Una delgada línea…

 

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Y diez años después todos aquellos soldados volvieron a sus casas con una única marca; el trauma que la guerra había escrito en sus espaldas.

El trastorno de estrés post traumático (TEPT) es literalmente la reacción de horror provocada por un acontecimiento traumático.  Este acontecimiento debe de atentar contra la integridad física del sujeto, ya sea por exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual. Además, su vivencia puede ocurrir de forma directa, presenciándolo en otros o sabiendo que le ha ocurrido a algún familiar o amigo íntimo

En un principio, el TEPT se estudiaba por ejemplo en veteranos de guerra o en sujetos sometidos a tortura o violencia. Hoy en día también se incluye la violencia sexual, el asalto o incluso un accidente de coche en el que el sujeto haya estado expuesto a la muerte.

Este acontecimiento es tan fuerte, que genera un trauma el cual le impide al sujeto integrarlo de forma normal con el resto de sus vivencias. En consecuencia, se producen cuatro tipos de síntomas diferentes necesarios para su diagnóstico.

Quizás los más característicos son los síntomas de reexperimentación del suceso traumático, que se presentan como imágenes intrusas, pesadillas o flashback en los que el sujeto se ve inmerso en esa situación que no ha sido capaz de superar. Otro grupo de síntomas muy característicos son los relacionados con la evitación, ya sea cognitiva (si se refiere a evitar recuerdos,  pensamientos o sentimientos) o conductual. Por otro lado, también sufren síntomas relacionados con la alteración de su estado de alerta, volviéndose hipervigilantes o irritables. Finalmente y como novedad en el DSM 5 con respecto al DSM-IV, un grupo que incluye síntomas cognitivos y del estado de ánimo, que implican desde la amnesia o incapacidad para recordar el suceso traumático, hasta la disminución del interés por los demás o las sensaciones de desapego.

Tómate  sólo un minuto para pensar la dureza de esta experiencia. Un recuerdo que eres incapaz de integrar en tu memoria o que te provoca horror, horror que te lleva a no querer sentir emociones. Y es que cuando no tenemos recursos para afrontar una imagen, solo nos queda disociarla.

 

Y si quieres indagar un poco sobre posibles tratamientos, échale un vistazo a nuestra web en el link  http://www.miconsulta.es/ansiedad/ Recuerda que estos síntomas desencadenados por el evento traumático deben de estar presentes durante un periodo de tiempo superior a un mes. De no ser así, estaríamos cruzando la delgada línea entre el trastorno de estrés post-traumático y el trastorno por estrés agudo.

El trastorno por estrés agudo (TEA) podría considerarse en algunos casos un trastorno previo al TEPT (también llamado prodrómico), por lo que una intervención a tiempo podría ayudar no solo a gestionar un posible trastorno por estrés agudo, si no reduciendo la probabilidad de que nuestro sujeto sufra posteriormente un trastorno de estrés post-traumático.

Un dato muy interesante tiene que ver con la epidemiología. Entre un 15 y un 30% de las personas que sufren un acontecimiento traumático como un accidente de coche padecen un TEPT. En cambio, entre las víctimas del terrorismo o de violaciones el 70% sufren TEPT.

Y es que lo que más capacidad tiene de generarnos un trauma no son las desgracias naturales, si no el daño que puedan hacernos los otros.

Rebeca Calvo Barros,

Psicóloga colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, Valencia

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