“La montaña rusa del embarazo”: desde la ansiedad prenatal hasta la depresión posparto

Subida: Ansiedad

Los primeros instantes de la creación de una vida tiene el poder de cambiar totalmente la vida de una persona. La paternidad genera un gran vértigo, lleno de emociones positivas, aunque también negativas. La ansiedad en el embarazo es una respuesta normal que se da cuando una persona debe adaptarse a los cambios que conlleva esta etapa, sin duda, una de las más importantes de la vida de cualquiera.

Desde el nacimiento del bebé como idea, pasando por su concepción, su gestación, hasta el parto es toda una montaña rusa emocional para los padres. Y no es para menos, todo su mundo va a cambiar: su casa, su forma de trabajar, sus prioridades, sus relaciones sociales… Todo su ambiente externo será diferente. Pero no sólo cambia su mundo externo, también el interno, y cualquier mujer entenderá por qué.

La montaña rusa de emociones que vivirá la madre será comparable a la llamada “Dragon Khande Portaventura con respecto a otros parques de atracciones. Todos los loopings que posee esta montaña rusa son todos los cambios bioquímicos, hormonales, psicológicos y sociales que se sufre en el proceso del embarazo. El recorrido de esta atracción se compone por la gestación, parto y posparto (puerperio) de su propio hijx.

Los cambios externos e internos generan en la madre fuertes sentimientos de malestar y ansiedad. Los principales motivos de este desajuste emocional tiene varios niveles de afectación:

  • Cambios físicos: la percepción del propio cuerpo, las alteraciones hormonales, el malestar físico y cansancio crónico…
  • Afectación psicológica: las preocupaciones asociadas al embarazo y a su nuevo rol como madre, el cambio drástico del estilo de vida…
  • Aspectos circunstanciales: influencia social, laboral y personal asociada a este cambio de etapa vital.

Esta etapa de la vida es una de las experiencias más maravillosas que se puede vivir como padre o como madre, pero también una de las más complicadas como persona. Todo el estrés que se vivirá desde el principio determinará a su vez cómo se desarrollará todo el proceso. De hecho, el dominio del estrés y la ansiedad propia de esta etapa es uno de los grandes retos. La ansiedad es un sentimiento cotidiano que todos sentimos con mucha frecuencia, sin embargo, éste puede llegar a convertirse en patológico. Dependiendo de cómo se afronte la ansiedad asociada a la etapa de embarazo repercutirá en la última etapa del mismo: el nacimiento del bebé.

En general, el embarazo tiene un gran impacto psicológico durante todo el proceso: antes, durante… y también después. La montaña rusa emocional propia del proceso de creación de una nueva vida culmina en el parto. Es uno de los momentos más felices de la vida de una mujer, o al menos pensamos que así debería ser…

¿o no es así?

¿Cómo se siente pues la madre que, tras dar a luz a un hijo de su mismo vientre, no siente felicidad, sino el polo opuesto emocional?

¿Qué efecto puede tener una madre cuyo final del trayecto de la montaña rusa finaliza en una depresión?

 

Bajada: Depresión

El “loop” final de la montaña rusa de emociones trae consigo otro repertorio bioquímico y hormonal que puede traer consigo alteraciones emocionales asociadas al periodo puerperio (el estado fisiológico presente en el organismo de la mujer que ha dado a luz). La principal alteración psicológica de esta etapa es la depresión posparto.

La depresión es una enfermedad caracterizada por presentar ánimo deprimido de forma diaria y prolongada en el tiempo, durante, por lo menos, dos semanas. Prevalecen los sentimientos de angustia y malestar, y se encuentra una alteración del funcionamiento personal.

En concreto, la depresión posparto se diferencia de cualquier otro cuadro depresivo, porque aparece entre las 4 y 30 semanas del puerperio con síntomas incapacitantes como irritabilidad, rabia, anhedonia, abulia, confusión, olvido, culpa, incapacidad de afrontamiento y ocasionalmente, pensamientos suicidas, que pueden exacerbarse por falta de confianza, expectativas irreales sobre la maternidad y baja autoestima materna.

