Síndrome de Asperger

 

 

“Tener autismo no significa no ser humano, sino ser diferente”

John Sinclair

 

 

 

 

Transcurría el año 1993 y John Sinclair, un hombre con síndrome de Asperger, le hablaba a un auditorio repleto durante la Conferencia Internacional sobre Autismo que se llevaba a cabo ese año en Toronto, Canadá. “El autismo no es algo que una persona tiene, o un caparazón dentro del cual esa persona está atrapada. No hay un chico común escondido detrás del autismo. El autismo es una forma de ser -describía Sinclair-. Es pervasivo, colorea cada experiencia, cada sensación, percepción, pensamiento, emoción, e influye en cada aspecto de la existencia. No es posible separar el autismo de la persona, y aún si esto último fuera posible, la persona que tendrían frente a ustedes no sería la misma que conocieron al principio”. (Ciencia, Salud, 20 de septiembre de 2017).

 

El síndrome de Asperger se caracteriza por alteraciones en diferentes procesos cerebrales: cognición, conducta, comunicación y motricidad (manifestándose de diferente forma en cada individuo). El cerebro de las personas con Asperger funciona en muchos aspectos de manera diferente a la norma. Recientemente el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5), ha reubicado este síndrome, situándolo, más correctamente, dentro de los trastornos del espectro autista.  En la actualidad no se sabe con exactitud cuántas personas existen en España con algún Trastorno del Espectro Autista. Alrededor del 1% de la población mundial tiene algún TEA según cifras de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades del Gobierno de Estados Unidos. Los datos de la Asociación Galega de Asperger (Asperga) hablan de que afecta a entre 3 y 7 personas (más a hombres) por cada mil que, en la mayor parte de los casos, tienen dificultades para comprender las reglas sociales.

Las características que se asocian al síndrome de Asperger según la Confederación de Asperger en España son las siguientes:

  • Inteligencia normal y, a veces, superior a la media.
  • Presentan un estilo cognitivo particular y frecuentemente, habilidades especiales en áreas restringidas.
  • Alteraciones de los patrones de comunicación no-verbal.
  • Dificultades para la abstracción de conceptos y coherencia central débil en beneficio del procesamiento de los detalles.
  • A menudo no interpretan bien los sentimientos e intenciones de los demás, así como las reacciones emocionales.
  • Sensibles a los cambios en rutinas y transiciones.
  • Interpretan de manera literal el lenguaje.
  • Sensibles a sonidos fuertes, colores, luces, olores o sabores.
  • Tienen tendencia a desarrollar un interés grande o fijación por un tema u objeto del que pueden llegar a ser auténticos expertos.
  • Puede incluir retrasos en la motricidad.

Carmen y Rodrigo, madre e hijo, ambos con síndrome de Asperger (La voz de Galicia, 18 de febrero de 2018):

«No entiendo la dependencia emocional. Hay gente a la que le gusta quedar con otras personas para socializar, pero en mi caso no tengo la necesidad de que otras personas estén validando todo el rato lo que estoy haciendo. Tampoco preciso que me abracen. A nosotros -habla de ella y su hijo- nos gusta más relacionarnos con la naturaleza. Recibo mucho más mirando el paisaje, porque me hace sentir bien, que quedando con otras personas»

«Antes -dice- era más aceptado que fueras de esta forma porque no se notaba tanto. Había más artesanos que trabajan solos. No había tanta promoción de la idea de ‘trabajar en equipo’. No había tampoco los estímulos sensoriales que hay ahora. No había tanto ruido, las luces led de los coches, los semáforos… Además, ahora todo está estructurado para obligarte a ser una persona sociable»

En resumen,  las personas con Asperger simplemente poseen normas/códigos diferentes para interpretar  el mundo. Viven de una forma “distinta”, quizás para algunos “extraña o chocante”. Pero reflexionemos un minuto acerca de esto; ¿Pertenecer a la norma nos hace menos extraños? ¿Percibimos, actuamos y vivimos todos de la misma forma? No caigamos en el sesgo de creer que somos muy semejantes a los que consideramos iguales y muy distintos de los que consideramos diferentes. Somos diferentes, todos,  y esto es motivo de celebración.

 

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Eva María Rodríguez Vicente, psicóloga jurídico-forense, colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, Valencia

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