Cuando evitar lo que sientes se convierte en el problema

Si alguna vez has intentado no pensar en algo que te preocupa, evitar una conversación incómoda o distraerte constantemente para no sentir tristeza, miedo o ansiedad, probablemente estabas intentando protegerte de una experiencia emocional difícil.
Esto es algo completamente normal. Sin embargo, cuando este patrón es recurrente y se convierte en la forma habitual de afrontar lo que te ocurre, puede acabar generando mayor malestar del que se intenta evitar.

En psicología clínica, este fenómeno se conoce como evitación experiencial. Comprenderlo puede ayudarte a entender por qué, en ocasiones, cuanto más intentas escapar de ciertas emociones o pensamientos, más presentes parecen volverse en tu vida.

 

Qué es la evitación experiencial

El concepto de evitación experiencial se refiere a la tendencia a intentar evitar, suprimir o controlar experiencias internas desagradables, como pensamientos, emociones, recuerdos o sensaciones físicas.

Desde el punto de vista psicológico, estas experiencias internas no son problemáticas en sí mismas. La tristeza, el miedo o la preocupación forman parte de la vida. El problema aparece cuando el esfuerzo constante por evitarlas empieza a limitar tu comportamiento o tu forma de relacionarte con el mundo. Por ejemplo, puede ocurrir que:

  • Evites situaciones sociales por miedo a sentir ansiedad.
  • Pospongas decisiones importantes para no experimentar incertidumbre.
  • Te mantengas constantemente ocupado para no pensar en algo que te duele.

A corto plazo, estas estrategias pueden producir un alivio momentáneo. Sin embargo, a largo plazo suelen mantener o incluso intensificar el malestar.

 

Evitación experiencial y psicopatología

La investigación en psicología clínica ha mostrado que la evitación experiencial está vinculada con dificultades emocionales y conductuales. Por ejemplo, puede estar presente en trastornos de ansiedad, depresión, problemas relacionados con el estrés, conductas adictivas o dificultades en las relaciones personales (Mellado-Pastor, Del-Río-Sánchez, & Pastor-Morales, 2023).

Esto no significa que la evitación experiencial sea la única causa de estos problemas, pero sí puede actuar como un mecanismo que mantiene o amplifica el malestar psicológico.

Cuando intentas controlar constantemente lo que sientes o piensas, es posible que acabes organizando tu vida en torno a aquello que pretendes evitar. En ese proceso, algunas actividades importantes para ti —relaciones, proyectos personales o experiencias significativas— pueden quedar progresivamente pospuestas o relegadas, lo que influye de forma notable en tu bienestar psicológico.

 

¡No pienses en el elefante rosa! Cuando intentar evitar genera lo contrario

¿Qué es lo primero que te ha venido a la mente al leer esta frase? Seguramente lo contrario de lo que te pide.

Los intentos rígidos de control emocional no siempre funcionan como esperamos. Un ejemplo clásico es el efecto de supresión de pensamientos: cuando intentas no pensar en algo, tu mente necesita vigilar constantemente si ese pensamiento aparece o no. Paradójicamente, este proceso puede hacer que el pensamiento regrese con mayor frecuencia.

Algo similar ocurre con las emociones. Cuanto más intentas eliminar una emoción desagradable, más atención le estás dedicando. En lugar de desaparecer, la experiencia emocional puede volverse más intensa o persistente.

 

Tomar conciencia es el primer paso

La evitación experiencial suele comenzar como un intento comprensible de protegerte del malestar. Sin embargo, cuando se convierte en la forma principal de afrontar lo que te ocurre, puede terminar restringiendo tu vida más de lo que imaginas.

Tomar conciencia de este patrón ya es un primer paso importante.

En un próximo artículo hablaremos de cómo empezar a relacionarte de forma más flexible con tus pensamientos y emociones, y de algunas estrategias psicológicas que pueden ayudarte a reducir este patrón de evitación en tu vida cotidiana. Puedes leer ese artículo aquí:

 

Bibliografía

Belloch, A., & Morillo, C. (2002). Efectos de la supresión de pensamientos neutros y pensamientos intrusos análogos a las obsesiones en sujetos normales. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 7(3), 177–193. https://www.aepcp.net/wp-content/uploads/2020/05/02.20023.Bellloch-Morillo.pdf

Patrón-Espinosa, F. de J. (2013). La evitación experiencial como dimensión funcional de los trastornos de depresión, ansiedad y psicóticos. Journal of Behavior, Health & Social Issues, 5(1), 85–95. https:// 10.5460/jbhsi.v5.1.38728

Mellado-Pastor, S., Del-Río-Sánchez, C., & Pastor-Morales, J. (2023). La influencia de la evitación experiencial y la fusión cognitiva en personas con diagnóstico de trastorno de pánico y agorafobia y TOC. Apuntes de Psicología, 41(2), 69–75. https://doi.org/10.55414/ap.v41i2.1548

 

Guillem Ribes Jordán
Psicólogo colaborador del Centro de Psicología Calma Al Mar.

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