Pensamiento Contrafáctico “¿Y SI…?”

Desde la infancia, las personas estamos capacitadas para tomar todo tipo de decisiones. Estas decisiones dictaminarán los múltiples caminos por los cuales andaremos en nuestra vida y dependiendo de la decisión que tomemos cerraremos algunas puertas y abriremos otras nuevas que nos llevaran a tomar otras decisiones nuevas y así sucesivamente. Somos quienes somos gracias a las consecuencias de estas pequeñas o grandes decisiones que hemos ido tomando a lo largo de nuestra vida y que han ido determinando nuestra identidad y nuestra forma de relacionarnos con el mundo.

A pesar de ello, muchas veces, no somos del todo felices con algunas de estas decisiones y de la forma que ha tomado nuestra vida como consecuencia de estas, por lo que no podemos evitar formular los conocidos “¿Y si…?”. ¿Y si le hubiera dicho que la quiero? ¿Y si hubiera estudiado medicina en lugar de psicología?
En muchas ocasiones pensamos que habría ocurrido si hubiéramos actuado de forma diferente y realizamos juicios de causalidad “Si le hubiera dicho las cosas de otra forma, entonces no se habría enfadado conmigo”.
Como ejemplo podemos observar este fragmento de la película de 2008 “El curioso caso de Benjamin Button” dirigida por David Fincher, en el cual, el personaje interpretado por Brad Pitt explica que habría ocurrido si no se hubieran dado una serie de acontecimientos:

Este tipo de pensamiento, es conocido como “pensamiento contrafáctico” y consiste en la comparación de la realidad con las posibles alternativas pasadas o futuras. Estas comparaciones afectan a numerosas áreas de nuestra mente, como la forma en la que procesamos la información, nuestra memoria o a la forma en que resolvemos problemas, puesto que recordamos los acontecimientos conforme ocurrieron en nuestro pasado y formulamos alternativas de escenarios que podrían haber ocurrido si hubiéramos tomado una decisión diferente. Cuando nos enfrentamos a un problema o una situación que ya hemos vivido con anterioridad, nos ayuda a evaluar las alternativas que no funcionaron entonces y que pueden funcionar en esta ocasión.

Por ejemplo, el año pasado estuvimos pensando en cambiarnos de operadora de nuestro teléfono móvil pero finalmente decidimos no hacerlo. Ahora después de un año, pensamos que quizás podríamos haber ahorrado mucho dinero si nos hubiéramos cambiado de compañía.

Estas afirmaciones implican que de una forma u otra, a través de nuestras decisiones, pensamos podríamos cambiar o haber cambiado nuestra realidad. Podemos comparar acciones con nuestro pasado o también pensar en las consecuencias futuras y ambas acciones pueden afectar a nuestra salud mental.

Fijar constantemente nuestros pensamientos en el pasado, puede hacer que nos sintamos mejor acerca de nuestra situación actual (“Si no me hubiera casado tan joven, quizás ahora no tendría a mis maravillosos hijos”) pero en otras muchas ocasiones también puede hacer que experimentemos sentimientos negativos acerca de nosotros mismos como consecuencia de las malas decisiones que nos hacen sentirnos infelices (“Si hubiera estudiado más, tendría un trabajo mejor”).

Al contrario, fijar nuestros pensamientos en el futuro puede llevarnos a estados de ánimo que causen estrés y ansiedad puesto que imaginamos escenarios que no han ocurrido aún y generamos alternativas imaginarias cuando realmente no sabemos qué ocurrirá con certeza (“¿Y si hago esto? Entonces quizá pierda mi trabajo y…”, “¿Y si me pongo enferma? Entonces tendré que ir al hospital y…”). Esto provoca que tengamos unas expectativas distorsionadas de la realidad actual y a que tomemos decisiones influenciados por el miedo a las posibles consecuencias futuras que desconocemos pero imaginamos.

En ambos casos, la clave está en reconocer que vivimos en el momento presente. Cuando nos veamos enfrascados en el pasado, debemos tener en cuenta que en ese momento tomamos la decisión que pensábamos que sería la mejor en base a la información que teníamos y en base a nuestra experiencia. Y por el contrario, cuando veamos que anticipamos el futuro debemos tener en cuenta que los escenarios que imaginamos no tienen por qué ocurrir y centrarnos en analizar correctamente la información que tenemos a nuestro alcance y lo que nos dicta nuestra experiencia para tomar la mejor decisión posible.

Ana Cardo Sancho
Psicóloga Colaboradora en el Centro de Psicología Sanitaria del Grupo Papillón S.L.

Comparte en: Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.