El «Efecto Mariposa» de tu cerebro: Las Neuronas Espejo

 < Nuestra evolución como animales comunitarios >

«El hombre es un ser social por naturaleza» (Aristóteles)

Nuestra evolución nos ha dotado de la etiqueta de «animales sociales». Esto no ha sido mera casualidad, nuestro cerebro a lo largo de los años se ha adaptado a esta necesidad. Este órgano que une nuestro mundo externo e interno analiza todo tipo de estímulos ligados a nuestra supervivencia, y uno de los más destacables serían los estímulos sociales, es decir, las personas y su conducta.

La Neurociencia Social se encarga del estudio del funcionamiento cerebral ligado a nuestras conductas sociales como individuos. Hace ya 23 años, el trabajo de un equipo de neurocientíficos liderados por Giacomo Rizzolatti encontró una afortunada serendipia. Este hallazgo fue bautizado como «neuronas espejo» y muchos científicos consideran que fue uno de los descubrimientos más importantes de las Neurociencias en la última década. Deja que te explique el por qué.

 

< El individuo adaptado a la comunidad >

«Las neuronas espejo son el ladrillo sobre el que se construye la cultura» (Giacomo Rizzolatti)

Si te cuestiono sobre nuestra naturaleza social seguramente no tengas duda alguna sobre la veracidad de esta afirmación. Para sobrevivir como individuos entendimos rápidamente que debíamos formar comunidades. Desde los primeros tiempos del hombre hemos evolucionado como grupo, no como individuo. Ello ha permitido desarollar una sociedad, y sobre nuestra conducta prosocial hemos creado nuestra propia cultura.

¿Pero dónde nace esa tendencia a unirnos, a estar en compañía, a buscar más seres humanos? Somos animales gregarios, tenemos la necesidad de estar en compañía. Te expongo dos ejemplos:

  • Desde los primeros meses de vida los bebés se sienten más atraidos por los estimulos sociales que por los no sociales: atracción por rostros humanos, contacto visual, movimientos corporales de otros seres humanos, diferenciación entre rostros familiares y ajenos…
  • La soledad se considera en Psicología como una vulnerabilidad frente al desarrollo de trastornos mentales, mientras que el apoyo social se considera un factor de protección.

 

<< La empatía como herramienta de uso social >>

Mira con los ojos de otro, escucha con los oídos de otro y siente con el corazón de otro (Alfred Adler)

Uno de los procesos que nuestro cerebro ha desarrollado para permitir adaptarnos como animales sociales es la «empatía». Este término hace referencia a la capacidad que desarrollamos a lo largo de nuestra infancia que nos facilita sentir y comprender lo que siente otra persona con la que interactuamos. La empatía desempeña un papel clave en nuestra capacidad de relacionarnos y vincularnos con una persona o grupo de forma sólida.

En Psicología este constructo se considera un término complejo dificil de definir, por lo que está compuesto en diversos factores. A continuación explicaré el esquema de las definiciones de empatía y la diferenciación con términos afines para mejorar tu comprensión sobre este proceso psicológico:

Los modelos integradores sobre el concepto de empatía la dividen en dos componentes:

  • Empatía cognitivaComprensión intelectual de la experiencia del otro.
  • Empatía afectivaExperiencia inmediata de las emociones de la otra persona.

Sin embargo, no debemos confundir la definición de empatía («sentir en») con simpatía («sentir con»).

La empatía implica la introducción en el mundo emocional de la otra persona sin anular la distancia del yo con el yo ajeno. Mientras que la acción de simpatizar alude a la mimetización de las emociones ajenas, sin comprenderlas necesariamente.

 

<< Inteligencia social o Teoría de la Mente >>

Como se ha nombrado antes, desde tu más tierna infancia tu cerebro ha nacido con la capacidad de desarrollar procesos que componen tu inteligencia social. Pasando por una serie de etapas durante el desarrollo que comienzan desde tus primeros días, como bebé sabes muchas cosas sobre el mundo, sus objetos y propiedades, de las personas, los acontecimientos y relaciones. Naces con pautas para procesar la información relevante del medio que te rodea. Como manifiesta la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget entre el año y medio y cinco años comienzas a comprender tu propia mente y la de otros. Así, comienzas a atribuir piensamientos, deseos y sentimientos que son la causa de los comportamientos de otras personas.

