Todo el mundo es mi maestro

 

Uno de los ejercicios de crecimiento personal más impactantes es el de Todo el mundo es mi maestro.

Este ejercicio consiste en pensar que todas y cada una de las personas que te rodean están ahí porque quieren enseñarte algo. Para ello, toman diferentes papeles de gente que te rodea. Puede que sean conductores que van delante de ti en sus coches, padres, clientes enojados, o niños en un parque que juegan entre ellos.

Esta perspectiva consigue que te alejes un poco de la situación que estás viviendo en cada momento y pienses ¿qué me está tratando de enseñar esta situación?

Quizá la persona que llevas delante en el coche va demasiado lenta desde tu punto de vista, quizá tu padre te recrimine por una decisión que has tomado y eso te genere una desagradable gran sensación de culpa, quizá un cliente enojado pierda totalmente los papeles con su ira, y los niños en el parque se den un abrazo. Todo en tu entorno ha sido creado para que aprendas de ello. Cada cosa tiene un aprendizaje encubierto para ti. Trata de alejarte mentalmente de la situación para ver qué está tratando de enseñarte el mundo al dibujar delante de ti esa escena.

Es posible que tengas que aprender a tomarte las cosas con calma. Quizá el destino tiene preparado un accidente de tráfico para ti. Si te fijas en ese conductor lento que de partida te impacienta terriblemente y te das cuenta de que detrás de esa situación hay un aprendizaje, podrás descubrir como realmente es más adecuado para ti cambiar tu forma de conducir.

Seguramente tu padre te ama, y con sus reproches que resultan terriblemente hirientes lo que te quiere decir es que no quiere que pases por los mismos errores que ha pasado él. Su forma de comunicártelo resulta muy molesta porque te culpabiliza. Si te fijas en esa situación, es posible que encuentres un maestro detrás de ella que te está enseñando que no debes usar la culpa para cambiar el comportamiento de los demás.

El cliente enojado está enseñándote la importancia que tiene la paciencia, y te está haciendo recordar cómo actuabas las primeras veces que tenías que enfrentarte a clientes enojados. ¿Lo recuerdas? Tu corazón se ponía a mil, levantabas la voz, les mirabas con malestar. Ahora el cliente está enseñándote lo que has aprendido, porque ahora te tomas esas situaciones difíciles con más calma. Sabes que es útil para ti refrescar estas cosas importantes en tu mente, aunque tengan que venir en forma de cliente enojado.

Y, por último, esos niños que juegan entre ellos en un parque puede que te estén enseñando la importancia que tiene transmitirse afecto, tocarse, abrazarse, compartir y ayudar. Quizá alguno de estos elementos lo tengas algo olvidado en tu propia vida, y con ayuda de estos niños tienes la oportunidad de reflexionar y recuperarlo.

Tu vida mejorará si te tomas a tu entorno como un maestro del que aprender, y no de un enemigo contra el que luchar.

 

 

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