Sí, tú también puedes tener una alucinación

¿Eres madre, padre o has cuidado algún niño de manera continua? Entonces probablemente hayas escuchado llorar a tu niño en varias ocasiones sin ser esto así. ¿Cuantas veces has ido a mirar porque lo escuchaste llorar pero resulta que seguía dormido? O quizás te pasó el día que no estabas con él en casa, que a pesar de saber que no está en algún momento lo escuchaste llorar.

 Quizá no tienes hijos todavía pero probablemente hayas escuchado sonar tu móvil cuando estabas secando el pelo, convencida lo apagaste y miraste el móvil pero SORPRESA, no había sonado. ¿El teléfono sonó cuando estabas viendo la televisión? Le bajas la voz y resulta que no es así.

¿Qué nos ha pasado? ¿Acaso tenemos alucinaciones? ¿Debemos asustarnos?

 

¿Qué son las alucinaciones?

La primera definición de alucinación la encontramos de la mano de Esquirol en 1832 quien afirmaba que la persona que está experimentando una alucinación da realidad a imágenes que provienen de la memoria sin que los sentidos intervengan.

En la actualidad, la APA (America Psychological Association) considera que una alucinación es una percepción sensorial que posee las mismas características de una percepción real pero que carece de estimulación externa del órgano sensorial correspondiente.

Son por lo tanto un engaño perceptivo, es decir una experiencia perceptiva anómala que no se fundamenta sobre estímulos realmente existentes fuera del sujeto o que, a pesar de existir, no están presentes en ese momento. Sin embargo, la persona las vive o siente como verdaderas y no puede ejercer un control voluntario sobre ellas.

¿Por qué te asustan?

Probablemente nunca hayas relacionado la palabra alucinación con algo tan común como las experiencias mencionadas al inicio del artículo. ¿Sabías que se trataban de alucinaciones? En nuestro lenguaje cotidiano las alucinaciones siempre suelen aparecer asociadas a enfermedades graves. Esto nos preocupa y probablemente también nos genera algo de miedo.

No debemos olvidar el gran estigma social que hay asociado a las personas que “creemos” que tienen alucinaciones. Sí, creemos porque pueden estar presentes en muchas enfermedades o en situaciones tan cotidianas que probablemente a todos nos hayan pasado alguna vez, incluso a ti.

Se suele pensar que las alucinaciones son exclusivas de personas que tienen trastornos psiquiátricos graves como la esquizofrenia pero esto no es así. Es cierto que pueden estar presentes en enfermedades mentales pero no sólo en la esquizofrenia sino también en depresión, ansiedad, estrés postraumático… Al igual que en cualquier otra enfermedad orgánica (demencia, tumor cerebral, epilepsia…), bajo el efecto de ciertos medicamentos o el consumo de drogas.

No debemos olvidar que Slade y Bentall indican que una estimulación escasa o poco estructurada y de baja intensidad aumenta la probabilidad de que aparezcan alucinaciones.  Hay estudios que nos indican que cuanta menor complejidad estimular a la que está sometido el sujeto las alucinaciones serán más claras y duraderas. Así, situaciones de cansancio, estrés, soledad, privación estimular… podrían contribuir a su aparición sin significar la presencia de ninguna enfermedad psiquiátrica o neurológica.

 

¿Entonces estoy o no enfermo si tengo alucinaciones?

No necesariamente. La presencia de alucinaciones no implica la presencia de ninguna enfermedad.

Me gustaría destacar un estudio reciente (S. García-Ptacek, D. García Azorín, R. Sánchez Salmador, M. L. Cuadrado y J. Porta-Etessam, Madrid, 2012), en el que estudiaron a jóvenes sanos con el objetivo de determinar la prevalencia de alucinaciones. Su conclusión fue que tener alucinaciones es mucho más común de lo que pensamos ya que encontraron que en población sana son frecuentes.

Además nos mencionan varias características de este tipo de alucinaciones. Nos señalan que son breves, afectan a todas las modalidades sensoriales y no son una expresión de ninguna enfermedad. Esto apunta a que percepciones auditivas simples, con poca duración y con crítica inmediata son frecuentes y no se asocian a patología. Aquí encajarían los ejemplos mencionados anteriormente como escuchar el teléfono sin haber sonado.

Cuando hablamos de crítica inmediata nos referimos a que la persona tarda muy poco tiempo en darse cuenta de que no es real. Esto es importante porque nos ayudará a diferenciar una alucinación puntual de otra que forme parte de un cuadro más complejo y necesite ayuda médica.

Otra diferencia importante es que una alucinación puntual se suele presentar en situaciones concretas como cuando estamos adormecidos, cansados, tenemos un gran nivel de estrés…

Por su parte, las alucinaciones que forman parte de un cuadro más complejo son más frecuentes, más complejas e interfieren en la vida de la persona que las experimenta. Por este motivo requieren ayuda psicológica o psiquiátrica. El malestar generado así como la interferencia en la vida diaria son diferentes y pueden estar asociados a un trastorno mental y requerir ayuda especializada.

 

¿Qué podemos hacer?

Cómo podemos ayudar a una persona que tiene alucinaciones o que sufre a causa de las mismas. Lo primero es no dejarla sola. No debes evitarle ni sentir miedo.

La presencia de alucinaciones no tiene la misma repercusión en todas las personas. Unas pueden estar tranquilas mientras otras presentan ansiedad o agitación.

En el caso de que genere ansiedad o inseguridad intenta desviar su atención para conseguir que se fije en algo real y así distraerle. Es importante tranquilizarle con palabras de respecto, con un tono de voz suave sin nunca recurrir a gestos bruscos.

No debes discutir con la persona ni intentar convencerle de que eso no es real. Recuerda que está convencido de que es verdad. Esto no implica que debas seguirle la corriente y darle la razón ya que así solo refuerzas su aparición y ayudas a que esto se mantenga. Si te pregunta es mejor responder honestamente sin nunca negar lo que te dice.

Puedes preguntarle acerca de lo que está experimentando. Esto te permitirá evaluar el entorno en el que se encuentra. Muchas veces un reflejo o una sombra pueden malinterpretarse. Esto te ayudará a ver si el problema está en el entorno y así poder modificarlo. Por ejemplo, siempre podemos encender más luces para evitar la presencia de sombras.

A pesar de esto siempre es aconsejable informar al médico. Si es algo puntual y no genera ansiedad, agitación o miedo puede que no tenga importancia. En caso contrario puede necesitar ayuda y el será la persona indicada para indicarnos si requieren o no atención especializada.

 

Yésica Seijo

Psicóloga

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, en Valencia

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