Concretamente, es a los cuatro años cuando en tu mente se desarrolló lo que se conoce en Psicología como Teoría de la Mente. Éste concepto hace referencia al sistema de conocimientos e inferencias que atribuye intenciones y sentimientos como causa de las conductas de otras personas. El estudio de Wimmer y Pernet (1983) ilustran con gran acierto sobre este hito del desarrollo cognitivo infantil a través del «paradigma de la falsa creencia»:

Un niño está observando una situación en la que se encuentran varios elementos: Otro niño, un científico, una caja y una chocolatina. En la interacción presente en la habitación, el investigador esconde la chocolatina debajo de la caja que está delante del niño. Éste sale de la habitación, y durante su ausencia el investigador cambia de lugar la chocolatina. 

Una vez ha sucedido esto se le pregunta al niño que observa dónde está la chocolatina y dónde cree que lo buscará el otro niño. Esto es el quid de la cuestión: si el niño distingue entre lo que él sabe y lo que sabe el otro niño. Esta capacidad es la denominada Teoría de la Mente.

 

<< El invididuo nace de la comunidad >>

No sólo aprendemos valores y comportamientos prosociales a partir de la interacción social, también aprendemos múltiples conductas y habilidades a través de los demás. Como expuso Albert Bandura:

El aprendizaje sería muy trabajoso y además peligroso si la gente tuviera que depender de forma única de los efectos de sus propias acciones. Afortunadamente el comportamiento humano se aprende a través de la observación a través de modelos.
De la información de los demás uno se va formando la idea de cómo adquirir nuevas conductas que luego repetirá, esa información posteriormente sirve como guía para la acción. Es el aprendizaje vicario o modelado.
Este proceso al que Bandura acuñó como Teoría del Aprendizaje Social se basa en nuestra capacidad de observar a los demás e imitar sus acciones. Desde pequeños observamos lo que nos rodea e imitamos a nuestras personas cercanas. En términos de Psicología denominamos este proceso de aprendizaje social condicionamiento vicario o por imitación.
Gracias a esta clase de habilidades derivadas de nuestra inteligencia social somos capaces de formarnos como individuos comunitarios. Esto es debido a que nuestro cerebro es un órgano que se ha adaptado a nosotros mismos como individuos y como especie para permitir nuestra supervivencia y desarrollo. Pero si esta manifestación es el último eslabón de una cadena… ¿Cuál sería el primer peldaño?

< De la Mente al Cerebro >

Ahora vamos a escudriñar un poco mejor el sustrato biológico que sustenta esta representación mental: nuestro cerebro. Como todo estudio neurocientífico (y científico en general) aún queda mucho por avanzar. Sin embargo, vamos a hacer un recorrido desde las unidades básicas a nivel biológico hasta su representación cognitiva y conductual a nivel psicológico (las cuales ya hemos explicado previamente). Así pues, hagamos una visión retrospectiva hacia el origen de nuestras conductas prosociales. ¿De dónde nace nuestra capacidad empática y nuestra inteligencia social?

 

<< Unidad celular: Neuronas Espejo >>

«Somos criaturas sociales. Nuestra naturaleza depende de entender las acciones, intenciones y emociones de los demás. Las neuronas espejo nos permiten entender la mente de los demás, no solo a través de un razonamiento conceptual sino mediante la simulación directa. Sintiendo, no pensando». (Giacomo Rizzolatti)

En 1996 Rizzolatti y colaboradores realizaron un experimento con macacos como muestra experimental. Su objetivo era la medición de la respuesta eléctrica de las neuronas al realizar ciertas acciones motoras cuando de repente, encontraron algo que no esperaban. Las neuronas de los macacos se activaban al observar a los científicos realizando ciertos movimientos.

