Ansiedad: una aproximación

 

Yo también he estado agobiado

 

Quien tenga ansiedad patológica reconocerá esta frase. Cada vez que alguien con un problema de ansiedad intenta expresar o explicar a otros el sufrimiento que esto conlleva en el día a día y prácticamente de manera constante (y no siempre con un motivo aparente) aparece este tipo de respuesta en el receptor. El estrés y la ansiedad no son extraños en nuestro día a día, y cierto es que en determinadas circunstancias de la vida (y a veces por más tiempo del que nos gustaría) podemos vernos sometidos a niveles altos de estas sensaciones, pero que una vez desaparece el estímulo que los provoca, desaparecerán.

 

El sentimiento psíquico que provoca la ansiedad patológica en la persona puede llevar a que aparezcan miedos irracionales, pero además que el sujeto crea que va a volverse loco o que incluso puede llegar a morir en cualquier momento (Gonçalves, 2008). Asimismo, pueden aparecer numerosos pensamientos obsesivos asociados a la ansiedad, rumiaciones, que suelen comenzar con un “Y si…”.

Normalmente son comunes en las personas los pensamientos intrusivos; pero comienzan a ser un problema cuando se interpretan de forma catastrófica, indicando un peligro o amenaza inminente que no es real y que, al intentar suprimirlos, sólo se consigue aumentarlos más y más (Rodríguez, 2004; Fernández, 2017). Hacer caso de estos pensamientos y alimentarlos lleva a una espiral donde los pensamientos cada vez son más oscuros y negativos y la ansiedad cada vez se hace mayor. Echas más leña al fuego para acabar totalmente desgastado/a y quemado/a tanto física como psicológicamente.

 

Si bien es cierto, existen en la actualidad muchos tratamientos eficaces a nivel de terapia psicológica y en combinación con psicofármacos para el tratamiento de la ansiedad. Dentro de los fármacos, se encuentran diversos tipos tanto para tratar los síntomas más cognitivos (p.e. antidepresivos) como los físicos (p.e. ansiolíticos). Aunque se debe tener en cuenta que no todos los fármacos poseen el mismo efecto, ni sus efectos tiene la misma duración, por lo que tras unas horas la ansiedad puede volver a aparecer (sin contar los posibles efectos secundarios) (Cano, 2011). Por ello es importante una intervención a nivel psicológico, para aprender a manejar la ansiedad como previamente se hizo y dejar de depender de los medicamentos (pues algunos de ellos provocan dependencia).

 

Un ansiolítico reducirá síntomas de ansiedad, pero no cambiará nuestra forma de pensar, y volveremos a interpretar la realidad en términos catastrofistas, volviendo a sufrir ansiedad , afirma el Dr. Antonio Cano Vindel (2011).

 

Pero uno de los mejores ansiolíticos es sin duda el ejercicio físico. En una revisión bibliográfica de la relación entre ansiedad y ejercicio físico realizada por Guerra, Gutiérrez, Zavala, Singre, Goosdenovich y Romero (2017), se encuentran que los beneficios del ejercicio físico siguen siendo indudables tanto a nivel psicológico como físico, mejorando el ánimo, aumentando el bienestar, el sueño y la autoestima. Asimismo, sus efectos a nivel físico llegan hasta el cerebro, pues la práctica de deportes incide en el Sistema Nervioso Autónomo, preparándolo mejor ante los estímulos o situaciones del entorno que sean potencialmente ansiógenas (pues a nivel somático, la ansiedad origina varios síntomas que podrían tener origen en una disfunción del Sistema Nervioso Autónomo, según Gonçalves 2008)).

 

Para superar la ansiedad, si no puedes hacerlo por ti mismo, es bueno que recurras a un profesional de la psicología y, de ser necesario, a un profesional de la psiquiatría que puedan ayudarte para comenzar un camino hacia la recuperación.

Bibliografía

Guerra Santiesteban, J. R.; Gutiérrez Cruz, M.; Zavala Plaza, M.; Singre Álvarez, J.; Goosdenovich Campoverde, D.; Romero Frómeta, E. (2017) Relación entre ansiedad y ejercicio físico. Revista Cubana de Investigaciones Biomédicas, 36 (2)

Gonçalves Estella, F. (2008) Trastornos de ansiedad en Atención Primaria. Guía de buena práctica clínica en depresión y ansiedad, 59-125

Rodríguez Biglieri, R. (2004) Terapia cognitiva en pacientes con rumiaciones obsesivas. VERTEX Revista Argentina de Psiquiatría, 15, 85-90

Fernández Marcos, T. (2017) La interferencia de las rumiaciones obsesivas en la atención. Universidad Autónoma de Madrid

Cano Vindel, A. (2011) Ansiedad, estrés, emociones negativas y salud. Revista Crítica

 

Elena Amiano Pardo

Psicóloga

Colaboradora del Centro de Psicología Calma al Mar, Valencia

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