La importancia de la ansiedad en nuestra vida

Carlos Galán. Psicólogo

Andrea Mezquida. Psicóloga

 

Introducción

 

La ansiedad en un principio es algo positivo para el ser humano. Supone una señal de alarma ante un peligro real o imaginario.

Esta señal de alarma que se traduce en síntomas físicos o fisiológicos, nos avisa para que decidamos si luchar o huir de esa situación peligrosa.

 

Todos nosotros sentimos ansiedad en algún momento nuestra vida.

La mayoría de las ocasiones, sentir ansiedad es totalmente normal. Pero, sin embargo, para aquellas personas que sufren ansiedad generalizada, la sensación de ansiedad es mucho más fuerte y frecuente, y les suele perjudicar en s vida cotidiana.

La ansiedad generalizada es una enfermedad duradera en el tiempo que provoca que la persona se sienta ansiosa debido a un gran conjunto de situaciones y dificultades, más que por un hecho específico. Las personas que padecen ansiedad generalizada suelen sentirse ansiosas la gran mayoría de los días, y, normalmente les cuesta recordar la última vez que se sintieron relajadas y tranquilas.

 

Además, la ansiedad generalizada puede generar síntomas psicológicos y físicos.

 

La ansiedad llega a afectar a 1 de cada 50 personas en algún momento de su vida. Suele haber más incidencia en las mujeres que a en los hombres, y el trastorno es más común entre la gente jóven.

 

La ansiedad puede perjudicar de manera importante la vida cotidiana provocando que sea difícil realizar las tareas rutinarias.

 

Pero, por suerte, se cuenta con

varios tratamientos que pueden aliviar los síntomas psicológicos y físicos.

 

 

 

¿Qué es la ansiedad?

 

La ansiedad es una experiencia mental, emocional y fisiológica de gran inquietud, preocupación e inseguridad ante un peligro real o imaginario generalmente centrado en el futuro.  Nuestra mente interpreta que vamos a enfrentarnos a una situación en la que nuestra supervivencia o nuestros intereses pueden verse amenazados, ¿a que nos referimos con intereses? Nuestra economía, relaciones familiares, nuestra relación de pareja, aprobar un examen importante, el bienestar de nuestros hijos, nuestra propia autoestima o la imagen que queremos proyectar a los demás.

 

El objetivo de la activación emocional es prepararnos para responder ante esta posible amenaza de la mejor forma. ¿Cómo?, focalizando nuestra atención en la amenaza percibida, activando señales en nuestro cuerpo que nos indiquen la necesidad actuar y prevenir posibles peligros a través de la anticipación, el famoso: “¿y si…?”

 

Por lo tanto, el propósito de la ansiedad siempre es adaptativo, protegernos o avisarnos de que algo no va bien y de que vamos a tener que movilizar recursos para afrontar los cambios necesarios.

 

Sin embargo, a veces se sobre-activa o bien, no estamos dispuestos a escuchar el mensaje que quiere transmitirnos y su única opción es gritarnos.

 

Síntomas

Los signos y síntomas más habituales en la ansiedad serían los siguientes:

 

  • Sensación de nerviosismo, agitación o tensión
  • Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe
  • Aumento del ritmo cardíaco
  • Respiración acelerada (hiperventilación)
  • Sudoración
  • Temblores
  • Sensación de debilidad o cansancio
  • Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación actual
  • Tener problemas para conciliar el sueño
  • Padecer problemas gastrointestinales
  • Tener dificultades para controlar las preocupaciones
  • Tener la necesidad de evitar las situaciones que generan ansiedad

Diferencia entre ansiedad y miedo

 

El miedo es una reacción más primaria y automática. Relacionada sobre todo con nuestra propia supervivencia. En el miedo, predomina un sentimiento de peligro inminente que suele desaparecer cuando el estímulo amenazante se retira.

Cuando nuestro cerebro percibe un peligro (real o imaginario), automáticamente se activa el sistema de alarma. Este provoca una serie de cambios fisiológicos con el objetivo de prepararnos para afrontar el peligro a través de dos estrategias que aumentan la posibilidad de sobrevivir; la lucha o la huida.

 

Algunos de estos cambios pueden ser, por ejemplo, palpitaciones o taquicardia, el corazón late más rápido con el objetivo de transportar sangre a los órganos y que estos respondan más eficazmente, esta sensación suele malinterpretarse como un infarto. Hiperventilación, como necesitamos más oxigeno involuntariamente respiramos más rápido. Pero si este oxígeno extra no se invierte realizando actividad física, (lucha/ huida), hiperventilamos. Esta es una sensación muy molesta y suele interpretarse como que podemos ahogarnos, sin embargo, la hiperventilación es el estado opuesto a la asfixia.

 

La ansiedad es un estado de alerta más complejo, existe un procesamiento de la información más lento y consciente influido por la propia percepción entre el posible peligro y los recursos disponibles para afrontarlo. Suele estar más ligada al futuro y a la necesidad de prevenir o controlar acontecimientos que pueden suponer una amenaza para nuestros intereses. La activación emocional puede ser menos intensa pero más duradera que en el miedo o pánico.

