Y tú ¿a qué tienes miedo?

 

El miedo es una reacción normal y racional con gran valor adaptativo. Forma parte del desarrollo normal de todas las personas. Su contenido suele cambiar y evolucionar. Suele aparecer más fácilmente asociado a determinados estímulos o situaciones. Por lo que existe cierta selectividad y no se trata de un fenómeno arbitrario. Se le otorga un valor adaptativo porque constituye un sistema primitivo de alarma que ayuda a evitar situaciones potencialmente peligrosas.

La American Psychological Association (2007) nos define el miedo como una “emoción intensa activada por la detección de una amenaza inminente, lleva consigo una reacción de alarma inmediata que dispara en el organismo un conjunto de cambios fisiológicos. Estos cambios incluyen aceleración del latido cardíaco, redirección del flujo sanguíneo desde la periferia hacia el interior, tensión muscular y una movilización general del organismo hacia la acción (… )”.

 

¿Qué influye en el miedo?

 

En la adquisición y mantenimiento de los miedos influyen tanto aspectos personales como ambientales. Ciertas diferencias individuales pueden predisponer más a una persona que a otra a tener ciertos miedos o bien influyen de manera positiva o negativa en su evolución. Entre los aspectos constitucionales podemos encontrar: la herencia, patrones familiares, personalidad (neuroticismo, rasgo de ansiedad o sensibilidad a la ansiedad…), reactividad psicofisiológica, ritmos psicobiológicos…

Es por ello que se asume que existe cierta predisposición filogenética para adquirir los miedos más comunes.

Entre los miedos evolutivos más comunes en la infancia destacan (Ollendick, Kang y Frary) el miedo a:

  • El fracaso y la crítica
  • Lo desconocido (oscuridad, fantasmas, tormentas, lugares cerrados…)
  • Los animales y las heridas.
  • El peligro y la muerte.
  • Cuestiones médicas.

 

MIEDOS EVOLUTIVOS

 

El miedo es una emoción que experimentamos a lo largo de la vida que cambia de unas etapas a otras. Es el desarrollo tanto biológico como psicológico y social el que ayuda a que ciertos miedos remitan y aparezcan otros más acordes al momento evolutivo en el que nos encontramos.

Echeburúa nos presenta una clasificación de los miedos evolutivos normales de acuerdo a la edad a la que suelen aparecer:

Primer año de vida: miedo a estímulos intensos y desconocidos, personas extrañas y alturas.

2 a los 4 años: miedo a animales y tormentas.

4 a 6 años: miedo a la oscuridad, brujas, fantasmas, catástrofes, separación de los padres.

6 a 9 años: miedo al daño físico, a la muerte o al ridículo.

9 a los 12 años: miedo a accidentes y enfermedades, mal rendimiento escolar y conflicto entre padres.

12 a los 18 años: relaciones interpersonales y pérdida de autoestima. 

Es importante señalar que las edades que nos presenta son solo orientativas. Es frecuente encontrarse con clasificaciones de otros autores donde las edades cambian. Debemos recordar que tampoco hay dos niños iguales y el nivel de desarrollo emocional que alcanza un niño a los dos años puede ser comparable a otro niño con año y medio o 3 años. Esto nos permite darnos cuenta que el desarrollo de nuestros niños no es algo rígido. Si tienes más de un hij@ probablemente ya te hayas fijado.

 

MIEDOS, FOBIAS Y ANSIEDAD

 

Es importante pararnos a pensar cual es la diferencia entre miedos, fobias y ansiedad. Normalmente las usamos indiscriminadamente. Es cierto que las tres comparten diferentes componentes y pueden llegar a desencadenar una serie de reacciones fisiológicas similares ya que todas activan el organismo. Probablemente sea esto lo que nos lleve a confundirlas pero debemos tener en cuenta que hay ciertas diferencias entre ellas. Esto es importante porque el grado de malestar es diferente.

 

  • Los miedos están asociados a un objeto y provocan una respuesta proporcional a la amenaza. Además suelen ser transitorios, estar ligados a ciertas etapas del desarrollo y facilitan el desarrollo de habilidades de afrontamiento.

 

  • Al hablar de fobias nos estamos refiriendo a un cuadro diferenciado al de los miedos evolutivos normales.  Podemos definirlas como un miedo persistente e irracional de una situación, objeto o actividad concreto que es evitada con intensidad o bien mantenida con gran sufrimiento. Es por lo tanto una reacción desproporcionada e irracional que se encuentra fuera del control voluntario. Interfiere con la vida de la persona y tiene una mayor duración.

 

  • Por su parte la ansiedad es una respuesta más intensa que activa al organismo para poder responder a la amenaza o al peligro FUTURO. No tiene por que asociarse a un objeto o situación concreta y presenta un componente más cognitivo-afectivo. Es lo que conocemos como aprensión ansiosa. La aprensión a los síntomas de ansiedad dirige la atención hacia uno mismo. Centrándonos en nuestro cuerpo y en las reacciones que experimentamos. Esto suele conducir a un estado de alarma y miedo que aumenta el nivel de alarma de nuestro cuerpo.

 

 

Sandín (1997) nos recuerda que los miedos son muy frecuentes sobre todo durante la infancia. Prácticamente todos los niños manifiestan tener al menos un temor importante. Sin embargo, cuando hablamos de miedos desproporcionados y desadaptativos la prevalencia disminuye ya que son menos habituales. A pesar de que son poco frecuentes, es importante prestarles atención pues provocan malestar en la persona y es necesario buscar ayuda. En terapia se cuenta con diferentes recursos para poder ayudar a las personas a superar este malestar que está sintiendo. No debes convertir tus miedos en un tema tabú. Sentir malestar, miedo o ansiedad no debe hacerte sentir diferente así que no te creas eso de “yo no tengo miedo a nada” o “a mí nunca me ha asustado nada”.

Yésica Seijo

Psicóloga

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, en Valencia

 

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