Sinestesia

Tumbado en su cama, con la música saliendo enérgicamente a todo volumen de sus auriculares, Luis ve un arcoíris de acordes. La habitación va tornándose de distintas tonalidades al compás de los cambios de sus canciones favoritas mientras él se apena por la dificultad que implica tratar de explicar que ve colores al escuchar música. Se acuerda del músico Alexander Scriabin, quien también frustrado por su sinestesia, compuso Prometeo, una obra donde unas luces artificiales debían cambiar el color de la sala donde se interpretaba para que la gente pudiese experimentar una sensación parecida, sin embargo, el intento fracasó. “Es complicado” piensa Luis.

Es verdaderamente complicado tratar de explicar cómo se ve la música, cómo las impresiones que tienes de las personas pueden definirse en función de su color. En ocasiones Luis conoció a personas que, sin llegar a hablar con ellas, le han caído mal porque sus nombres o tono de voz eran de un color feo. Y también hubo gente que le ha parecido interesante por ser de un color bonito. De pequeño, su padre solía decirle que él veía el color del alma; pero él prefiere pensar que se equivocaba. No le gusta jugar a ser Dios cuando más bien considera esto por momentos una maldición, pues no es difícil imaginar lo que pensaría la gente si en lugar de decir que alguien “da mala espina” dijésemos que alguien “es de un color feo”. Luis ha conocido a gente de todos los colores imaginables: amarillos, azules, rojos,  violetas, verdes… Su madre, por ejemplo, era naranja como el cielo un atardecer de verano.

Aunque a día de hoy la sinestesia sigue sin estar lo suficientemente estudiada, sabemos que se trata de una asimilación conjunta de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos que se solapan en una sola percepción. La gente como Luis es tachada de rara o esquizofrénica, e incluso hay quienes achacan esta capacidad a una dificultad mental. De hecho, el doctor G.T.L. Sachs descubrió en 1812 que este fenómeno es más frecuente en personas que padecen autismo y epilepsia, y que también puede deberse a un daño en alguno de los sentidos o al consumo de cierto tipo de drogas. Pero también se sabe que aquellos individuos caracterizados como sinestésicos poseen una memoria prodigiosa entre otras capacidades de las que enorgullecerse.

En 1973, Lussana apuntó que los centros cerebrales pertenecientes al color y al habla son contiguos (se funden en una misma circunvolución), también el de melodía es contiguo al del color. Pero esto ya lo había notado Newton, comparando los 7 colores con las siete notas musicales, y antes de él, algunos pintores italianos. Por tanto,  ¿sería más conveniente tratar a estos individuos de seres superiores antes que inferiores?, ¿simplemente se trataría de una variabilidad interpersonal que no va más allá de una mera discusión de café? En cualquier caso, esta particularidad, no deja de suscitar cuando menos interés y curiosidad.

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