Las mil y una caras de la tristeza

¿Qué significa para ti la tristeza?

Cuando estamos tristes nos hacemos muchas preguntas, la mayoría desagradables o de difícil respuesta. El comienzo de este estado de ánimo acompaña a la pregunta “¿por qué estoy triste?” hasta el momento que tratamos poder cartas sobre el asunto buscando la urgente respuesta a la pregunta “estoy triste qué hago”.

Aflicción, pena, desconsuelo, pesimismo, melancolía, autocompasión, desaliento, desesperación… depresión. Diferentes expresiones de un mismo rostro: La tristeza.

La tristeza y sus múltiples formas pueden sobrevenir a cualquiera, en cualquier momento, avasallando nuestro bienestar mental con la primera pregunta que hemos formulado. Podemos sentirnos desdichados ante la tristeza que provoca estar en un funeral, la derivada de una ruptura sentimental, o tras ser despedidos en el trabajo… Pero todavía puede ser más frustrante estar tristes en momentos tildados con la celebración y la felicidad como protagonistas. Como sentir tristeza en Navidad, durante la celebración de una boda o en el nacimiento de nuestro primer hijo.

Todas las preguntas que nacen de la tristeza es una amplia escala de grises, podríamos decir que literalmente, si la tristeza fuese un color. Por ello vamos a hacer un recorrido por los distintos interrogantes, invitando a la reflexión sobre la tristeza y tu tristeza.

 

La complejidad detrás de esta emoción básica

¿Por qué una misma emoción recibe tantos nombres? Ser una emoción básica no la ciñe a una emoción “simple” en lo que respecta a su expresión, vivencia personal, e incluso estudio teórico. La tristeza tiene diferentes manifestaciones. No todas sus formas son iguales, entre personas o dentro de nosotros. Tampoco vivimos siempre la misma tristeza, y desde luego, cada vivencia melancólica tiene diferentes tintes dependiendo de la persona.

También tiene diferentes niveles. La tristeza es una emoción multifactorial que se traduce en diferentes expresiones del individuo en su conducta (desmotivación y aislamiento), pensamiento (ideas de carga emocional negativa, recurrentes e intrusivos; falta de concentración…)  y en su funcionamiento corporal (llanto, retardo psicomotor, expresión facial característica, alteración de ritmos fisiológicos como el sueño o el apetito…).

 

El sentido de no encontrar el sentido

La tristeza es la emoción incomprendida de nuestra paleta de colores sentimental. Por naturaleza la rehuimos, porque su vivencia se percibe como desagradable. Pero entonces… ¿Por qué nos ponemos tristes? ¿Es útil su vivencia? ¿Sirve para algo? A pesar de ser una emoción que nos debilita tanto psicológica y físicamente, para nuestro asombro, la tristeza es una reacción emocional necesaria, pues tiene una función adaptativa.

En términos darwinianos, una de las funciones más importantes de la emoción sea la de preparar al organismo para que ejecute eficazmente la conducta exigida por las condiciones ambientales, movilizando la energía necesaria para ello, así como dirigiendo la conducta (acercando o alejando) hacia un objetivo determinado.

¿Cuál es el objetivo adaptativo de una emoción que nos confiere una condición de debilidad? Esta no es otra que la reevaluación y reestructuración de nosotros mismos, adaptarnos mental y psicológicamente a los cambios vitales que más impacto crean en nuestras vidas, y por ello, mayor repercusión emocional tiene. La tristeza nos permite superar pérdidas, desilusiones y fracasos, además de establecer distancia con situaciones que provocan dolor emocional y poder superarlo. Además es un ingrediente clave en los procesos empáticos con otras personas, lo que fomenta la creación de redes de apoyo y consuelo.

 

Efectos secundarios de la tristeza

Para comenzar a poner solución a nuestro estado de tristeza o “bajón” emocional necesitamos darnos cuenta del mismo, ser conscientes, observándolo y aceptándolo. Es entonces cuando iniciamos el proceso de gestión emocional. Este proceso tiene tres elementos principales que, según cómo lo viva el individuo, pueden ser positivos o negativos para afrontar el dolor emocional provocado por la tristeza.

  1. El aislamiento o retroacción de la situación, lo que nos permite reflexionar acerca de la misma y modificar las conductas que nos han llevado hasta ese sentimiento.

La faceta adaptativa se da cuando es empleada la información obtenida por el análisis de la situación en un cambio eficaz, que nos produzca mayor satisfacción en la resolución de una problemática futura de características similares a la que se está viviendo.

Sin embargo, la tristeza provoca que la persona se encuentre sumergida en pensamientos y actitudes negativas que fomentan un estado de inactividad, lo que dificulta el afrontamiento a la situación de conflicto emocional.

 

“Hace poco mi mejor amiga y yo discutimos. Yo creía que esa situación no acabaría con nuestra relación, pero me equivocaba. Ella comenzó a decirme muchas cosas por las que estaba enfadada conmigo y ya no quería seguir siendo mi amiga. Desde entonces estoy muy triste y siento que no valgo para ser una buena amiga, sin ella me siento sola y no tengo ganas de salir con mis otros amigos.”

