Enamorarse de la persona incorrecta

 

Ni la Psicología, ni la Biología alcanzan de momento a explicar por qué las personas tenemos tanta facilidad para generar vínculos que llamamos “verdadero amor” ante personas que no pegan para nada con nosotros.

Cómo es posible que nos enganchemos tanto por personas que desde un punto de vista psicológico no se relacionan para nada con la forma de ser de uno.

Diferentes aficiones. Diferentes intereses. Diferentes caracteres. Y sin embargo, no haces más que pensar en esa persona, y cada pequeño contacto con ella te parece un tiempo muy especial.

Los psicólogos predecimos que surgirá atracción cuando el comportamiento de otra persona nos provoca bienestar. Por ejemplo, cuando nos halaga o nos trata de una forma especialmente agradable. Pero ¿es posible generar atracción cuando realmente la otra persona nos provoca malestar?

La experiencia nos sorprende demostrándonos que efectivamente es así. Para ejemplificarlo no es necesario que lleguemos a los casos extremos del maltrato de género del que escuchamos hablar con frecuencia, en donde la víctima afirma continuar enamorada del maltratador.

Casos menos severos que vemos a nuestro alrededor también son buenos ejemplos de hasta qué punto eres capaz de sentir atracción por otra persona que no te corresponde en absoluto, es más, que te rechaza repetidas veces hasta hacerte sentir “mendigo de amor”.

¿Somos acaso “buscadores de emociones”? ¿Nos da igual lo que nos hagan sentir con tal de que “nos hagan sentir”? ¿Cuál es la verdadera clave entonces para seducir?

Tiene sentido pensar que generar emociones en otra persona es un factor clave para seducirla. No tiene mucha importancia que estas sean buenas o no tan buenas. Simplemente que estén presentes. Tampoco tiene importancia, incluso, que seas tú quien las genere, o bien que sea la propia situación y tú simplemente estés presente.

Como he explicado en otro artículo de este blog, las personas tenemos un dispositivo mental que tiende a interpretar que cuando dos cosas suceden juntas, una provoca la otra. Así pues, si una persona siente una emoción intensa, y estás tú presente, la persona asocia que eres un factor generador de esa emoción. Y si, como veíamos antes, las emociones generan atracción, y por este dispositivo mental se interpreta que eres el generador de esa emoción, esa atracción estará focalizada y dirigida hacia ti.

Según este planteamiento, para seducir a una persona hay dos cosas que pueden dar buenos resultados (sin entrar en lo éticamente correctos que puedan ser o no).
1. La más habitual es: confundirla. Cuando se dan mensajes contrarios, o se llevan a cabo comportamientos ambiguos, la otra persona genera emociones que son tanto más intensas cuanto más contrarios sean nuestros comportamientos hacia ella.

Por ejemplo, mostrarte muy afectivo con una persona, y luego no dar señales de vida, o mostrarte distante durante varios días seguidos, genera confusión. Si se hace de forma adecuada puede resultar en una forma de atracción muy potente.

2. La segunda de las cosas es generar una activación alta a nivel emocional creando una circunstancia que lo facilite.

Por ejemplo, un parque de atracciones es un lugar en donde es fácil generar emociones intensas. Llevar a una persona a un lugar así hará que su alta activación emocional la atribuya a ti, y facilita la seducción.

Pero no es necesario algo tan intenso. Cualquier situación que sea diferente para vosotros, como sorprender a esa persona con un picnic en el salón, una entrada para un espectáculo de magia, un concierto, etc. pueden ser ejemplos de situaciones que facilitan la excitación emocional.

Así pues, queramos o no, es relativamente fácil enamorarse de la persona incorrecta.

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