Sin trabajo… ¡Qué mal me siento!

La situación económica de los últimos años ha generado una importante problemática psicosocial en una gran parte de la población. Muchas personas se han visto sin trabajo, sin opción a un empleo digno, con las consecuencias socioeconómicas que ello acarrea. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), indica que el desempleo es la principal preocupación de la población española, dado el impacto que tiene en la sociedad y en la calidad de vida.

Seguro que conoces a alguien que se ha visto en esta situación; personas que llevan años trabajando en una empresa y las despiden; o a personas jóvenes recién salidas de la universidad, sin opción a trabajar en áreas de su formación… Aunque normalmente pensamos en las consecuencias económicas del desempleo, queremos exponer cuales son las repercusiones a nivel psicológico. Además, queremos señalar las estrategias de afrontamiento que aumentan el malestar asociado, y aquellas que lo reducen y mejoran el bienestar psicológico.

Es posible que asocies estar en el paro a síntomas de depresión y ansiedad, pero la amplitud de la secuelas asociadas al desempleo es mayor. El no tener trabajo implica cambios en el área social, individual y económica de la persona desempleada. Esto genera una disminución en la capacidad de control de su vida (¿quién no quiere tener controlada, lo máximo posible, su vida?). Si no tienes trabajo, no dispones de la capacidad económica para controlar los gastos familiares, las posibles deudas, mantener una vida social activa… Y esto genera estrés, genera muchísimo estrés.

Y, como es posible que deduzcas, el estrés genera un deterioro relevante en la salud, no solo psicológica, sino también física:
– problemas de sueño: dificultad para dormir por estar “dándole vueltas al tema”.
– dolores musculares: por la tensión de la situación.
– problemas digestivos: nervios que dificultan comer, o que hacen que la comida “te siente mal”.
Los problemas de salud aumentan si los ahorros no cubren gastos básicos hasta encontrar un nuevo trabajo.

Asimismo, al verte sin empleo , te desmotivas y tienes actitudes negativas respecto al trabajo y a la búsqueda de empleo. Puedes ver modificada negativamente la valoración que tienes de ti, que va de la mano de síntomas de depresión y ansiedad, es decir, una autoestima negativa.

Seguramente te sientas mas irritable, y esto genere cierta tensión familiar, dejas de asistir con tanta asiduidad a reuniones sociales… aumentando exponencialmente el riesgo del malestar psicológico.

A mayor duración de la situación de desempleo, más síntomas psicológicos negativos. Es posible que emplees estrategias de afrontamiento que dificulten tu mejora psicológica como rumiación,  valoraciones castastrofistas y sentimientos de culpa. Es totalmente comprensible, porque te encuentras en una situación de desprotección, aumenta tu visión negativa respecto al futuro y no te ves capaz de encontrar una solución.

Si el desempleo están empeorando significativamente tu calidad de vida, pide ayuda a un profesional. No sientas vergüenza por ello, pues cada una/o de nosotras/os necesitamos ayuda en algún momento de nuestra vida.

Aunque no dispongas de solvencia económica para continuar con tu vida social previa, debes continuar haciendo actividades de ocio con menor o ningún coste económico: pasear, salir a correr, hacer senderismo, leer… Busca actividades que te motiven y con las que disfrutes. Apóyate en las personas de tu entorno. Focaliza tus esfuerzos en la falta de empleo, no en los motivos que han llevado a ello. Si hace esto, lo asociarás a una valoración negativa propia. El estar sin trabajo o haber sido despedida/o, tiene más que ver con la situación económica y financiera del país y de la empresa, que contigo. No es que tu seas ineficaz o incompetente. Es algo superior a tu capacidad de acción. Intenta refocalizar tu planteamiento del problema: el problema no esta en ti, pero serás tu quien intente buscar una solucion.

Planifica tus siguientes pasos, asesórate con profesionales, y ADELANTE.

 

Puede que en la vida no sea tan importante ser fuerte, sino sentirse fuerte”.

Hacia rutas salvajes

Vanesa Pernas Martínez

Psicóloga sanitaria

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar (Valencia)

 

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