Parentalidad positiva: qué es y qué mitos debemos dejar atrás
En los últimos años es probable que hayas escuchado hablar de la parentalidad positiva. Tal vez la hayas visto en redes sociales, en libros de crianza o en conversaciones entre padres y madres.
Sin embargo, a pesar de su popularidad, este concepto suele generar muchas dudas. Algunas personas piensan que significa educar sin normas, otras creen que implica no corregir nunca a los hijos, y también hay quien lo considera una forma de crianza idílica y poco realista.
En realidad, muchas de estas ideas son malentendidos que pueden distorsionar el sentido de este enfoque educativo. Antes de revisar algunos de los mitos más frecuentes, puede ser útil entender qué significa realmente la parentalidad positiva.
*Nota: En este artículo se utiliza el masculino genérico (padres, hijos, niños) únicamente con fines de simplificación; se incluye a todas las personas, independientemente de su género.
Qué es la parentalidad positiva
La parentalidad positiva es un modelo de crianza que pone el foco en el bienestar y el desarrollo saludable del niño. Parte de la idea de que la relación entre padres e hijos debe basarse en el afecto, el respeto y la comprensión, sin renunciar a la existencia de normas y límites.
Desde esta perspectiva, el papel de los padres no consiste únicamente en corregir comportamientos, sino también en acompañar el desarrollo emocional, social y psicológico de los hijos, ofreciendo un entorno afectivo y estructurado que favorezca su autonomía y bienestar.
Investigaciones han mostrado que los estilos educativos caracterizados por calidez afectiva, implicación parental y establecimiento de normas coherentes se asocian con mejores indicadores de bienestar psicológico y desarrollo emocional en los niños y adolescentes. Por ejemplo, un estudio que evaluó un programa de formación orientado a fortalecer competencias parentales, incluyendo regulación emocional, comunicación con los hijos y establecimiento de normas y límites, mostró mejoras significativas en estas habilidades tras la participación de los padres en el programa, sugiriendo que fomentar prácticas basadas en apoyo, afecto y orientación puede favorecer relaciones familiares más saludables (Martínez‑González, Rodríguez‑Ruiz, Álvarez‑Blanco & Becedóniz‑Vázquez, 2016).
En la práctica, esto implica que los niños suelen responder mejor cuando perciben que sus cuidadores:
- Les muestran afecto y cercanía.
- Se interesan por su vida cotidiana.
- Escuchan lo que sienten o piensan.
- Explican las normas y las consecuencias de las conductas.
Al mismo tiempo, la parentalidad positiva reconoce la importancia de que los niños crezcan en un entorno seguro, estructurado y predecible, donde existan normas claras que faciliten la convivencia. Educar desde este modelo no significa renunciar a la autoridad, sino ejercerla de manera respetuosa, coherente y adaptada a las necesidades evolutivas del niño.
Mitos sobre la parentalidad positiva
A pesar de lo anterior, siguen existiendo ideas equivocadas sobre este modelo que pueden generar confusión entre padres y madres. A continuación, revisamos los mitos más frecuentes y lo que realmente indican los estudios sobre crianza.
Mito 1: “La parentalidad positiva significa que no hay normas ni límites”
Uno de los errores más comunes es pensar que educar con afecto y respeto equivale a permitir cualquier comportamiento del niño. En realidad, la parentalidad positiva pretende combinar el afecto y la estructura, estableciendo normas claras y límites coherentes que ayudan al menor a entender qué conductas son aceptables y cuáles no.
Investigaciones sobre estilos de crianza sugieren que los entornos familiares que combinan apoyo emocional, orientación parental y normas consistentes favorecen el desarrollo socioemocional y conductual de los niños (Zhang et al., 2026).
Mito 2: “Si aplico la parentalidad positiva, nunca puedo corregir ni decir ‘no’”
Otra idea errónea es creer que este enfoque elimina la autoridad parental. Por el contrario, la parentalidad positiva propone ejercer la autoridad de forma respetuosa y coherente, explicándole a tus hijos las consecuencias de sus actos y utilizando estrategias de guía y refuerzo positivo en lugar de castigos físicos o amenazas verbales.
Diversos estudios indican que los niños tienden a mostrar mayores niveles de conducta prosocial y capacidad de regulación emocional cuando las prácticas parentales se basan en la comunicación, el apoyo afectivo y la guía conductual por parte de los cuidadores (Zhang et al., 2026).
Mito 3: “Los padres deben ser perfectos todo el tiempo”
La parentalidad positiva no exige perfección. Más bien, se centra en la adaptación a las necesidades del niño y en la calidad de la relación. Consiste en que seas capaz de responder de manera flexible y consistente a las necesidades emocionales, físicas y sociales de sus hijos. Intentar ser perfecto, además de no ser realista, genera estrés parental y puede dificultar tu relación con el niño.
Mito 4: “Esta forma de crianza es blanda y no prepara a los niños para la vida real”
Al contrario, investigaciones recientes han mostrado que las relaciones parentales caracterizadas por calidez emocional y vínculos de apego seguros se asocian con un mayor desarrollo de fortalezas del carácter, habilidades sociales y ajuste psicológico en la adolescencia (Liu & Wang, 2021).
Esto sugiere que un entorno familiar basado en el apoyo emocional y la guía parental puede favorecer el desarrollo de recursos personales que ayudan a los jóvenes a afrontar retos y frustraciones.
Mito 5: “La parentalidad positiva es solo para padres con recursos o formación universitaria”
La parentalidad positiva no es solo para determinados tipos de familias: puede aplicarse en cualquier hogar, con independencia de tu nivel socioeconómico o académico. De hecho, existen programas públicos que ofrecen guías, materiales y recursos para todas aquellas personas que les interese ampliar información al respecto.
Conclusión:
La parentalidad positiva no es un enfoque rígido ni un conjunto de reglas inflexibles. Se trata de educar con respeto, afecto y estructura, adaptándose a cada niño y situación familiar. Desmentir ideas equivocadas te permite aplicar estrategias eficaces de crianza, fortalecer la relación con tus hijos y favorecer su desarrollo emocional y social de manera saludable.
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Bibliografía
Martínez-González, R. A., Rodríguez-Ruiz, B., Álvarez-Blanco, L., & Becedóniz-Vázquez, C. (2016). Evidencias del fomento de la parentalidad positiva mediante el programa-guía para el desarrollo de competencias emocionales, educativas y parentales. Psychosocial Intervention, 25(2), 111–117. https://doi.org/10.1016/j.psi.2016.04.001
Zhang, S., Wang, P., Wang, W., Su, H., & Zhang, X. (2026). The relationship between parenting styles and children’s prosocial behavior: The mediating role of children’s emotional intelligence. Behavioral Sciences, 16(1), 155. https://doi.org/10.3390/bs16010155
Liu, Q., & Wang, Z. (2021). Associations between parental emotional warmth, parental attachment, peer attachment, and adolescents’ character strengths. Children and Youth Services Review, 120, 105765. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2020.105765
Guillem Ribes Jordán:
Psicólogo colaborador del Centro de Psicología Calma Al Mar.