 

Tipos de ansiedad: Ansiedad estado VS Ansiedad Rasgo.

 

Podemos diferenciar entre dos tipos o manifestaciones de la ansiedad. En primer lugar, tenemos la ansiedad estado, como su nombre indica, es un estado de sobre-activación que aparece situaciones que interpretamos como amenazantes y desaparece cuando el estímulo fóbico o peligroso se retira. Un ejemplo claro podría ser la ansiedad que se siente antes de hacer un examen o antes de hablar en público. Cierto grado de ansiedad, en este ejemplo, es adaptativa ya que nos movilizará a hacer un último repaso a la materia o a comprobar la calidad de la presentación.  El problema aparece cuando esta respuesta adaptativa es demasiado intensa, cuando la ansiedad se hiperactiva y cuando, a través de nuestros pensamientos y anticipaciones catastróficas, sentimos que no disponemos de los recursos necesarios para enfrentarnos a esta situación. Porque no hemos estudiado lo suficiente, porque no sabemos expresarnos en público, porque nos van a juzgar, los compañeros pensarán que somos tontos, etc. Aquí, la respuesta de ansiedad, lejos de ayudarnos, nos paraliza y nos bloquea.

 

¿Cual es el segundo tipo de manifestación de la ansiedad?, la ansiedad rasgo. Nos referimos a una tendencia o una predisposición por parte de la persona que la sufre a responder mediante ansiedad a una gran cantidad de eventos.

 

Y, por último, tendríamos los trastornos de ansiedad, en los que la manifestación ansiosa provoca un malestar clínicamente significativo, esto que quiere decir, que la propia ansiedad estaría afectando gravemente el día a día de la persona que la sufre en distintas áreas vitales.

 

Componentes que conforman la ansiedad

 

Como cualquier otra emoción, la experiencia de la ansiedad está compuesta por tres elementos o tipos de manifestación. En primer lugar, tenemos los pensamientos, es decir, lo que nos decimos o imaginamos acerca de la situación que nos genera ansiedad, en segundo lugar, las emociones o sensaciones físicas, los cambios fisiológicos que experimenta nuestro cuerpo para prepararnos para la respuesta de lucha o huida. Y, por último y más importante, cómo respondemos nosotros ante la experiencia de la ansiedad. Y este último componente, la conducta o respuesta, va a ser determinante en el desarrollo y mantenimiento de un trastorno de ansiedad.

 

Causas y mantenedores de un trastorno de ansiedad

 

Bien, en términos generales, podemos establecer 4 principales causas o variables que predisponen el desarrollo de un trastorno de ansiedad.

 

En primer lugar, tenemos el factor genético. Existe un factor hereditario dentro de los trastornos de ansiedad. ¿Esto significa que si nuestros padres sufrieron o sufren un problema de ansiedad nosotros estaremos destinados a padecerlo? No, la variable hereditaria ni condena a la ansiedad ni es la propia ansiedad, es un factor predisponente que junto a la suma de otros facilita el desarrollo de un trastorno de ansiedad.

 

Por otra parte, tendríamos el estilo educativo y el tipo de vínculo que establecimos con nuestros cuidadores en los primeros años de vida, también conocido como apego. La predisposición a desarrollar un trastorno de ansiedad se asocia sobretodo a dos tipos de crianza; el híper-protector, en el que los cuidadores sobreprotegen al niño, le advierten de todo tipo de peligros o amenazas posibles y no le permiten explorar el mundo con libertad. El pequeño crece con la idea de que el mundo es un lugar peligroso y que necesitan a los demás para poder sobrevivir. Este tipo de vínculo está asociado a relaciones de dependencia emocional en la etapa adulta.

 

Otro estilo educativo que puede actuar como factor de vulnerabilidad en la aparición de trastornos de ansiedad es aquel en el que los niños asumen responsabilidades desde muy pequeños. Los niños muchas veces actúan como padres y asimilan la creencia de que son los responsables del estado de ánimo de sus cuidadores. Esto provocará una hipervigilancia en la edad adulta, se responsabilizarán en exceso de los problemas y perseguirán la sensación de control para poder sentirse seguros.

 

Se ha demostrado que las experiencias traumáticas en las que la persona interpretó que su seguridad o integridad podría verse amenazada pueden estar relacionadas con la aparición de trastornos de ansiedad, en concreto el trastorno de estrés postraumático en el que la persona revive una y otra vez con mucha angustia la situación traumática en forma de “flashbacks”. Es incapaz de desconectar y el recuerdo le persigue y le atormenta.

 

El contexto puede ser otro factor predisponente. Es decir, el estilo de vida, todos sabemos que hay hábitos como el tabaquismo, el sedentarismo, una alimentación poco saludable y el insomnio favorecen la intensidad de la respuesta de ansiedad. Hay veces que haciendo una pequeña intervención en estilos de vida, la intensidad de la respuesta de ansiedad se regula y la persona se ve mucho más capaz de enfrentarse al miedo.