Este tipo de depresión puede variar desde formas más leves (“maternity blues”) hasta más críticas o graves. La primera se caracteriza como un síndrome leve y transitorio que se presenta a los 2-4 días del parto y afecta al 20-80% de las mujeres, y que suele desaparecer de forma espontánea y sin secuelas en unas 2 semanas. Mientras que la depresión mayor posparto se suele iniciar entre las 2-8 semanas posparto, y en ocasiones incluso tras varios meses, con fuertes sentimientos de culpa, de incapacidad para el cuidado del hijo y ambivalencia afectiva hacia éste. Afecta aproximadamente al 19,2 % de las madres durante los 3 primeros meses posparto, con prevalencias que varían entre un 3 % y 30 % durante el primer año. En la mayoría de los casos remite luego de 3-6 meses.

La depresión posparto es el trastorno anímico más prevalente asociado al nacimiento y se da en 1 de cada 4 madres. Cuando la sintomatología no es atendida por profesionales los datos son todavía más preocupantes, dándose en el caso de 1 de cada 3 madres. Su padecimiento se asocia a una discapacidad severa para desarrollar actividades de la vida diaria. Por desgracia, una de las preocupaciones de la madre que alimenta la sintomatología depresiva se hace realidad como repercusión del padecimiento de este cuadro: la afectación en la relación madre e hijo, e incluso en la salud del propio infante. Se desarrollan apegos inseguros y alteraciones del desarrollo psicomotor que tendrá un impacto destacable en su crecimiento físico y desarrollo psicológico.

No sabemos con exactitud por qué esta madre padecerá depresión posparto y las otras tres no. Pero sí sabemos que el riesgo de padecerlo es 6 veces superior cuando las madres tienen más de 35 años, se emplea cesárea durante el parto y sus hijos fueron ingresados en la unidad de neonatología. En ese sentido, también sabemos que durante los días 1 y 2 de un parto normal, las madres tienen niveles bajos de una molécula llamada “triptófano”. El triptófano es precursor de serotonina, neurotransmisor involucrado en los procesos emocionales y los ciclos fisiológicos como el sueño. Tras esos primeros días, los niveles de triptófano vuelven a la normalidad, sin embargo, esto no ocurre en el caso de las mujeres que sufren de depresión tras el parto.

Como se ha descrito previamente, la ansiedad que se vive durante las distintas fases del embarazo puede ser un elemento esencial en la aparición posterior de síntomas depresivos en esta última etapa. Por lo tanto, la mejor forma de prevenirlo es actuando sobre la manera en la que las madres viven la ansiedad generada por la situación del embarazo.

La Psicología nos describe formas de prevenir el riesgo de desarrollar depresión posparto. Los estilos cognitivos positivos, niveles elevados de autoestima materna, buenas relaciones de pareja y participación religiosa ayudan a afrontar el estrés inicial de la maternidad. Como también sería efectiva la percepción materna de apoyo en tareas hogareñas y de crianza, ya que la disponibilidad y uso de efectivo de redes de apoyo social son fundamentales para el bienestar psicológico.

Además, la alimentación del bebé con leche materna se ha descrito como un potente factor protector de origen biológico. Los efectos directos son famosos en el sistema inmune del bebé, pero poco se destacan en la madre, el cual tiene el poder de reducir la presencia las moléculas que se liberan en los procesos de estrés. De forma indirecta, dar el pecho al bebé disminuye los niveles de estrés y ansiedad de la madre.

Por lo tanto, para prevenir y mejorar la sintomatología ansiosa y depresiva asociada a esta etapa, siempre será recomendable realizar ejercicios de respiración, dar paseos o hacer ejercicio ligero, dormir y comer adecuadamente, intentar pensar en positivo y evitar pensamientos negativos respecto a una misma y su visión como madre, tener apoyo y redes sociales y darse tiempo para una misma. En una época de la vida tan compleja, influyente y única, no hay que tener miedo a pedir ayuda, a tus seres queridos e incluso a profesionales. Porque al final, la crianza no es solo cosa de uno, y la gestión de las propias emociones, tampoco tiene por qué serlo.

 


Amparo Luján Barrera

Divulgadora científica sobre Psicología y Neurociencia

Personal de Investigación Psicológica sobre Adicciones Conductuales en la UV

Docente en Neurocriminología en la Escuela Internacional de Criminología y Criminalística (EICYC)

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