Tratamiento del insomnio en niños en Valencia

En contra de las creencias populares, los niños no están exentos de padecer trastornos del sueño. Los niños necesitan para crecer sanos tener un sueño reparador y profundo.

Los seres humanos poseemos unas neuronas cerebrales que establecen el reloj biológico y la alternancia sueño-vigilia determinado por los ciclos de luz y oscuridad que se dan a lo largo del día y la noche. Esto nos permite dormir a ciertas horas, y estar despiertos a otras. En condiciones de oscuridad, nuestro cerebro segrega de forma natural la hormona melatonina, que facilita el sueño, y que se inhibe en condiciones de luz. Aproximadamente a partir del tercer mes de vida se aprende a sincronizar los ciclos de luz y oscuridad con los ciclos de sueño-vigilia.

 

 

¿Cómo tratamos en consulta el insomnio infantil y juvenil?

Debemos lograr que se desechen los hábitos de sueño mal aprendidos, ya que el objetivo del tratamiento es conseguir que el niño aprenda a dormirse solo, bajo condiciones que pueda repetir si se despierta en mitad de la noche. Debemos lograr que el niño haga la transición del sueño a la vigilia, sin que sus padres participen.

Lo más normal es que se inicie el tratamiento en fin de semana, para que si los padres no pueden dormir por la noche, puedan hacerlo por el día en forma de siestas.

Entrenamos a los padres en una serie de habilidades, basadas en el método Ferber, que pondrán en práctica con el niño, como por ejemplo:

  • Preparar la habituación del niño para que este oscura, tranquila y a buena temperatura.
  • Los padres pueden estar con el niño mientras se calma y comienza el proceso de dormir, pero no deben esperar a qué lo haga, ya que debe acostumbrarse a hacerlo solo, sin que sus padres estén delante. Esto hará que cuando se despierte por la noche y esté solo, pueda volver a dormir, y no busque a sus padres.
  • Si el niño llora, no se debe acudir de forma inmediata, sino que hay que ir retrasando en el tiempo la aparición de los padres, y el niño no se moverá de la cama hasta que esté tranquilo. Una vez este de nuevo calmado, los padres deben abandonar la habitación.
  • El proceso debe repetirse hasta que el niño se quede dormido.

Este proceso puede parecer, y ser, costoso, sobre todo las primeras noches. Este tratamiento solo tendrá éxito si los padres son persistentes y consistentes con el, y no cedemos a la tentación lógica de coger al niño y sacarlo de su cama.

Los padres no deben mostrar enfado ni frustración, y las mejorías suelen verse a partir de la tercera o cuarta noche. Se aconseja a los padres que cumplimenten un pequeño diario con el objetivo de documentar el avance, y de esta forma, nosotros, como profesionales de la psicología, podemos supervisar el proceso.