¿A un psicólogo? ¡Si yo no estoy loco!

 

            Solo se ve lo que se mira y solo se mira lo que se tiene en mente

       Alphonse Bertillon

 

 

 

 

 

 

 

Juan está jugando al baloncesto con sus amigos, se hace daño en una pierna y acude al médico a que le haga una exploración y le facilite las indicaciones necesarias para sanar la pierna. Sara suele acudir a menudo al ginecólogo, no es poco importante llevar a cabo unas revisiones que le indiquen que todo marcha bien. Nuria suele ir al dentista todos los años, a menos que exista dolor o complicaciones en su dentadura lo que apresurará nuevas citas. Diego hace deporte y no se le olvida que la fisioterapia le ayuda a su cuerpo a encontrarse en un buen estado, evitando futuras complicaciones. Noelia lleva una etapa sufriendo problemas de sueño y ansiedad, decide ir al psicólogo a que le facilite unas herramientas para afrontar su rutina nuevamente. ¿O no?

Todos somos Juan, Sara, Nuria o Diego pero muy pocos somos Noelia. La cantidad de mitos asociados a la psicología, así como el prejuicio que existe respecto a ir al psicólogo hoy en día sigue siendo un gran problema en nuestra sociedad. Nadie sacaría la conclusión de que estás gravemente enfermo cuando acudes a consultas como el ginecólogo, el dentista o el médico, todos entendemos que es necesaria una revisión y que nos ayuden a prevenir posibles enfermedades, pero sí sacaríamos la conclusión de que ir al psicólogo es de locos.

¿Por qué es diferente?

El cerebro se ocupa de controlar funciones vitales, (temperatura, presión sanguínea, tasa cardíaca, respiración, sueño, hambre…) recibe, procesa, integra e interpreta toda la información sensorial (vista, oído,  gusto, tacto y olfato) controla los movimientos que hacemos y la posición postural (caminar, correr, hablar, estar de pie) controla las funciones cognitivas superiores ( memoria, aprendizaje,  percepción, funciones ejecutivas) y es el responsable de nuestras emociones y conductas; nos permite pensar, razonar, sentir y SER.

¿No merece acaso nuestra atención y cuidado?

Nos mostramos muy concienciados con la salud física mientras que los problemas que podamos tener en relación a nuestra mente los dejamos en un segundo plano, esperando y creyendo que el tiempo lo cura todo. Y no siempre funciona así. De hecho, es bien conocido por la comunidad científica que la mente influye en el cuerpo. Creemos que somos capaces de superar cualquier bache de la vida y que lo único que necesitamos es serenarnos y darle tiempo al tiempo. Tendemos a procrastinar en mayor medida el cuidado de la salud mental que el cuidado de la salud física. Y no siempre contamos con la misma fortaleza mental, no siempre funcionan las mismas estrategias para todos los problemas y mucho menos podemos considerarnos objetivos si evaluamos la realidad desde nuestros propios esquemas mentales.

Los psicólogos somos profesionales de la salud y, teniendo en cuenta que tiene categoría de ciencia, utilizamos el método científico para comprender los procesos psicológicos, tanto los patológicos como los no patológicos. No usamos cartas ni bolas de cristal, no nos movemos por intuiciones y tampoco realizamos imposición de manos. Y sí, existen psicólogos mejores y peores, pero ésta afirmación no dista de la existencia de variedad entre profesionales de otros ámbitos, sobre los que no solemos generalizar.

Los psicólogos no damos consejos, ayudamos a que entiendas tus procesos mentales, tus emociones, tus pensamientos y lo que ellos desencadenan en ti y, por consiguiente, en tu vida. David Muñoz, el conocido chef español, afirma públicamente en un programa de televisión: “Fui a un psicólogo para que me ayudase a entender la parte más creativa y obsesiva de mi profesión… realmente fue una de las cosas más inteligente que hice en los últimos años porque me ayudó a entender algunos de los procesos mentales de un tipo que está todo el día dándole vueltas a las cosas”

Los psicólogos no hacemos magia, te facilitamos herramientas, estrategias y habilidades para que tú mismo seas quién las lleve a cabo. Pues pedir que los problemas de la mente, por ejemplo, la ansiedad, se solucionen repentinamente es como pedir saber jugar muy bien al tenis sin entrenar un solo día.

La salud mental supone trabajo, pero no somos conscientes del poco trabajo que supone hasta que experimentamos los privilegios de lo que es vivir con éste tipo de salud. De lo beneficioso que es detectar un pensamiento porque entiendes lo que eso desencadena y los efectos que tendrá, o de practicar la relajación para acostumbrar a nuestro cuerpo a vivir en calma. Normativizamos estados, conductas o estilos de vida insalubres, posiblemente porque no hemos experimentado otros. Seamos curiosos. Seamos conscientes. Conscientes de que la salud mental es primordial en nuestro día a día y de la importancia que tiene estar bien con uno mismo.

www.miconsulta.es

Eva María Rodríguez Vicente, psicóloga jurídico-forense, colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, Valencia.

 

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2 Comments to ¿A un psicólogo? ¡Si yo no estoy loco!

  1. Francisco José Teijido López dice:

    ¡Cuánta razón!. Quizás el problema radica en que casi siempre somos conscientes de que algo no va bien en el cuerpo, desde el punto anatomofisiológico, y tenemos asociada la idea de que hay que cuidarlo, pero no somos conscientes de que las funciones mentales también pueden alterarse, tener desviaciones de la normalidad y enfermar, porque precisamente en nuestra mente radica la consciencia del ser; somos lo que nuestra consciencia dice y por ello no solemos apreciar sus posibles anomalías, salvo que éstas sean muy evidentes.
    Por eso es necesario enseñar higiene mental desde pequeños integrándola en la educación: hay que enseñar a manejar las herramientas mentales, la sinestesia, la senestesia, etc. para poder apreciar cuándo algo va mal.
    Saludos. Buen trabajo de difusión.

  2. […] de aquí, ¿qué se podría comenzar a pensar? Pues la Psicología Social lo que dice es que como psicólogos sociales se debe ver a las personas como seres que están en constante interacción con el medio, y […]

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