Síntomas del COVID-19: Fiebre, dolor de garganta, dificultad respiratoria… ansiedad anticipatoria y agorafobia

COVID-19 y salud mental

Covid-19, coronavirus, pandemia, confinamiento, aislamiento, toque de queda, distancia social, restricciones… Las palabras más utilizadas durante el 2020 en boca de personas de todas las edades, escalas sociales, ámbitos profesionales… literalmente, de todo el mundo, y no es para menos, la crisis biológica provocada por el COVID-19 afecta a cada individuo del mundo. Y aunque todos tenemos más o menos claros los síntomas que produce este virus, podemos no ser conscientes del impacto que el COVID tiene en nuestra salud mental. Si el principal síntoma físico que produce el contagio por COVID es la fiebre, su principal síntoma psicológico es la ansiedad anticipatoria.

La pandemia nos ha obligado a cambiar drásticamente nuestros hábitos de vida y la forma que tenemos de comportarnos socialmente. El peligro de contagiarnos o contagiar a las personas que nos rodean provoca un estado de alerta y miedo constante. Y el aspecto más preocupante, psicológicamente hablando, no es en sí el estrés que nos genera, sino si no su cronicidad. La “nueva normalidad” está condicionando nuestra vida más tiempo que el que los optimistas pronosticaban desde 2020.

Este ataque directo a la estabilidad psicológica afecta a cada persona de una forma diferente. Gestionar el estrés es una capacidad que depende en gran medida de la persona que lo padece. Y una situación de estrés constante, como la que vivimos actualmente, pone en “jaque” nuestras emociones, colapsando nuestro cuerpo y nuestra mente. En el caso de nuestra mente, ésta ha recibido el impacto por la anticipación del peligro por contagio por un lado, una adaptación de emergencia al cambio integral del funcionamiento de la sociedad por otro, todo ello sumido en la incertidumbre e inestabilidad constante.

De este caldo de cultivo circunstancial ha brotado la ansiedad como flor de nuestro jardín emocional. Y dependiendo de la persona el cuidado del jardín es diferente, y por ello, puede brotar de diferentes formas. Podemos contagiarnos por el virus, que alguien de nuestro círculo cercano se enferme, perder a un ser querido, perder nuestro trabajo o que se vea gravemente afectado… Son tantas las situaciones que nos preocupan que, de forma recurrente, podemos acudir a ellas imaginándolas vívidamente. Eso nos hace adoptar un estado de preocupación, tensión y malestar, que  deriva en proyectar todos los posibles finales de un suceso que no ha ocurrido en nuestra mente. Este patrón cognitivo generado en respuesta a pensamientos que nos producen malestar se denomina ansiedad anticipatoria.

 

COVID-19 y agorafobia

Actualmente, nuestra mente vive en un estado de alerta constante: cuando salimos a la calle, cuando estamos cerca de otras personas, en espacios cerrados… Nos hemos condicionado a estar intranquilos y ansiosos en esta clase de situaciones de riesgo biológico. Pero si nos planteamos la capacidad que tiene la ansiedad para determinar nuestras acciones, evitando la exposición que nos la provocan, no es de extrañar que algunas personas puedan llegar al extremo del autoconfinamiento por miedo a salir de casa. ¿A alguien esta forma de comportarse le recuerda a un trastorno, aunque muchas veces malinterpretado, muy conocido? Sí, hablo de la “agorafobia”, entidad clínica estrechamente relacionada con la ansiedad anticipatoria.

Tal y como describen los manuales clínicos, “la agorafobia es el miedo o ansiedad acusados que aparecen prácticamente siempre respecto a dos o más situaciones prototípicamente agorafóbicas (transportes públicos, lugares abiertos, lugares cerrados, hacer colas o estar en medio de una multitud, y/o estar solo fuera de casa) que, además, se evitan activamente, requieren la presencia de un acompañante o se soportan a costa de intenso miedo o ansiedad.” (APA, 2013). No podemos negar la cantidad de escenarios que comparte con los “nuevos” miedos que acompaña a la “nueva” normalidad, la “nueva” normalidad psicológica.

Este trastorno de ansiedad se manifiesta con la evitación activa y resistente a exponerse a situaciones que generan una respuesta de ansiedad intensa. Este miedo a exponerse se acentúa por el miedo a la propia respuesta fisiológica de nuestro cuerpo a la ansiedad. Es entonces cuando se produce un cambio cognitivo característico de la ansiedad anticipatoria: miedo al propio miedo, provocando que las personas que padecen agorafobia eviten las situaciones que temen por miedo a los ataques de pánico o ansiedad que sufren, o incluso a estímulos asociados a estas situaciones que pueden provocar esta reacción emocional.

 

 

Afrontamiento de las crisis psicológicas

No siempre se pueden evitar estos posibles escenarios. Por lo que la ansiedad generada por la exposición incentiva el desarrollo de estrategias que sean capaces de reducir la ansiedad, prevenir o manejar la respuesta de ansiedad/pánico asociada al estímulo amenazante. Hay estrategias comunes como ir acompañado por una persona de confianza o animal doméstico, tomar medicación, beber alcohol, beber agua, comer algo, fumar, llevar objetos tranquilizadores, llevar un teléfono móvil, pensar que hay un hospital o salida cerca o localizarlo, distraerse (p.ej., no mirar dónde se está, pensar que se está en otro sitio, hacer juegos mentales), conversar con otros, llevar gafas de sol o emplear respiración o relajación.

Estas conductas pueden producir alivio inmediato, sin embargo también refuerzan la asociación entre la presencia del estímulo amenazante y la respuesta de ansiedad. Exceptuando la última de las respuestas de afrontamiento que hemos descrito: la respiración o la relajación.  Las técnicas de relajación para la ansiedad es la principal herramienta terapéutica que se emplea en el tratamiento psicológico de los trastornos de ansiedad. Esta técnica, como recurso de gestión emocional, tiene la capacidad de modificar la percepción de amenaza de una situación a través de la reeducación sensitiva de nuestro cuerpo durante la respuesta de ansiedad. Por ello el entrenamiento en las técnicas de la relajación es una estrategia indispensable que permite a la persona enfrentarse a la ansiedad y prepararse para enfrentar la situación temida. De hecho, todos los tratamientos psicológicos que tratan la ansiedad presente en los trastornos fóbicos emplean la exposición como eje terapéutico central.

Y es que la conducta patológica primaria manifiesta en estos trastornos, la evitación del objeto fóbico, puede provocar un drástico efecto en la vida diaria de la persona que lo sufre. La pandemia, como la agorafobia, nos ha provocado un rechazo o evitación explícita y generalizada de situaciones, y estas muchas veces son imposibles de evitar,  por lo tanto tenemos que enfrentarnos a ellas con más o menos miedo.

Aprender a emplear técnicas de relajación es una herramienta que no debemos obviar para controlar la ansiedad que crea nuestra “nueva” normalidad psicológica derivada del estrés crónico e incertidumbre constante. Así, podremos prevenir, controlar o tratar el tipo de ansiedad que haya brotado en el jardín emocional de nuestra mente.

 


Amparo Luján Barrera

Psicóloga especializada en Neurociencia por la Universidad de Valencia

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One Comment to Síntomas del COVID-19: Fiebre, dolor de garganta, dificultad respiratoria… ansiedad anticipatoria y agorafobia

  1. Maria José Barrera dice:

    Un artículo muy interesante y formativo, muy necesario en este momento.

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