 

¿Esta persona será capaz de recuperar a su amiga tras reflexionar sobre sus errores, aprender de los mismos para que en el futuro no vuelva a suceder esa situación con esta y otras amistades… o pensará que es una mala amiga que no es merecedora de la confianza de nadie porque es capaz de hacerles daño sin darse cuenta?

¿Con cuál de estos dos pensamientos será más fácil revertir nuestra tristeza?

 

  1. El estado letárgico, inhibitorio, pasivo y pausado propio de la tristeza… éste que puede frenar o interrumpir la acción del individuo en la resolución de la situación, es una parte fundamental del análisis de la situación del conflicto. La consecuencia es que nos encontramos desmotivados y tendemos a dejar de lado otras actividades de                                                       nuestra vida.

Este ritmo del procesamiento cognitivo más ralentizado permite examinar a fondo la situación generadora de la tristeza, así como los propios comportamientos, y generar una nueva estrategia de acción.

 

“Mi mejor amiga me decía que no sentía mi apoyo cuando ella lo necesitaba. Que con un “like” en las redes sociales no bastaba cuando estaba celebrando algo. Que cuando se desahogaba por la ruptura con su ex o por la incertidumbre de un examen importante no parecía que me importase… Pero a mí sí que me importaba. Y aunque ahora vivamos tan lejos yo sigo queriéndola mucho… ¿Si le dijese que ya no quedo con mis amigos y estoy tan mal que no consigo ni concentrarme estudiando notaría todo lo que la valoro…?

Ella siempre me llamaba cuando quería felicitarme o hablar sobre algún tema serio… Buscaba soluciones y siempre era sincera con su opinión… Así sabía que me escuchaba y se interesaba por mi… ¿Debería intentar hacer yo lo mismo?”

 

  1. La tristeza es una emoción con un gran impacto social. De hecho, las relaciones sociales son tanto el problema como la solución de la propia tristeza.

El sentimiento de tristeza promueve la empatía hacia la situación social que se ha experimentado, por lo que afecta también en nuestra necesidad de contacto social, la cantidad y la calidad del mismo. Mientras que puede implicar un aumento en la búsqueda de apoyo en las redes sociales personales, puede, por el contrario, provocar una respuesta de evitación total del mismo.

 

“Creo que sé lo que debería hacer para ser una buena amiga, pero el daño ya está hecho… no sé si debería llamarla y hablar con ella para pedir disculpas, porque me da miedo lo que me pueda decir, la conozco cuando se enfada y es muy hiriente, y ahora no podría soportarlo… Debería llamar a mi otra amiga, ella siempre tiene buenos consejos para los problemas que le cuento… Pero no tengo ganas de hablar ni estar con nadie… Puede que no merezca tener amigos y por eso ya no quiero estar con nadie…”

 

El círculo vicioso de la tristeza

Entonces… ¿Por qué queremos estar solos cuando estamos tristes? Cuando estamos solos nos sentimos tristes, y cuando nos sentimos tristes tendemos a buscar la soledad, retroalimentando nuestro sentimiento interno.

Aunque la soledad no siempre implica la ausencia del contacto con otras personas, es un sentimiento interno envuelto de tristeza, que puedes experimentar rodeado de personas desconocidas, cercanas o íntimas. Este tipo de soledad se denomina “emocional” y está vinculada a los sentimientos de incomprensión, tristeza e inseguridad. Percibimos así que las personas que tenemos a nuestro alrededor no nos comprenden ni comparten nuestros valores y preferencias, por lo que no albergamos ese sentimiento de pertenencia hacia el ambiente social que nos rodea.

Este tipo de soledad fomenta la distancia de los círculos de íntimos que podrían proporcionar el apoyo social necesario para modificar y mejorar nuestro sentimiento de tristeza. Además tiende a crear un círculo vicioso en el que nos sentimos solos, perdemos el interés en buscar otros “círculos” sociales o emprender actividades que puedan alterar esa situación y mejorar ese sentimiento, por lo que se refuerza el sentimiento de soledad, incrementando el sentimiento de tristeza, angustia, ansiedad e incluso miedo.

La tristeza es una emoción útil cuando debemos reflexionar sobre un suceso o aspecto de nuestra propia vida que consideramos como negativo, y nos prepara para modificarlo, a partir de un descenso en la energía que propicia centrar toda nuestra atención en la situación. Sin embargo, como hemos observado la tristeza es un arma de doble filo que nunca resulta agradable utilizar, y según cómo se utilice puede ser eficazmente benigna o eficazmente maligna. Llevado al extremo, podemos alejarnos de nuestros seres cercanos, de nuestra antigua vida y de nuestro antiguo yo… Y es entonces cuando llamamos depresión a esa tristeza.

Y entonces… ¿Qué es lo primero que debemos hacer cuando estemos tristes? Si tenemos clara esta respuesta será más difícil caer en el abismo del círculo vicioso de la depresión.


Amparo Luján Barrera

Divulgadora científica sobre Psicología y Neurociencia

Personal de Investigación Psicológica sobre Adicciones Conductuales en la UV

Docente en Neurocriminología en la Escuela Internacional de Criminología y Criminalística (EICYC)

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