De la independencia al desapego

 

Una generación que ha nacido rodeada de relaciones duraderas, vínculos estrechos, fuertes, capaces de “soportar” – palabra que tan mal nos suena – casi cualquier cosa por afecto. Esos somos nosotros: la generación millennial; y tal como pasa a veces con lo que hemos visto o aprendido de nuestros mayores: no lo queremos, no nos gusta, no nos parece bien.

Somos la generación del desapego, la generación del “si se rompe, compro otro”. Y esto no nos sucede solamente en las relaciones interpersonales, sino también en relación a los lugares donde vivimos, los puestos de trabajo que ocupamos… No solemos vincularnos de manera sólida y segura en ninguno de estos casos. Esto tiene sus ventajas pero, como todo, también sus desventajas.

La manera en que establecemos relaciones afectivas varía de unas personas a otras, y en psicología recibe el nombre de “estilos de apego”. Los estilos de apego se originan en la infancia y toman forma en relación a cómo nos han criado, cómo ha sido la relación con nuestras figuras de referencia y cómo ha sido el ambiente en el que hemos crecido.
http://www.miconsulta.es/ninos-y-adolescentes/

Así, después en la edad adulta podemos diferenciar varios estilos de apego o maneras de establecer relaciones:

  • Apego Seguro: No evita las relaciones íntimas, no tiene miedo al abandono y percibe de manera positiva al otro y a sí mismo.
  • Apego Evitativo: Evita las relaciones íntimas, no tiene miedo al abandono y percibe de manera negativa al otro y positiva a sí mismo.
  • Apego Preocupado/Dependiente: Busca las relaciones íntimas de manera ansiosa, tiene miedo al abandono y percibe de manera positiva al otro y negativa a sí mismo.
  • Apego Temeroso/Hostil: Evita las relaciones íntimas, tiene miedo al abandono y se percibe de manera negativa al otro y a también sí mismo.

Según algunos estudios, en la edad adulta los estilos de apego evitativo y temeroso se dan en el 25% de los casos (Heller R., y Levine, A., 2011). Aunque tanto el evitativo como el temeroso rechazan las relaciones personales cercanas, el primero no las desea ni tiene miedo al abandono pero el segundo sí; y las rechaza por miedo al sufrimiento.

Parece que nuestra generación ha aprendido a huir de todo lazo afectivo que pudiera resultar cadena por miedo a acabar adoptando una manera dependiente de relacionarse, alejándose así de cualquier vínculo que pueda requerir un compromiso a largo plazo.

Pero hemos confundido términos y lejos de lograr una manera segura de relacionarnos, estamos generando lazos débiles que nunca aten, lugares de paso que nunca sean hogar y trabajos esporádicos y poco relevantes que nunca tengamos miedo a perder.

El huir de la dependencia emocional que en muchos casos hemos visto de cerca y hemos valorado como limitante puede estar saliéndonos caro, porque lo estamos haciendo mal. No ser dependiente sería la clave si eso significara ser seguro. Y no es el caso. Porque el apego seguro no huye de la intimidad, ni la teme; la reconoce como necesaria y la valora de manera positiva.

Huir de lo íntimo – tanto en las relaciones como en otras áreas de nuestra vida – genera carencias en la creación de la propia identidad. No podemos conformar una identidad sin vínculos. Es decir, no puedes saber quién eres sin tener en cuenta tus interacciones con el entorno que te rodea.

Somos un “yo”, sí. Pero el “ego” no lo es todo; De hecho, puede ser peligroso que el ego sea lo que gobierne tu vida. Además de ese “yo”, eres el lugar donde has crecido, donde vives, las relaciones íntimas y comprometidas que has creado y cuidado, la actividad y/o profesión que llevas a la práctica cada día…

Sin amor, sin seguridad en la intimidad, sin vínculos que te mantengan unido a la vida, no te sentirás bien. Está en nuestra naturaleza. Somos seres sociales.

Así que si no quieres generar dependencia emocional hacia cuanto te rodea, puedes comenzar por aceptar cómo eres, cómo te relacionas y aceptar que esa manera de relacionarte forma parte de ti y es relativamente estable. Después de este proceso de aceptación, puedes comenzar a trabajar para lograr mayor seguridad en tus relaciones.

Pero no evites, no huyas, no temas.

 

“Puedes hacerlo, pero no puedes hacerlo solo”

 

 

Jessica Martín Puerta
Psicóloga General Sanitaria
Colaboradora del Centro de Psicología de Psicología Calma al Mar, en Valencia

Comparte en: Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.