 

Y, por último, pero no menos importante, los patrones mentales y conductuales, es decir, la tendencia a pensar de una forma poco objetiva, exagerada, catastrófica e irracional. Y, como decía antes, la forma en la que respondemos o reaccionamos ante la ansiedad que, o bien debilitará o reforzará este tipo de pautas de pensamiento o creencias.

 

En concreto, la principal causa del desarrollo y mantenimiento de un problema de ansiedad, que a su vez se convierte en la piedra angular de todo tratamiento, es la evitación experiencial. Es decir, los esfuerzos que hace la persona para no ponerse en contacto con aquello que teme y no sentir el miedo o la ansiedad asociados a este. Evitar esta emoción mantiene o perpetúa un bucle en el que cada vez tenemos más miedo y cada vez nos sentimos mas inseguros y más enjaulados ante la propia ansiedad. Por lo tanto, aproximarnos progresivamente a aquello que tememos será un objetivo primordial del tratamiento de la ansiedad.

 

¿La ansiedad se cura?

 

Bueno, esta es la eterna pregunta. La ansiedad, como mecanismo adaptativo no se puede curar porque no es un elemento insano. Es una parte fundamental de nuestra experiencia y nos permite sobrevivir a las exigencias y responsabilidades del día a día. Ç

 

La pregunta sería, ¿se puede aprender a manejar la ansiedad para que esta no suponga un obstáculo en la consecución de nuestros objetivos o en nuestro bienestar emocional?

 

y la respuesta es sí, sin lugar a duda. Existen tratamientos de eficacia demostrada enfocados a enseñar al paciente a relacionarse de una forma más saludable con la ansiedad, a aprender a flexibilizar la forma en la que interpreta la realidad y a ofrecerle herramientas para responder ante esta de una manera adaptativa y funcional para sus objetivos vitales.

 

 

 

El papel de la medicación en la ansiedad

 

No. La farmacología puede ser una gran aliada en el tratamiento de un problema de ansiedad siempre y cuando se utilice como adyuvante de un tratamiento psicológico.

 

Las pastillas pueden ser un gran recurso para ayudar al paciente a reestablecer hábitos de sueño, para sentirse más capaz a la hora de acercarse a aquello que teme, como recurso para una crisis…, sin embargo, este aliado puede cambiarse de bando y convertirse en un gran enemigo.

 

Cuando recurrimos a la farmacología como única vía para regular y afrontar la ansiedad es como si pusiéramos un parche encima del problema. Ni aprendemos a regularlo, ni aprendemos a enfrentarnos al miedo. Hacemos que desaparezca durante un breve periodo de tiempo sin solucionar el problema de base. Es decir, la farmacología, mal usada se puede convertir en una estrategia de evitación más que fortalezca el ciclo y mantenga el trastorno. Por lo tanto, no hay que demonizar a la medicación, pero tampoco utilizarla como único recurso.

 

Pedir ayuda a un profesional

En primer lugar, nos ayudará a entenderla. Conocer y entender qué conductas, pensamientos y respuestas predisponen, precipitan y mantienen la ansiedad. Esta es una de las partes más importantes del tratamiento. Los psicólogos utilizamos una herramienta muy útil para este proceso llamada análisis funcional que nos permite, en lugar de ver el problema como una nebulosa de situaciones, emociones, sensaciones, pensamientos… “cortar en lonchas” cada parte de la experiencia para tomar consciencia de qué está ocurriendo, qué función tiene cada respuesta y qué alternativas tenemos.

 

“Mata a tus demonios, pero después hazles la autopsia para ver de qué se estaban alimentando”.

También, nos enseñará herramientas y recursos que nos ayuden a regularla y tolerarla. Aprender a interpretar las situaciones de manera flexible y adaptativa, regular nuestra sobre-activación a través de ejercicios de relajación o entrenar habilidades como mindfulness nos permitirán entrenar la capacidad de relacionarnos con la ansiedad, y con el resto de nuestra experiencia, de manera más saludable, desde la aceptación y el autocuidado.

 

Entender nuestra propia experiencia y adquirir habilidades que nos ayuden a regularla nos ayudará a poder exponernos a aquello que tememos que, como hemos dicho antes, será el elemento principal del tratamiento de la ansiedad. Esta exposición se realizará de forma gradual y siempre respetando los tiempos y las necesidades del paciente.

 

 

Pautas para ayudar a una persona que está sufriendo ansiedad

 

El mejor de los consejos que podemos ofrecerle a una persona que está padeciendo un problema de ansiedad es que pida ayuda profesional.

 

En ocasiones, por falta de conocimiento, los propios amigos o familiares podemos convertirnos en reforzadores o mantenedores de este tipo de problemas. Con el objetivo de que la persona que queremos deje de sufrir, le protegemos, reforzamos sus evitaciones o alimentamos patrones de comportamiento que pueden ser muy desadaptativos.

 

Por lo tanto, como amigo o familiar es importante estar presente, facilitar espacios seguros de escucha atenta, libres de juicio y, por último, animar a la persona a que se ponga en manos de un profesional que le facilite los recursos necesarios para enfrentar el problema.

 

 

 

 

 

 

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