La envidia, un sentimiento que puedes aprender a gestionar

Siete son los pecados capitales que fueron descritos por el cristianismo para establecer una clasificación de los vicios de los seres humanos. De entre ellos: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, soberbia y envidia, es este último el que más cuesta reconocer en uno mismo. En algún momento de nuestras vidas todos hemos podido admitir sentir pereza, gula, ira…, sin embargo, con la envidia no ocurre igual, tanto de cara a uno mismo y, aún más, de cara a la sociedad. Admitir ante otros que uno tiene envidia, te convierte automáticamente en mala persona y te lleva a ser juzgado por los demás. No obstante, si lo pensamos y somos honestos con nosotros mismos, todos en algún momento de nuestra existencia hemos sido víctimas, en mayor o menor medida, de este pecado capital.

Pero, ¿qué entendemos exactamente por envidia?, ¿existen diferentes tipos de envidia?, ¿hay envidia sana como se suele decir?

La envidia es un sentimiento, un estado emocional que no forma parte de las emociones básicas, por lo que es aprendida y se irá forjando de una u otra forma en función de las experiencias, los modelos, la educación emocional y las estrategias que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida y que, como siempre, tendrán una mayor importancia en los primeros años del desarrollo de la persona.

La RAE la define como “tristeza o pesar del bien ajeno” o “deseo de algo que no se posee”. Esta primera definición podría encajar más con lo que entendemos por envidia mala, mientras que la segunda con lo que llamamos coloquialmente envidia sana. Veamos la diferencia en el matiz. En el primer caso, “tristeza o pesar del bien ajeno” el envidioso focaliza su atención en los sentimientos negativos que produce el hecho de que otro posea algo, independientemente de que uno lo quiera o no. Este tipo de envidia lleva a querer arrebatar al otro lo que tiene o a desear que lo pierda. Sin embargo, la segunda definición “deseo de algo que no se posee” la persona quiere lo que otro tiene, pero esto no le impide a la vez poder alegrarse por la posesión del otro e, incluso, celebrarlo y estar francamente contento por ello.

A lo largo de la historia, desde la psicología, se ha estudiado la envidia y esta ha sido entendida y concebida de diferentes formas según los diversos enfoques. Desde la perspectiva psicoanalítica es vista como un deseo profundo de poseer algo que otro tiene, por tanto, la envida nos alejaría del amor hacia los demás y nos llevaría, además, a no poder disfrutar de lo que se tiene, pues la atención se centra en lo que el otro tiene.

Desde la perspectiva evolucionista la cosa cambia ya que la envidia es vista como una oportunidad para ser mejores, pues el hecho de que nos comparemos con otros y “salgamos perdiendo” nos puede llevar a querer hacer las cosas de mejor manera, a intentar superarnos y establecer una serie de acciones para conseguir una meta.

Como otros muchos asuntos de la vida, la envidia puede variar también según la perspectiva desde la que se defina y desde nuestra propia percepción acerca de ella. Así, lo primero que debes hacer para gestionar la envidia, que puedas sentir en ocasiones, de una forma natural y sana, es aceptarla sin juzgarte. Reconocer que se tiene un sentimiento que es en cierto modo infantil, pero humano y que va vinculado a nuestra sociedad y elegir adoptar una postura evolucionista viéndolo como esa oportunidad para ponerse en acción y conseguir nuestros objetivos a la vez que se trabaja la empatía. Esto, nos permitirá seguir creciendo como personas y ser capaces de alegrarnos por el bien ajeno. Recuerda que detrás de la envidia siempre hay un sentimiento de inferioridad (http://www.miconsulta.es/autoestima/), pues normalmente sentimos envidia de personas que están más o menos a nuestro mismo nivel (laboral, social, familiar…) y, si en esta comparación, uno sale perdiendo es cuando la envidia puede brotar debido, como he comentado, a ese sentimiento de inferioridad. Ten en cuenta que la felicidad no depende tanto de factores externos, así que trabaja este sentimiento para que no te juegue malas pasadas y para que no bloquee tu propia felicidad.

Marisa Maza Fernández – Psicóloga

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar (Valencia)

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