Esta respuesta dejó atónitos a los científicos, quienes profundizando en este descubrimiento encontraron unas neuronas nunca vistas hasta la fecha. Estas neuronas fueron denominadas como neuronas espejo o especulares. Se definieron como una clase de neuronas presentes en primates y humanos (incluso se han encontrado en algunas especies de aves) que se activan al realizar una acción motora y lo más impactante de todo, al observar a otro individuo realizar una acción. Este fenómeno de respuesta se desfragmenta en dos componentes: la percepción del entorno y la actuación en consecuencia.

Con una definición tan simple y concisa podemos entender que la presencia de estas neuronas forman parte de muchos procesos a nivel motor, afectivo y social. Por ejemplo, estas neuronas intervienen en diversas conductas sociales como:

  • El visionado de películas: Ver a otras personas realizar acciones también incluye el formato audiovisual.
  • En interacciones sociales como el «coqueteo»: Intervienen muchas conductas de emocionales, mímicas y gestuales por ambos lados, lo que se denominaría comunmente «estar en la misma onda».
  • Aprendizaje por imitación: Fundamental en deportes como las artes marciales.
  • Conductas fisiológicas como el bostezo: que albergan una intención social además de biológica.

<< Componentes cerebrales >>

Estas neuronas se encuentran en diversas zonas del encéfalo. La peculiaridad de las mismas se refiere al reflejo de la función cerebral, que por esa misma razón se denominan «espejo». Esto quiere decir, que cuando percibimos una determinada conducta, nuestro cerebro está imitando la función que se observa, sin necesariamente estar llevándola a cabo.

Cuando estás viendo una película de artes marciales y ves a alguien realizando una llave, las zonas motoras de tu cerebro se están activando como si tú mismo la estuvieses realizando; o cuando estás viendo una película en la que el protagonista está sintiendo una gran tristeza y comienza a llorar, tu cerebro está imitando sus patrones cerebrales, provocando que estés triste, entonces mimetizas ese estado de pesar; o cuando alguien está sufriendo, el cerebro imita esas señales propias de dolor, como si tú sufrieses ese dolor ajeno. Hasta ese punto las neuronas espejo influyen en nosotros mismos.

Como se ha mencionado, esta actividad neuronal se relaciona con gran cantidad de conductas, por lo que de forma proporcional implican varias zonas cerebrales relacionadas con distintas funciones, y cada población de neuronas espejo implica un resultado diferenciado en su función dependiendo del hábitat donde se encuentren:

  • Área premotora y corteza parietal: Codifican los actos motores observados y permiten al observador entender las intenciones del otro. Tienen la capacidad de identificar si el mismo acto se refiere a una conducta con una finalidad u otra (por ejemplo, coger algo o comer). Incluso la activación se realiza previamente a la parte de la acción observada que especificaba la acción. Además son capaces de inferir en la percepción de una acción que no se observa completamente.
  • Área de Broca: Relación entre la imitación y el lenguaje respecto a los gestos y sonidos. Cuando escuchamos a alguien y le vemos gesticular estas neuronas activan el área de Broca y otras zonas cerebrales encargadas del movimiento de los músculos fonadores como si nosotros mismos estuviésemos hablando.
  • Sístema límbico: Estas neuronas permiten reflejar aspectos emocionales además de motores debido a la conexión con este sistema.


< Conclusión >

Los estudios realizados sobre estas neuronas como protagonistan han destacado que no sólo se relacionan con la representación de las acciones a nivel motor, sino que también intervienen en la comprensión de los demás y sus intenciones, lo que estaría íntimamente relacionado con la empatía cognitiva y la teoría de la mente.

A su vez, el efecto reflejo que se produce en nuestro cerebro al percibir acciones motoras o expresiones emocionales destaca la relación que mantiene con la empatía afectiva y nuestra capacidad de aprendizaje por imitación.

Es decir, estas neuronas intervienen en muchas de nuestras conductas sociales, ya sea de una forma intencional (consciente) o automática (inconsciente).


Amparo L. Luján Barrera

Biopsicóloga – Neurocientífica

Colaboradora del Centro de Psicología «Calma al Mar», Valencia

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