y a nivel motivacional reforzando los logros alcanzados.
En cualquier caso, el diseño definitivo de las sesiones a partir de estos parámetros se fijará en cada caso concreto a partir de la experiencia del clínico, en función de las características del sujeto: recursos de los que dispone; capacidad de afrontamiento; motivación para el cambio; progreso de la evolución y de las características del trastorno que presenta: tipo de fobia; posibilidad de realizar la exposición en vivo versus en imaginación o el tiempo que lleva la persona afectada por el trastorno.

Raquel Cabrera, Psicóloga.

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