¿Sabes escuchar?

¿Te sientes escuchado/a? ¿Crees saber escuchar?

¿Cuántas veces nos pasa de tener la sensación de que la persona con la que interactuamos no nos escucha?

Todos hemos tenido la experiencia de hacer una pregunta y de que nos contesten una cosa completamente diferente.

Cuando ocurre esto nuestra reacción inmediata es de «¿no me has oído?»

Pero también nos ha pasado de veces en que hemos dejado de escuchar, bien porque el tema era aburrido, porque el sonido era irritante o porque “eso ya lo hemos oído antes”.

Oir vs Escuchar

Cuando hablamos de escuchar a los demás la mayoría de nosotros tenemos ideas no siempre exactas sobre lo que comporta escuchar y frecuentemente confundimos el oír con escuchar (Briz, C. A., 2000).

Oír es el proceso fisiológico de recibir sonidos a través de los oídos. Mientras oír es un proceso automático, escuchar requiere estar presente en la conversación.

Si bien son dos cosas diferentes, podemos oír y no escuchar, pero no es posible escuchar sin oír.

Muchas veces oímos, pero no escuchamos y eso crea desconexión y problemas en las relaciones con los demás. Para comunicar bien, antes hay que escuchar bien (Briz, C. A., 2000).

 

Para entrenar la escucha activa comienza por:

  • Identificar los condicionamientos que te impiden escuchar bien (falta de concentración, de atención, de motivación, estrés o ansiedad, etc.).
  • Practicar estar presente en la conversación.
  • Proporciona a tu interlocutor una pista de cuándo le sigues y cuándo no.
  • Evitar dar consejos. Las reacciones, estímulos, comentarios y consejos por muy bien intencionados que sean en realidad impiden que las personas se sientan comprendidas.

«¡Escucha!
Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a aconsejarme, no estás haciendo lo que te he pedido.

Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a decirme por qué yo no debería sentirme así, no estás respetando mis sentimientos.
Cuando te pido que me escuches y tú piensas que debes hacer algo para resolver mi problema, estás decepcionando mis esperanzas.

¡Escúchame! Todo lo que te pido es que me escuches, no quiero que me hables ni que te tomes molestias por mí. Escúchame, sólo eso.
Es fácil aconsejar. Pero yo no soy un/a incapaz. Tal vez me encuentre desanimado/a y con problemas, pero no soy un/a incapaz.

Cuando tú haces por mi lo que yo mismo puedo y tengo necesidad de hacer, no estás haciendo otra cosa que atizar mis miedos y mi inseguridad.

Pero cuando me aceptas, simplemente, que lo que siento me pertenece a mí, por muy irracional que sea, entonces no tengo por qué tratar de hacerte comprender más y tengo que empezar a descubrir lo que hay dentro de mí » (R. O’Donnell, El mosaico de la misericordia).

Algunas personas tienen más facilidad que otras a escuchar, pero la escucha activa no es un proceso automático, es una habilidad que se entrena y requiere de estar presente en la conversación.

Entrenar la escucha activa ayuda a forjar relaciones auténticas basadas en la empatía y la comprensión.

Para aprender y mejorar nuestra escucha interpersonal primero habremos de identificar y trabajar los obstáculos intrapersonales que dificultan la escucha activa y minan nuestras relaciones familiares, sociales y laborales.

 

 

Minodora Anusca

Mediadora familiar

Colaboradora con el Centro de Psicología Calma al Mar, Valencia

Referencias:

Briz, C. A. (2000). Aprender a escuchar bien. In 14 aprendizajes vitales (pp. 63-80). Desclée de Brouwer.

 

Imagen desde rawpixel.com from Pexels

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